viernes, 21 de diciembre de 2007

Navidad, Navidad, dulce Navidad

Desde chiquitita tuve que escuchar a una de mis hermanas decir que no le gustaba la Navidad. Quizá por eso estoy inmunizada contra comentarios del tipo "es una fiesta comercial" "hay mucha hipocresía" "todo es por el interés" "es una ocasión muy triste por los que ya no están".

Lo confieso: A mí me gusta la Navidad. Me encanta ver las calles iluminadas, las caras de los niños frente a los escaparates. Me gustan los turrones, los polvorones. No, el mazapán, no. Me chifla comprar regalos, pensar en aquellos a los que quiero e imaginar sus caras cuando abran los paquetes.


Me gusta recordar a los que ya no están, pero no con tristeza. Recuerdo las canciones de mi padre con su guitarra, lo mucho que le gustaba la Navidad, tener a todos su hijos alrededor. No encuentro la razón para estar triste.

Estoy con una bronquitis que no me deja ni dormir y me he perdido la cena y el aperitivo del trabajo. Esta tarde estaba yo sentada en mi sillón, con una manta y encontrándome fatal cuando han llamado al timbre. Era Olga, una de mis compañeras y traía en los brazos, cual bebé de nacimiento, dos bandejas del susodicho aperitivo y un regalo. Venía en representación y reconozco que me ha emocionado. Espírtitu navideño, lo llamo yo.

No hay nada de hipocresía en el amor que siento por los míos.

Tampoco la hay en mis deseos para vosotros.


Feliz Navidad
De corazón

Pd: que haya suerte con el sorteo