domingo, 2 de diciembre de 2012

Amor y Amistad

Cuenta G.K Chesterton en su prólogo, que Jane Austen dejó todo lo que poseía, incluidos estos textos, a su hermana Cassandra. Y he de deciros que estoy segura de que la hermana mayor de Jane debió llorar de la risa leyendo las historias de los personajes que la pequeña dibujó en estos relatos. Creo que en estos inicios es donde Jane luce en todo su esplendor la característica ironía que se vislumbra en todas sus obras. En muchos de estos relatos podemos adivinar a los personajes que después configurarán sus novelas más famosas. Es evidente al leerlo que Jane iba fraguando su mundo imaginario y los personajes, casi caricaturas al principio, acabarían manifestando una gran personalidad, más tarde.
 
 
“—Lucy —dijo Lady Williams— es muy libre de hacer lo que quiera y espero que no dude en aceptar tan amable invitación por ningún tipo de consideración hacia mí. Realmente, no sé cómo podré separarme de ella. Nunca ha estado en Bath y creo que disfrutaría muchísimo con ese viaje. Hable, querida -continuó, dirigiéndose a Lucy—, ¿qué le parece acompañar a estas Damas? Me sentiré terriblemente mal sin su compañía... aunque, claro, sería muy agradable para usted y de verdad espero que vaya. Si decide ir, para mí será como la Muerte... pero, por favor, que esto no la detenga.”
(Jack y Alice)
 
Jane escribió estos relatos entre los 12 y los 18 años y lo hizo para que sirviesen de divertimento en las tardes de reunión familiar. Hay obras muy tempranas junto a otras más evolucionadas, cercanas ya a su época de novelista, no olvidemos que escribió Juicio y Sentimiento a la edad de 22 años.  
 
“El tiempo transcurría de la forma más deliciosa, entre muestras de mutua amistad y votos de amor inalterable, sentimientos que nunca se veían interrumpidos por la llegada de desagradables visitantes, pues Augustus y Sophia habían tenido buen cuidado en, al llegar por primera vez a aquel vecindario, informar a las familias de los alrededores de que, como su felicidad se centraba totalmente en ellos mismos, no deseaban otro tipo de relaciones.”
(Amor y Amistad)
 
 
Se ve perfectamente en estos inicios la pluma afilada de la escritora. En algunos de ellos es evidente su juventud, pero también la poca contaminación de su discurso, de manera que expone abiertamente y sin tapujos el desprecio que le producen un tipo de personajes habituales de su época. Satiriza el comportamiento absurdo y mezquino de algunos de sus contemporáneos y puede llegar a parecer cruel al mostrar sus debilidades.

“Se trata de un hombre bastante mayor, de unos treinta y dos años, muy feo, tan feo que apenas puedo soportar mirarlo. Es bastante desagradable y le odio más que a cualquier otra persona en el mundo. Tiene una fortuna enorme y se propone poner muchos bienes a mi nombre en el contrato prenupcial, pero... goza de muy buena salud. En resumen, no sé qué hacer. Si le rechazo, tan verdad como que me lo dijo, pedirá en matrimonio a Sophia, y si ella le rechaza, a Georgiana, y no podría soportar ver casadas antes que yo a ninguna de las dos. Si le acepto, sé que seré una desgraciada el resto de mi vida, porque tiene un temperamento terrible, es irritable, extremadamente celoso y tan tacaño, que vivir a su lado no es vivir.”
(Las tres hermanas)
 
Empezaba a despuntar la enorme personalidad de aquella joven escritora que supo mostrar la debilidad de una sociedad caduca, a través de historias, aparentemente insustanciales, en las que situaba el foco sobre la obligatoria debilidad de la mujer, la caballeresca presunción del hombre y un sistema de subsistencia económica basado en el matrimonio de conveniencia.
 
“—Es decir, todo el mundo que tenía un compromiso con ellos. Pero ¿llamaría usted afortunada a una niña inteligente y sensible, que es enviada a Bengala a la búsqueda de un marido, que se casa allí con un hombre cuya personalidad no tiene tiempo de juzgar, hasta que su juicio ya no le sirve de nada, y que puede ser un tirano o un loco, o ambas cosas, porque nada parece indicarle lo contrario? ¿Llamaría a eso buena suerte?”
(Catharine, o El Cenador)