viernes, 6 de enero de 2012

2012

¿Os habéis dado cuenta de que ya estamos en 2012?

Hay que cambiar el calendario de la cocina que se quedó mirando diciembre a la luz de los fogones.

Mentalizarnos de que este año NO TIENE POR QUÉ SER PEOR, a pesar de lo mucho que se empeñen en ello los telediarios.

Seguir con lo cotidiano como si nos embarcáramos en un nuevo proyecto.

Mirar hacia delante con la certeza de que lo improbable puede hacerse posible.


No mirar atrás con nostalgia. Que la nostalgia es prima hermana del autoengaño que nos hace creer, falsamente, que entonces éramos más felices.

Miradlo, tan joven y entusiasmado, con ganas de comerse el mundo. Dispuesto a darnos tiempo para lo que nosotros decidamos: leer hasta caer dormidos, pasear de la mano del misterio, asomarnos al precipicio tan solo para asegurarnos de que estamos arriba.


Yo me pregunto ¿será este el año, por fin? 

Y, como tengo por costumbre no contestarme a preguntas absurdas que requieran de mi habilidad para adivinar el futuro, escribo esta entrada y me pongo a otra cosa, que queda mucho año por delante y hay que llenarlo de vida.