jueves, 15 de febrero de 2007

Irène Némirovsky

Irène Némirovsky nació el 11 de febrero de 1903 en Kiev en el seno de una familia judía. Su padre, Léon Némirovsky, era uno de los banqueros más ricos de Rusia. Irène, que recibió una esmerada educación a cargo de una institutriz, era una niña triste y solitaria a la que sus padres no hacían ningún caso. Su padre era un hombre demasiado ocupado en sus negocios para perder el tiempo con un niña y su madre sentía aversión por la pequeña, a la que tuvo por complacer a su esposo. Fanny, que así se hacía llamar la madre, vivía obsesionada ante la idea de envejecer y su hija, al crecer, la ponía en evidencia ante sus numerosas conquistas masculinas. Irène se hacía mayor y durante la adolescencia su madre la obligó a vestirse como una niña por no aceptar lo inevitable. La joven buscó compañía en la lectura y empezó a escribir. En sus letras no disimuló el odio que crecía contra su madre. En "Le vin de solitude" escribió: "En su corazón alimentaba un extraño odio hacia su madre que parecía crecer con ella..." Y así, utilizó la única arma de que disponía para vengarse de su progenitora: la escritura. Publicó: El baile, Jézabel y Le vin de solitude, con cariño para mamá. Curiosamente, a la muerte de Fanny con ciento dos años, lo único que encontraron en su caja fuerte fueron dos libros de su hija: Jèzabel y David Golder.

Siendo de origen judío, en sus escritos aparecían pinceladas de cierto antisemitismo, sin embargo, en alguna ocasión admitió sentirse orgullosa de ser judía, aclarando que sus críticas iban dirigidas hacia los judíos cuyo amor al dinero pasaba por delante de cualquier otra cosa. Ideó su propia técnica creativa, escribía a diario en un cuaderno y copiaba tanto el relato como las reflexiones que éste le inspiraba. Era metódica y detallista, creaba a sus personajes con todo tipo de matices, tanto físicos como espirituales.

En diciembre de 1918 los bolcheviques pusieron precio a la cabeza de Léon Némirovsky, lo que obligó a la familia a huir a Finlandia. En 1919 se instalan en París.

En una de sus muchas "juergas nocturnas" conoce a Michel Epstein, ingeniero en física y electricidad, con el que se casará en 1926.

En 1929, Bernard Grasset se encuentra con un manuscrito, escrito en francés, titulado David Golder que le han hecho llegar de manera anónima, con la única identificación de un apartado de correos. El editor, deseoso de contactar con el misterioso escritor, publica un anuncio en un periódico reclamando que el autor se presentase en la editorial. Es comprensible que se llevara una gran sorpresa al ver ante él a una joven alegre y sencilla, de tan sólo 26 años, que acababa de parir a su primera hija, Denise, y que se presentaba como la autora de la epopeya de Golder, un magnate judío de las finanzas internacionales. En 1937 nacería su segunda hija, Elisabeth.

A pesar de ser una escritora muy famosa, Irène no consigue la nacionalidad francesa. Es consciente de que ser judía en una época tan manifiestamente antisemita no le pondrá las cosas demasiado fáciles, ni a ella ni a su familia. Así que la madrugada del 2 de febrero de 1939, se hace bautizar, según el rito católico. Ese mismo año, la víspera del inicio de la Segunda Guerra Mundial, deciden trasladar a las niñas al pueblo de la niñera, Cécile Michaud, situado en Saônet-Loire. Ella y su marido regresan a París.

En 1940 el estatuto de los judíos los convierte en parias, Michel ya no tiene derecho a trabajar e Irène no puede publicar, así que deciden marcharse de París y se reúnen con sus hijas. La situación es cada vez más difícil, el segundo estatuto de los judíos es aún más duro que el primero y supone el preludio al internamiento en campos de concentración y exterminio nazis.

