martes, 13 de febrero de 2018

De plagios, negros literarios y otras mandangas

Estos días el mundo de la literatura romántica, y de los escritores indies en general, está más que revuelto. Al parecer se han descubierto los tejemanejes de un ¿par? de personas que no hacían las cosas muy honestamente que digamos. 

Esto ha dado pie a todo tipo de reacciones: aceradas, indignadas, estupefactas, furiosas, desilusionadas... Y a un montón de hastag molones, eso también. Por cierto #NoAlPlagio.


Vale, hablemos de esto de escribir: la literatura, los escritores y bla bla bla...

Yo no soy capaz de escribir una novela en una semana. Yo, primera del singular. No soy capaz, lo he intentado y no he podido. ¿Eso significa que no se pueda? John Boyne escribió El niño del pijama de rayas en dos días y medio.

No está en mi naturaleza decirle a la gente lo que se puede o no se puede hacer. Sí, yo soy de esas madres que nunca le cortó las alas a sus hijos y ahí están, intentando volar con muchísimo esfuerzo. La vida, hijos míos. (Qué decimonónico ha sonado eso). 


Tengo que confesar que yo era de las que se tiraba un año o año y medio para escribir una novela. Fase de documentación, primer borrador mientras sigues documentándote, primera lectura del borrador, reescritura, segunda lectura, reescritura, tercera lectura, reescritura, primera opinión lector 0, reescritura... ¡Ufff! 

¿Realmente esto es necesario? Pues al principio, sí, no nos engañemos. Una es novata y tiene mucho que aprender. Pero poco a poco vas profesionalizándote, conoces tus fallos, tus debilidades y le vas tomando el pulso a tu narrativa. En esto pasa como en cualquier otro ámbito de perfeccionamiento, no es necesario que se alineen los planetas, es una cuestión de trabajo y dedicación. Stephen King, que sabe algo de esto, dice que después de tres meses la novela ya huele. Pues eso.


En Amazon se ven muchas cosas, he visto a un autor que publicó tres novelas el mismo día, y más al cabo de una semana, estaba claro que no las había escrito él (o ella). ¿Las tenía guardadas en un cajón y se decidió a publicarlas de golpe? ¿Se las compró a otro? ¿Las robó? No lo sé, pero raro es. 

Luego están los rumores, los dimes y diretes. Esas cosas de las que todo el mundo habla que se hacen para estafar a Amazon (y a los demás escritores, y a los lectores...), pero cuando preguntas qué cosas son exactamente todos giran la cabeza y empiezan a silbar. Llevo aquí desde 2012 y todavía no sé a qué cosas se refieren. Me siento marginada. No hay derecho.


Recapitulemos. En primer lugar que quede claro mi desprecio para todo aquel que juegue sucio en cualquier ámbito de la vida. El literario también. Y en segundo lugar, pero no menos importante, mi admiración para todos esos autores indies que siguen luchando por conseguir su sueño. 

Dicho esto, volvamos a la pregunta: ¿Se puede escribir una novela en una semana? Seguro que sí, alguien puede (además de John), no me cabe la menor duda.

Hay una autora muy, muy, muy prolífica (que no prolija) ahora mismo en Amazon que tiene publicadas más de 100 novelas. Siempre hay una novela suya entre los tres primeros del Top. No la he leído, así que no puedo opinar sobre sus novelas, pero está claro que las lectoras la adoran. Mis respetos.

Si hubiese existido Amazon hace cuarenta años, Corin Tellado sería la autora más vendida (exactamente igual que lo era entonces, pero sin esconderla detrás de un biombo). Nunca salió en ninguna lista de los más vendidos. Escribía 40 folios diarios, siete días a la semana. Escribió más de 4000 novelas. Vargas Llosa quiso entrevistarla porque no podía creer que fuese más vendida que él. Fue ninguneada por el mundo literario, envidiada y despreciada por escribir un género «menor». Sin embargo, las lectoras la adoraban. Mis respetos. 

Otro día os contaré lo que para mí es novela romántica. Pero ese es otro tema.
 
¿Un café?