viernes, 9 de marzo de 2007

¡Tú te crees!

El otro día vino a casa a verme una amiga de esas que uno tiene desde que puede recordar. Curiosamente desde que tenemos niños no nos vemos casi nunca. Que si ella vive en un pueblo y yo en otro, que si los horarios, que si los niños, que si los maridos.

Total, que no nos vemos nunca, pueden pasar incluso meses sin que hablemos siquiera por teléfono.

El otro día, como he dicho, se presentó en casa a desayunar, trajo unas pastas y yo hice un café. Cinco minutos después de sentarnos frente a frente era como si nos hubieramos visto el día de antes.

Hay relaciones que no precisan de ningún artificio, que se mantienen de pura esencia. Estoy segura de que aunque pasaramos años sin hablar y sin vernos, nuestros lazos seguirían tan bien atados como quedaron en aquellos lejanos días en que nos cambiabamos los zapatos y ella me dejaba jugar con su Nenuca porque a mí los Reyes Magos nunca quisieron traérmela.

Sé que no hace falta pero, un beso.