viernes, 4 de noviembre de 2011

Entrevista con Miguel Sanfeliu

Inicio hoy una nueva sección en mi blog: Entrevista con…

En esta ocasión he elegido a Miguel Sanfeliu, un valenciano con el que comparto el amor por las letras. Nos conocemos virtualmente desde el 2006, en su blog, Cierta distancia, tengo un sillón particular en el que me siento a leer todo lo que escribe, y nos descubrimos personalmente en la presentación que hizo en Barcelona de su “Anónimos”. Es un estupendo escritor, que tiene que trabajar en otra cosa, porque la literatura no le da de comer, aunque le alimente el alma. 

–Hola Miguel
–Hola, Antonia. Y gracias por haber pensado en mí para inaugurar esta sección en tu blog.

La Editorial Paréntesis publica tu nuevo libro de relatos al que has titulado Los pequeños placeres. Y en esos relatos vas a mostrarnos personas corrientes que intentan mantener el control de sus vidas cuando las cosas no van bien. Háblanos un poco de esas personas.
–Como bien dices, mis personajes suelen ser gente corriente, aunque en situaciones un tanto extremas. Gente que se encuentra en ese momento en que uno cree estar ante el abismo, a punto de dar un paso en falso, como ocurre precisamente en el último cuento.
Escribir es ponerse en el lugar de los demás, intentar ver las cosas desde otro punto de vista, enfrentarte a las pequeñas miserias cotidianas, y eso es lo que pretendo hacer en estos relatos. El título contrasta con el contenido, y es que yo creo que para poder disfrutar de los pequeños placeres de la vida hemos de desviar la mirada demasiadas veces, y en este libro me detengo en esas angustias y tragedias que conforman el horror cotidiano.  

La mayoría de los que escribimos gastamos al menos ocho horas en una ocupación que nos permite comprar el pan y otros elementos necesarios para subsistir. Nunca hablas sobre tu trabajo o tu familia. ¿Ocurre igual al revés? ¿Los que te rodean en tu vida cotidiana saben que escribes?
–Esto es algo que incluso me sorprendió cuando publiqué el primer libro, “Anónimos”. Muchos de mis compañeros de trabajo descubrieron entonces que yo escribía. Supongo que, de algún modo, he mantenido separadas ambas facetas, como si viviera dos existencias independientes. Naturalmente, la gente más cercana, como mi familia o amigos sí que saben que escribo y, a veces, han sido los primeros lectores de relatos que se encontraban en su redacción inicial. Mi mujer es mi primera crítica, y su opinión es decisiva para mí.

–Hay mucha literatura sobre escritores, que si tal escritora enciende una vela antes de ponerse a escribir, o ese otro necesita tener perfectamente afilados los lápices antes de comenzar. En tu caso ¿reconoces algún comportamiento de este tipo? Descríbeme, por ejemplo, el lugar dónde escribes.
–Me resulta muy difícil escribir fuera de mi despacho. No suelo escribir si estoy de viaje o pasando las vacaciones en otro lugar. Fuera de eso, nada demasiado especial. Escribo con ordenador, algo de música de fondo, y previamente una buena cantidad de tiempo que perder haciendo todo tipo de tareas pendientes. Suelo postergar el momento de empezar a enfrentarme al texto.

–¿Qué crees que te impulsa a escribir?
–No lo sé. Es algo complejo. Es una necesidad vital que te permite defenderte de la realidad. Supongo que escribir es, al principio, un refugio, y termina convirtiéndose en una forma de vida.

–Sé que, por lo menos, tienes escrita una novela ¿la tienes castigada en un cajón?
–No, nada de eso. Confío en publicarla algún día, aunque es posible que todavía no le haya llegado el momento.

–¿Cuánto tiempo dedicas a la escritura? Y no vale el rato que estás delante del ordenador mirando el correo, leyendo blogs. Eso no sirve como “me estoy documentando”.
–Ahora mismo, es algo bastante caótico. Quisiera ser más ordenado, pero lo cierto es que tengo que aprovechar todo el tiempo posible. Por eso, gran parte del trabajo se realiza mentalmente, de modo que tengas algo con qué empezar a trabajar cuando te pones a escribir. Suelo escribir una hora después de comer y un par de horas al final de la jornada, de ocho a diez aproximadamente. Pero son los fines de semana y los días de fiesta cuando realmente dispongo de tiempo para escribir.