Irène no se engaña, sabe que su final será trágico. Escribe y lee mucho y consigue que le publiquen sus novelas cortas con seudónimo. Lleva la estrella amarilla, al igual que sus hijas; escribe La vida de Chéjov y Las moscas del otoño, que se publicarían en 1957, e inicia su obra póstuma Suite francesa. Sueña con un libro de mil páginas, elabora la lista de personajes, sus características y personalidades, hasta el último detalle. Está en 1942 y no tiene claro que vaya a poder acabarla, le invade la sensación de que su vida se acaba. A pesar de ello sigue escribiendo, es lo único que puede hacer, redacta notas sobre la situación en Francia, es dura y sincera en sus opiniones respecto a la actitud de la "masa" que considera "aborrecible". Está sola dentro del mundo literario, casi todos han optado por el colaboracionismo y se ve relegada y olvidada por los que fueron sus amigos. El 3 de junio de ese año redacta un testamento en favor de la tutora de sus hijas, para que ésta pueda ocuparse de ellas cuando Michel y ella hayan desaparecido. Es detallada y rigurosa en sus indicaciones. No hay quejas, sólo una resignación desesperada.

El 11 de julio escribe a su director literario: "Querido amigo... piense en mí. He escrito mucho. Supongo que serán obras póstumas, pero ayuda a pasar el tiempo". El 13 de julio los gendarmes franceses la detienen en su casa y tres días después es internada en el campo de concentración de Pithiviers, en el Loiret. El 17 de julio la introducen en el convoy número 6 y es deportada. Destino: Auschwitz.

El 17 de agosto de 1942 es asesinada.

Michel Epstein no acepta la situación, cada día exige que el cubierto de su esposa se ponga en la mesa. No sabe que Irène ha muerto. Desesperado, escribe al mariscal Pétain para rogarle que le dejen ocupar el lugar de su esposa, aduciendo que tiene una salud delicada y no les será útil en un campo de trabajo. El gobierno de Vichy le responde en octubre con una orden de arresto.

El 6 de noviembre de 1942 es deportado a Auschwitz y ejecutado inmediatamente.

Los gendarmes franceses querían completar su trabajo y acudieron al colegio de las niñas para llevárselas también, cosa que la maestra impidió ocultándolas. La tutora descosió la estrella judía de sus ropas y escapó con ellas. Acudieron a su abuela materna que había estado viviendo en Niza, ajena a cualquier peligro.
Se negó a abrirles la puerta.

Las niñas llevaban una maleta, en ella los pocos recuerdos que salvaron de sus padres. Y un manuscrito.

Huyeron de un refugio a otro ocultando que eran judías. Los gendarmes las seguían, como si de terribles criminales se tratase, no se olvidaban de ellas. Las niñas no sabían que sus padres habían muerto y seguían esperándoles. Algunas veces corrían al reconocer a su madre en la silueta de una mujer que caminaba por la calle.
Pasó el tiempo. Muchas veces abrieron el cuaderno de Irène pero les causaba demasiado sufrimiento el leerlo y volvían a cerrarlo esperando que el tiempo calmara el dolor.

Elisabeth se convirtió en directora literaria. Decidió mecanografiar el manuscrito de su madre con la intención de preservarlo. Necesitó la ayuda de una gruesa lupa para descifrar la pequeña letra con la que había sido escrito. Las hermanas creían que se trataba de simples notas, un diario personal, pero Elisabeht descubrió emocionada que se trataba de una novela inacabada, un retrato crudo y violento de los momentos que les tocó vivir. Una novela escrita por alguien que vivía en esos mismos instantes lo que narraban sus personajes. Suite francesa, fue concebida como una obra en cinco partes de las que Irène sólo pudo acabar dos: Tempestad en junio y Dolce.

Elisabeth y Denise, decidieron entregar el manuscrito al Institut Mèmoire de l'Édition Contemporaine, una institución que se encarga de preservar documentos de todo tipo (cartas, diarios, libros...), a fin de garantizar el conocimiento exacto de la historia de un país.

En una próxima entrada os hablaré de Suite francesa.