domingo, 3 de agosto de 2008

Querida Bette

No era una mujer cualquiera. Tenía un físico difícil, una ambición desmesurada y una condición para el drama impresionante. Era actriz hasta cuando parpadeaba y su mirada me deja clavada al sillón cuando la lanza como un cuchillo. No hay nadie más, no hace falta nadie más.

Ruth Elizabeth Davis, nació el 5 de abril de 1908, en Massachussets y tuvo una infancia difícil, aunque no más que otros que se dedicaron a vender tomates, muy honradamente, o consiguieron un puesto en un banco. Sus padres se separaron cuando ella tenía siete años y para Ruthie Favor, su madre, no debió ser nada fácil sacar adelante a dos niñas con su trabajo de fotógrafa de estudio. No cabe duda que fue gracias a aquellas vivencias y a otras que seguro que se guardó para sí, que consiguió un carácter aparentemente indomable y una personalidad fuerte y decidida.

No creo en el concepto romántico de una vocación manifiesta por una vivencia concreta. La vocación, si es auténtica, debe estar incrustada en la piel desde mucho antes, buscando la manera de materializarse. Quizá un momento o situación puedan sacarla de allí y hacerla pública. Eso es lo que cuentan que le pasó a Bette Davis la noche en que su madre la llevó al teatro a ver “El pato salvaje”, de Ibsen. Dicen que al salir del teatro ya tenía claro cual sería su camino en la vida. Ruthie se volcó totalmente en ayudar a su hija a conseguir el éxito, quizá veía en ella la salvación a su precaria situación económica. Por aquél entonces Hollywood era la definición del sueño americano, un lugar donde una muchacha de pueblo sin espectativas podía convertirse en una gran estrella de cine. Quizá su hermana Bobby sufrió la ausencia de su madre, la preocupación de esta por su hija mayor, el deseo de ser ella, de triunfar... La questión es que sufrió un brote esquizofrénico y tuvieron que internarla en un sanatorio mental.

Bette probó suerte en el teatro, en la compañía de George Cukor y no le fue mal, después vendrían las primeras películas, nada destacable hasta "Of human bondage, 1934" (Cautivo del deseo), con Leslie Howard, una película que pocas actrices de la época se habrían atrevido a filmar. ¿He dicho pocas...?

En 1938 conoció a William Wyler, otro habitante de mi Olimpo particular en blanco y negro, del que se enamoró de tal modo que no tuvo reparos en reconocer que fue el amor de su vida. Con él rodaría tres películas.

"Jezebel" (Jezabel) fue la primera cinta que rodaron, una historia que comparte una sospechosa semblanza con Lo que el viento se llevó. En las dos películas el personaje principal es el de una joven sureña con mucho éxito entre los caballeros de su época, apasionada y voluble, cuya testarudez y vanidad la enfrentará a la tragedia de la que extraerá su auténtica personalidad. Pero ¿demasiado tarde?

En 1940, llegó “The letter" (La Carta) y con ella un papel que muchas actrices habrían rechazado, en caso de que Wyler se lo hubiese ofrecido a otra. Bette, como era su costumbre, no tenía ningún reparo en protagonizar personajes perversos, oscuros y hacerlos grandes. En esta película representa a una mujer casada con el propietario de una plantación en Malasia que asesina a un amigo porque, según ella, intenta violarla. La película se inicia con la imagen de la Davis saliendo tras él mientras dispara repetidamente una pistola.

Y en 1941 rodaron la que sería su última película juntos “The litlle foxes" (La Loba). Esta obra había sido interpretada en el teatro por Talullah Bankhead que veía el personaje de Regina como una mujer sensual capaz de volver loco a un hombre. Sin embargo, Bette tenía en mente otra Regina. Para ella, el trato machista a que la habían sometido sus hermanos la había castrado convirtiéndola en una mujer frígida e insensible. El empeño de Bette por no aparecer atractiva desquiciaba a Wyler a quien le gustaba más la visión de Talullah. Esa lucha entre los dos monstruos se mantuvo durante todo el rodaje y es posible que el espectador sea testigo de esa tensión en la soberbia interpretación de su protagonista. En esa época, Bette y la esposa de Wyler, eran ya muy amigas lo que hizo imposible un acercamiento más estrecho entre ellos, a pesar de que su "atracción" no había disminuido en absoluto. Nunca más volvieron a trabajar juntos. Una auténtica pena.

A pesar de que estos tres títulos son de lo mejorcito de su carrera, he de reconocer humildemente que mi favorita no está entre ellas. También he de reconocer que esa predilección no está justificada por la calidad absoluta de la cinta. Es cuestión de piel. De algo aquí dentro, a la altura del esternón, que se me estremece siempre que la veo. Se trata de “Old Acquaintance, 1943" (Vieja amistad). En la época fue una película de gran éxito, más por “el rodaje” que por la trama en sí. Todo el mundo quería ver a las dos enemigas acérrimas: Míriam Hopkins y Bette Davis, luchando frente a la lente. Para mí, desde la distancia de los años pasados, es la historia de estas dos amigas tan distintas, antagónicas incluso, escritoras las dos, lo que me cautiva profundamente.

No hago aquí reseña de todas sus películas porque la entrada tendría que fraccionarla por capítulos. Pero no me olvido de "All about Eve, 1950" (Eva al desnudo), ni de" What ever Happened to Baby Jane?, 1961" (¿Qué fue de Baby Jane?), dos joyas bien engarzadas. Sólo he comentado estos títulos, para mí imprescindibles, como homenaje a esta maravillosa actriz que, además de los muchos problemas de salud que arrastró durante toda su vida, mantuvo los derroches de su madre, la locura de su hermana, las frustraciones de sus maridos y fue capaz de dedicarse a lo que sabía hacer con la delicadeza de un maestro.

En lo personal su vida estuvo cargada de desgracias y la muerte la persiguió con ahínco sin llegar a alcanzarla hasta que el cáncer hubo invadido por completo su frágil y triste cuerpo. Murió el 6 de octubre de 1989 después de ser homenajeada en el Festival de Donosti.

In this business, until you're known as a monster you're not a star
Bette Davis