domingo, 9 de marzo de 2008

Bécquer, el pintor poeta

“Queridos amigos:

Heme aquí transportado de la noche a la mañana a mi escondido valle de Veruela; heme aquí instalado de nuevo en el oscuro rincón del cual salí por un momento para tener el gusto de estrecharos la mano una vez más, fumar un cigarro juntos, charlar un poco y recordar las agradables, aunque inquietas, horas de mi antigua vida.”

Gustavo Adolfo Domínguez Bastida, nace en Sevilla el 17 de febrero de 1836. Adopta, como hiciera su padre, el apellido Bécquer de su bisabuela, que pertenecía a una noble familia de comerciantes de origen flamenco e intenta, sin conseguirlo, seguir los pasos de su padre y su tío, pintores ambos.

A los once años, tras la muerte de su madre y huérfano de padre desde los cinco años, es confiado a su madrina Manuela Monahay que posee cierto interés literario y allí, en su biblioteca, el niño se deja contagiar por esa enfermedad que algunos llaman literatura. A pesar de no inclinarse por la pintura como su mayor vocación es habitual encontrar sus manuscritos ilustrados con dibujos de considerable calidad artística.

Con 17 años publica ya sus versos en periódicos locales y conoce a Narciso Campillo y a Julio Nombela con los que compartirá el sueño de conquistar gloria y fortuna en Madrid. Se instala en la lóbrega pensión de doña Soledad y lleva una vida bohemia y austera en la que tiene que trabajar duro para salir adelante mientras sueña con su futuro.

Yo soñaba entonces una vida independiente y dichosa, semejante a la del pájaro, que nace para cantar y Dios le procura de comer; soñaba esa vida tranquila del poeta que irradia con suave luz de una en otra generación: soñaba que la ciudad que me vio nacer se enorgulleciese con mi nombre, añadiéndolo al brillante catálogo de sus ilustres hijos.”

En 1858 conoce a las hermanas Espin, Josefina y Julia. En un primer momento parece fijarse en Josefina a la que dedica su Rima XIII: Tu pupila es azul

Tu pupila es azul, y cuando ríes,
su claridad suave me recuerda
el trémulo fulgor de la mañana,
que en el mar se refleja
.


Y a ella parece pertenecer la conversación de la primera de sus “Cartas literarias a una mujer” donde explica la esencia de una de sus Rimas más famosa:

¿Qué es poesía?, dices mientras clavas
En mi pupila tu pupila azul.
¡Qué es poesía! ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía eres tú.

Pero es en Julia donde encuentra el joven poeta la excusa para su exacerbada sensibilidad. Ella tiene claros sus intereses y un futuro con un poeta de ambiente bohemio no es lo que espera de la vida. Julia sueña convertirse en una afamada cantante de ópera y aunque las atenciones del artista no le son del todo indiferentes no duda en apartarlo de su vida, sacrificándolo ante más encumbrados pretendientes.

Me ha herido recatándose en las sombras,
sellando con un beso su traición.
Los brazos me echó al cuello y por la espalda
partióme a sangre fría el corazón.

Y ella prosigue alegre su camino,
feliz, risueña, impávida. ¿Y por qué?
Porque no brota sangre de la herida.
Porque el muerto está en pie.

En 1860 conoce a Casta Esteban Navarro con la que contrae matrimonio al año siguiente. En esa época Gustavo trabaja para “El Contemporáneo”, tiene un sueldo fijo y eso le permite vivir con mayor tranquilidad y mantener a su familia. Es entonces cuando escribe la mayoría de sus “Rimas y Leyendas” y en sus escritos se deja entrever el hastío y la desilusión que han empezado a embargarle como tumor maligno.

Cuántas tempestades silenciosas no han pasado por mi frente, cuántas ilusiones no se han secado en mi alma, a cuántas historias de poesía no las he hallado una repugnante vulgaridad en el último capítulo! Mi corazón, a semejanza de nuestro globo, era como una masa incandescente y líquida que poco a poco se va enfriando y endureciendo."

Su salud empieza a resentirse seriamente y animado por un amigo se retira al monasterio cisterciense de Veruela en el que se ha instalado una hospedería, donde escribirá “Cartas desde mi celda”. La idea de la muerte le acompaña y de ella se ven impregnadas todas sus obras.

No sé si a todos les habrá pasado igualmente; pero a mí me ha sucedido con bastante frecuencia preocuparme en ciertos momentos con la idea de la muerte y pensar largo rato y concebir deseos y formular votos acerca de la destinación futura, no sólo de mi espíritu, sino de mis despojos mortales.”

Casta y Gustavo discuten constantemente, su relación no marcha bien, ella le recrimina su falta de atención y, finalmente, en 1868 el poeta descubre que su esposa le es infiel.

Cuando me lo contaron sentí el frío
de una hoja de acero en las entrañas;
me apoyé contra el muro, y un instante
la conciencia perdí de dónde estaba.

Cayó sobre mi espíritu la noche,
en ira y en piedad se anegó el alma.
¡Y entonces comprendí por qué se llora,
y entonces comprendí por qué se mata!

Pasó la nube de dolor... Con pena
logré balbucear breves palabras...
¿Quién me dio la noticia?... Un fiel amigo...
Me hacía un gran favor... Le di las gracias.

A causa de los disturbios revolucionarios, Gustavo, su hermano y los hijos de ambos, huyen hacia Toledo. En diciembre nace el tercer hijo de Casta de quien se dice que no es hijo suyo.

Dices que tienes corazón, y sólo
lo dices porque sientes sus latidos.
Eso no es corazón...; es una máquina,
que, al compás que se mueve, hace ruido.

En 1870 Eduardo Gasset funda “La ilustración de Madrid”; ofrece la dirección a Gustavo y trabajo de dibujante a su hermano Valerio. Sin embargo, el pintor muere en septiembre dando con ello la última estocada al poeta que seguirá sus pasos tres meses después.

Mi vida es un erial,
flor que toco se deshoja;
que en mi camino fatal
alguien va sembrando el mal
para que yo lo recoja.

Cuando comprende que se muere pide a un amigo que queme sus cartas “serían mi deshonra”, dice, y “si es posible, publicad mis versos. Tengo el presentimiento de que muerto seré más y mejor conocido que vivo.

Sus últimas palabras son "Todo mortal".

En Sevilla se contempla un eclipse total de Sol.

"He aquí, hoy por hoy, todo lo que ambiciono: ser un comparsa en la inmensa comedia de la Humanidad y, concluido mi papel de hacer bulto, meterme entre bastidores sin que me silben ni me aplaudan, sin que nadie se aperciba siquiera de mi salida.

Ello es que cada día me voy convenciendo más que de lo que vale, de lo que es algo, no ha de quedar ni un átomo aquí."

Cartas desde mi celda