–Hay muchos tipos de escritores y cada uno tiene su “técnica” aunque algunos no lo sepan. ¿Tú eres de los que ya sabes lo que quieren contar cuando empiezan un relato o vas creando al tiempo que tecleas?
–Soy de los que parte de una idea concreta, pero luego es la historia la que va marcando, en base a su propia coherencia, la hoja de ruta final. Lo mismo ocurre con los personajes. Un personaje se va delimitando a través de sus actos y puede darse el caso de que al final no pueda llevar a cabo algo en lo que pensabas en un principio, sencillamente porque ya no resultaría lógico. Y ya se sabe que la diferencia fundamental entre la realidad y la ficción es que la ficción debe tener lógica.
Recuerdo un relato concreto que comencé con la idea de escribir sobre una cosa y terminé escribiendo sobre otra diferente. Yo quería narrar la historia de un anciano que iba rememorando diferentes episodios de su vida, sin embargo, sin previo aviso, se presentó un extraño personaje y empezó a hacerle preguntas al viejo y, finalmente, me enteré de que el viejo había matado a su esposa, pero la había matado por amor. Me sorprendió, pero me dejé llevar, es lo mejor y también lo más divertido.

–¿Qué opinas de los Talleres literarios?
–Yo estuve en un taller literario por correspondencia. Les tengo mucho respeto y creo que son útiles para aprender técnicas y organizar las propias lecturas. No me parece inteligente menospreciar su labor y no creo en esas ideas poéticas que defienden que el escritor debe hacerse a sí mismo. Grandes escritores se han formado en talleres literarios, como A. M. Homes, por ejemplo, o el propio Carver.

–¿Crees que en la literatura también hay “familias”?
–Sí, como en todas partes, supongo. Pero hay algo que me llama la atención. Son los géneros. Hay géneros con sus propios seguidores, sus propios libros y autores de cabecera, géneros que parecen ignorarse entre sí, géneros con públicos fieles que ni se preocupan por saber que está pasando en otra parte. Por eso me gusta que la literatura juegue libremente con los géneros y se salte esas barreras invisibles y absurdas que a veces lo único que hacen es ocultar a grandes autores.

–¿Qué opinas de lo que hacen leer a nuestros hijos en los colegios? ¿Crees que estamos creando nuevos lectores o es una batalla perdida?
–Vivimos en una sociedad en la que el aburrimiento está muy desprestigiado. Hay que divertirse constantemente, y disponemos de muchos medios para hacerlo, la mayoría audiovisuales e interactivos: televisión, ordenadores, videojuegos, móviles... La batalla es difícil. Tal vez no se trate tanto de lo que se lee sino de cómo divertirse con lo que se lee, interactuar con los libros, discutir sobre ellos... no sé, reconozco que es complicado.

–¿Qué estarías dispuesto a hacer para poder vivir de la literatura?
–Vivir de lo que a uno le gusta hacer es todo un lujo, ¿no crees? Supongo que todos aspiramos a eso, aunque lo importante es escribir. Mis objetivos primordiales se centran en el texto, en los personajes, en la trama, en la estructura... lo demás es accesorio. Sería genial, desde luego, pero no es lo que me impulsa a escribir, así que supongo que lo que estaría dispuesto a hacer para poder vivir de la literatura es lo que ya hago: escribir.

–¿Qué opinas de los Agentes literarios?
–Creo que deben ser útiles cuando uno tiene un nombre y una carrera profesional que encauzar. Cuando se está empezando no confío en que, hoy por hoy, sean de gran ayuda, la verdad. Al menos así ha sido en mi experiencia. Me he dirigido en dos ocasiones a agentes literarios y uno me pidió dinero por corregir un manuscrito y otro ni me contestó, así que no puedo opinar otra cosa.

–Para terminar esta entrevista voy a hacerte una tanda de preguntas de respuestas cortas y contundentes.

–¿Cual era tu cuento favorito de niño?
–“El traje nuevo del emperador”, de Andersen.

–Si te dijesen que no van a dejar rastro en tu organismo ¿qué tres platos cenarías esta noche?
–No sé, creo que lo mejor es no torturarme con esta pregunta. Debo cuidar el colesterol.

–¿Qué querrías ser de mayor?
–Alguien que no tenga miedo de mirar atrás.

–¿A qué dedicas el tiempo cuando no escribes?
–Me gusta leer, el cine, viajar...

–¿Qué viste anoche en televisión?
–Generalmente veo una película por la noche. Ayer vi “The company men”.

–¿Tu sitio favorito para leer?
–Mi despacho o el sofá del salón.

–¿El último libro que has leído?
–“Mis premios”, de Thomas Bernhard.

–¿El último libro que no pudiste acabar de leer?
–No tengo problema en abandonar un libro que no me gusta. Sin embargo, a veces la lectura simplemente se ve interrumpida por otras lecturas y luego regreso a él. Hay demasiado por leer. Tengo varios libros a medias y no soy capaz ahora de citar algún título en concreto.

Bien, Miguel, hasta aquí esta primera entrevista. Mientras espero a tus "Pequeños Placeres"  seguiré disfrutando de todo lo que quieras contarnos desde tu blog “Cierta distancia”.