martes, 6 de junio de 2006

Siempre me gustó estar sola


I

Nunca tuve miedo de ese espacio vacío que genera el ser humano a su alrededor y que no tiene mucho que ver con la cantidad de gente que en ese momento te esté rodeando.

Hoy es mi cumpleaños. ¿Que cuántos cumplo? Treinta y tantos. Me gustaba mucho esa serie a pesar de que cuando la echaban por televisión a mí me quedaban todavía unos cuantos para sentirme identificada con sus protagonistas.

Javier está recogiendo los destrozos. Los platos de papel con restos del festín, vasos manchados de irreconocibles líquidos. Es un cielo, Javier. No ha hecho falta que le recordase que hoy era mi día para que se ofreciese a hacer el trabajo sucio. No me refiero solo a la recogida selectiva, sino a la despedida involuntaria de los invitados. Cómo les cuesta irse. Y qué pronto han venido. Me duele la cara de tanto sonreír sin ganas.

¿Por qué me miraba Luis con esa cara? Será que ser el mejor amigo de Javier le hace leer mis pensamientos. Luis nunca fue santo de mi devoción, no puedo negarlo. Bueno, sí que puedo, a Javier se lo he negado tantas veces... Hace tiempo que no me pregunta, supongo que ya no le importa. Javier me lo presentó seis meses después de empezar a salir conmigo. Fui a su boda, al bautizo de su primer hijo y al de su primera hija. Su mujer, Lorena, es una pobre chica que cree que llevándose mal conmigo se gana la aprobación de su marido. Pobrecilla. Luego se consuela con unos cuantos Martinis y repite hasta la saciedad, "yo sólo tomo vodka martini, como James Bond, agitado, no revuelto".

¿Habrá Luis adivinado mis intenciones? Es posible, a juzgar por el comentario que me ha hecho cuando nos hemos cruzado en el pasillo camino del baño. A solas, como siempre. Me habría gustado decirle que no es necesario que se esconda de Javier para ser borde conmigo.

-No se te ve muy contenta.

-¿A no?

-¿Qué estás tramando?

-Siempre tan cariñoso.

-Lo siento, querida. ¿Te gustó nuestro regalo?

-¿Te refieres al jarrón que me escuchaste decir que detestaba? He contenido las arcadas, no puedes quejarte.

-Se te notaban -la sonrisa de satisfacción le resultaba familiar.

-El año que viene espero que no te tomes la molestia.

Le he dejado con la palabra en la boca y he continuado mi camino. Al mirarme en el espejo del baño me he visto extraña. Como si no fuese yo.

Javier se ha metido a la ducha y después querrá irse a la cama. Hoy, como se supone que es un día especial, querrá guerra. Malditas las ganas que tengo yo de continuar, después de estar toda la tarde fingiendo. Es tan simple, tan previsible. Siempre las mismas caricias en los mismos lugares. Casi podría contar los besos exactos que va a darme antes de subirse encima de mí. Cuánta envidia me tienen todas sus amigas.

Siento un dolorcillo en el pecho, pero es mucho más pequeño que otras veces.

Hoy todo es más sencillo. Porque sé que se acaba.

Continuará...

4 comentarios:

  1. Me gusto mucho...seguire pendiente. Que bonito es vivir reconciliado con la soledad, para mi es la lucha de toda la vida poder lograr ese encuentro tranquilo y cotidiano con uno mismo y sin nadie más.

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  2. Ya estamos con la intriga... No puedes hacernos estas cosas. Ese "continuará..." es sinónimo de espera. ¿Tardarás mucho? ¿Qué va a pasar? Demasiado pronto para intuir nada.

    Un saludo desde la expectativa.

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  3. Ciao,

    Uy es tal Luis que me parece que nos va a dar una sorpresa...
    No, ni idea es por incordiar, eso de dar el peliculón en capítulos, como dice el amigo Jose es toda una crueldad.

    Un beso,

    Mónica

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  4. Anónimo7:28 p. m.

    Lindisimo tu relato, habra que esperar como sigue. Los espacios de silencio, los armamos para protegernos pero a veces no son tan seguros. Creo que Luis se dio cuenta que puede sortearlos. Y Javier un santo juntando los platos, casi como un hermano.
    Te mando un beso, mientras me preparo para la segunda parte.
    Graciela M.

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