jueves, 28 de marzo de 2013

Asco


Ver la televisión se ha convertido en una tortura malsana, que muchos que queremos estar en este mundo, aunque algunos de los que lo habitan no nos gusten del todo, sufrimos a diario. Soy escritora, pero también soy trabajadora y madre. Veo lo que sucede, me indigno como el que más, me sublevo, me asfixio y se me va más de una lágrima cuando veo, leo u oigo tanta injusticia.
 
Y creo que ya es hora de que me desahogue.
 
1. No es aceptable que nuestra democracia se convierta en una dictadura renovable cada cuatro años. Nuestro voto no es un cheque en blanco que se pueda utilizar al antojo del que va en una lista cerrada. Creo que se debería votar un programa electoral y los políticos, elegidos en listas abiertas con nombres y apellidos, tendrían la obligación de cumplirlo. Si no, a la calle.
 
2. No es aceptable que, habiéndose demostrado que se ha estafado a muchos ancianos con las Preferentes sean ellos los que tengan que pagar la estafa. Las personas que les engañaron tienen nombres y apellidos y deberían denunciar a quienes les obligaron a hacerlo.
 
3. No es aceptable que los banqueros que eran responsables de la fiabilidad de sus bancos, después de que éstos se hayan hundido, se hayan marchado con indemnizaciones millonarias, mientras los trabajadores y los que tenían su dinero invertido, son despedidos y expoliados.
 
4. Y no, no es aceptable, que una persona que se ha quedado en el paro y no tiene ningún ingreso, sea desahuciada, echada a la calle sin compasión, y encima tenga una deuda imposible de pagar que la perseguirá el resto de su vida, impidiendo que pueda empezar de nuevo, condenándola a la miseria. Porque en eso han convertido la vida de miles de personas: en algo miserable.
 
Y mientras tanto, políticos que no responden a las preguntas de los ciudadanos, que se esconden de la gente a la que deben servicio. Secretarios generales de partido que se aferran a su silla, sin importarles el daño que hagan a su partido. Periodistas que se mueven al son que tocan los políticos a los que representan. Presidentes, expresidentes, tesoreros, príncipes consortes, concejales de ayuntamientos, sindicalistas... en un dantesco baile de vergüenza que dejan poco sitio para la esperanza.
 
La Historia y los libros nos han enseñado los errores que cometieron otros en el pasado y deberíamos releer esos libros, porque me temo que en estos tiempos la memoria se limita a lo que es capaz de almacenar tu disco duro.