viernes, 17 de junio de 2005

Aniversario

Era un día radiante de sol. Se despertó temprano y estiró los brazos desperezándose al tiempo que sonreía. El vestido colgaba de la barra de la cortina, expuesto como un cuadro a los ojos de su dueña. No era muy dada a ese tipo de florituras, pero no se sabe por qué ese día lo transforma a uno en un ser extraño.
Un café con leche para desayunar y después abrir la puerta que viene la Nuri. "¿Estás nerviosa?" pregunta que se repetirá durante el día en innumerables ocasiones en las que irá variando la respuesta en relación a la proximidad del momento crítico.
Pero ella no está nerviosa, está aburrida. Aguanta hasta las doce del mediodía antes de romper con la repetida amenaza de que no debe verle, trae mala suerte. Pero las ganas pueden más "¿te apetece tomar un vermouth?, ¡pues claro que me apetece!, te espero". La risa de los dos al verse es significativa, de la opinión que tienen de la suerte, y de las ganas de verse.
Saben que es un día especial, el primero de algo que comienza para durar. Saben que el camino no es fácil, conocen el percal, no es su estilo el engañarse. A pesar de ello, se sienten felices.
Ella regresa a casa para comer, toca mucho el plato, lo mira, le da vueltas. Después de un tiempo prudencial que permita a sus progenitores un mínimo de cancha, se levanta y se va a la ducha.
Montse viene a peinarla, no es peluquera, es solo una compañera de trabajo a la que le gusta peinar. Ella no quiere cosas raras, ni alcachofas, ni ensaimadas puestas sobre su cabeza. Sus rizos y un discreto tocado. Muy discreto. Quiere que la vea a ella, no a una caricatura de sí misma. Él sabe quién es, no tiene nada que ocultar.
De pronto llaman a la puerta "¿quién es?, el fotógrafo, ¿yaaaa? Pero si aún no estoy vestida". Con él llega la Toñi, va a ayudarla a vestirse, tantos años siendo amigas y ese nudo en la garganta.
Una vez dentro del vestido una sensación de solemnidad se apodera de ella. Ahora sí, ahora ya está segura. Cuando llega a la Iglesia, una sencilla parroquia de barrio donde todo el mundo se conoce, del brazo del Nono, que además es su padre, tiene ganas de llorar. Suena el canon de Pachelbel y su melodía en crescendo va acelerando sus latidos. El altar está vacío. Con las notas del canon un montón de amigos se levantan de su sitio en los bancos y lo visten, las flores, el mantel, las guitarras. Él entre ellos, como uno más. Ella contemplándolo con una sensación entre dulce y amarga. Dulce porque llega y amarga porque se va.

Dieciséis veces han celebrado aquel momento. No hay regalos del Corte Inglés, ni tartas con su fotografía. Sólo un "por tus defectos más que por tus virtudes" y un vermouth en una terraza al Sol.

sábado, 21 de mayo de 2005

¿Quién es Antonia Romero?



Nací en Barcelona. Bueno, en una clínica de Barcelona, al menos eso dice mi madre, porque yo no me acuerdo. Eso ocurría el 20 de febrero de 1965, por lo que soy piscis por los pelos.

Mi profesión, o eso que haces para que te paguen un sueldo a fin de mes, es administrativa. Soy funcionaria de la Generalitat de Catalunya. Nunca he digerido ninguno de los dos conceptos: administrativa y funcionaria. Pero este tema daría para una novela. Mi vocación es escribir, cuatro novelas y varios relatos son mi equipaje.

A los ocho años leí mi primer libro "La pequeña Dorrit" y ya no pude parar. Combiné durante años jugar a polis y ladras con "Los cinco se van de camping", el pichi con "Las aventuras de los tres investigadores", la comba y la goma con "Las mellizas en Santa Clara". Hasta que finalmente la estatura y otras partes prominentes de mi cuerpo me impidieron seguir jugando a esos juegos. Pero no me
impidieron leer.

Me gusta el cine clásico, las películas en blanco y negro. Una de mis favoritas: "La loba", de William Wyler. Leo de todo, no tengo un tema favorito. El libro que más me marcó: "La hora 25", de Virgil C. Gheorghiu, una maravilla, lo recomiendo.

A pesar de mis 40 años se me sigue poniendo el vello de punta al escuchar "Another man's woman", de Supertramp, aunque no tengo ni idea de qué dicen. Lloro con el "Adagio" de Albinoni y Billy Joel es mi solista favorito. Me sorprende que Manolo García me comprenda tan bien, sin ni siquiera conocerme y creo que Ella Fitzgerald sería una estupenda compañera de viaje.

Reconozco un buen amigo en las risas que compartimos. Me encanta el helado en todas su formas y no soporto a la gente que no valora las cosas importantes: el viento entre las hojas de los árboles, una tarde de sol o una caricia.