jueves, 8 de marzo de 2012

¿Dónde está tu ombligo?

Es sorprendente asistir al juego de poder en que vivimos cotidianamente, todos buscando el propio interés. En la vida diaria te enfrentas a pequeñas, casi insignificantes, situaciones que ponen en práctica los mayores tratados de estrategia y fuerza de compensación. Todos creemos tener razón, todos tenemos un punto de vista, una opinión. Si vemos la misma situación en otros podemos ser imparciales, justos y comedidos, pero todo cambia cuando somos nosotros mismos “los pobrecitos”.

La visión superficial con la que miramos al otro nos da una perspectiva errónea de sus motivaciones, provocando con ello su frontal rechazo. Desde el que pide un poco de comprensión para su problemática situación en lo alto de la torre del homenaje, hasta el que sostiene su derecho a descansar el brazo de la espada a horas convenidas. Todos por igual en exigencia de comprensión y falta de la susodicha.

Si te apartas un poco y observas lo que ocurre a tu alrededor aprendes mucho en poco tiempo. Que todos somos iguales dependiendo de dónde estemos en cada momento. Que los refranes no los escribieron literatos sino gente que pidió a uno al que había visto pedir o sirvió a otro del que había oído que sirvió.

No nos diferenciamos gran cosa de aquellos que nos precedieron. Sí, sabemos teclear prosopopeya en Google y buscar en la Wikipedia las figuras literarias. También sabemos conducir un coche y hablar por el manos libres al mismo tiempo. Algunos saben, incluso, lo que es el IBEX 35.

En lo que no hemos cambiado es en no reconocernos a nosotros mismos en aquél que tenemos enfrente. Que sí, es más guapo que yo, tiene más dinero que yo y se peina con la raya al lado. Pero por dentro, allí donde todo se fabrica, en lo alto, bajo la dura y gruesa capa de hueso que recubre su cerebro, sus neuronas envejecen y van muriendo al mismo ritmo que las mías.


Busqué la ciencia, y me enseño el vacío.
Logré el amor, y conquisté el hastío.
¡Quién de su pecho desterrar pudiera,
la duda, nuestra eterna compañera!.
¿Qué es preciso tener en la existencia?
Fuerza en el alma y paz en la conciencia.
No tengáis duda alguna:
felicidad suprema no hay ninguna.
Aunque tú por modestia no lo creas,
las flores en tu sien parecen feas.
Te pintaré en un cantar
la rueda de la existencia:
Pecar, hacer penitencia
y, luego, vuelta a empezar.
En este mundo traidor,
nada es verdad, ni mentira,
Todo es según el color
del cristal con que se mira
.

Humoradas

Ramón de Campoamor




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