viernes, 8 de diciembre de 2006

Poseía Poesía


Estos días me ha ocurrido una cosa sorprendente y gratificante. No soy experta en poesía, no cuento los versos ni conozco más textos de memoria que el de La vida es sueño de Calderón de la Barca: "¡Ay, mísero de mí! ¡Ay infelice!" y este lo aprendí porque un amigo me retó, yo debía aprenderme este monólogo y él otro.


Yo cumplí.

Tengo la costumbre de poner como cabecera de capítulo en todas mis novelas un pequeño texto, que en cada una de ellas, versa sobre un tema común. En "Nela", fueron frases de películas de los años 30-40, en "Peso cero", fragmentos de novela. Ahora estoy acabando de revisar otra de mis obras y he decidido utilizar poemas. Por este motivo estoy leyendo toda la poesía que cae en mis manos: Rosalía de Castro, Bécquer, Federico Balart, Rubén Darío, Lorca, Ramón de Campoamor, Amalia Iglesias, Alejandra Pizarnik, ...

Estoy disfrutando mucho con la lectura de todos estos poetas y no negaré que me ha sorprendido. Es tal el gusto que me ha proporcionado su lectura que me he olvidado de tomar notas varias veces y he tenido que releer textos recordándome que estoy trabajando.

La poesía tiene mucho de música y emociones y creo que no siempre es momento de leerla. Por lo que estoy experimentando, el lector tiene mucho que poner y debe estar predispuesto a entregarse. Ocurre algo parecido con la música, no todos los días tiene una el cuerpo para Brahms.

Yo no sé lo que busco eternamente
en la tierra, en el aire y en el cielo;
yo no sé lo que busco, pero es algo
que perdí no sé cuando y que no encuentro,
aun cuando sueñe que invisible habita
en todo cuanto toco y cuanto veo.


Rosalía de Castro, A orillas del Sar.