martes, 4 de septiembre de 2007

...el psicólogo

-Me pasa una cosa muy curiosa.
-Adelante, te escucho.
-No tengo ganas de hacer nada.
-Sí, tienes razón, es algo muy curioso.
-No te cachondees. Me refiero a que no tengo ganas de hacer “absolutamente nada”
-¿Ni dormir?
-Bueno, dormir sí.
-Pero dormir es hacer algo.
-Hombre, dormir no es hacer nada.
-Y tanto que sí.
-Es que me canso de todo. Las cosas que me resultan atractivas al principio, acaban aburriéndome.
-Eso nos pasa a todos.
-Ya, pero ahora estamos hablando de mí.
-¿Qué crees que se puede hacer?
-Pues estamos bien… Pensaba que venía aquí para que me ayudaras. Si tengo que saberlo yo, podría ahorrarme los cincuenta euros.
-Cincuenta y cinco.
-Lo había olvidado.
-Ya sabes que va a subir el pan.
-Claro, y los psicólogos coméis mucho pan...
-Volvamos al problema. Intentemos profundizar.
-No me apetece.
-Tendrás que hacer un esfuerzo.
-Haré un esfuerzo.
-¿Qué te gustaría hacer?
-Nada.
-Eso no es hacer un esfuerzo.
-¿Quieres que te mienta?
-Quiero que pienses en algo.
-No se me ocurre.
-Seguro que hay algo que siempre has querido hacer. Algo que soñabas cuando tenías toda la vida por delante, cuando imaginabas tu futuro.
-¿Quieres que me deprima?
-Ya estás deprimida.
-Pues así vas a animarme un rato largo.

Silencio

-¿No piensas decirme nada más?
-Estoy esperando tu respuesta.
-Te vas a reír.
-Sería la primera vez desde que ejerzo.
-Escritora.
-¿Lo cualo?
-Es-cri-to-ra.
-Pues estamos apañados.
-Te lo advertí.
-Me parece que vamos a necesitar muchas sesiones.
-¿A cincuenta y cinco euros cada una?