martes, 7 de febrero de 2017

La magia del orden o cómo desprenderte de lo que no te hace feliz

Yo no sé vosotr@s, pero yo no siento especial devoción por las tareas domésticas, aunque me gusta el orden. Me levanto temprano todos los días, no me importa si es sábado o lunes. Un café, para decirle a mi cerebro que se ponga en marcha, y a escribir. Día sí y día no voy al gym o salgo a correr. Hacer la comida, comer y a trabajar por  cuenta ajena.

Esta es mi rutina de lunes a viernes y no lo llevo del todo mal. Pero a esto, además, debemos añadir la muy loable tarea de mantener la casa limpia y ordenada, y siendo sincera yo no tengo madera de superwoman, a pesar del relato que escribí hace tiempo y que podéis leer aquí.

Con la edad y los años, que curiosamente son coincidentes, he aprendido mucho en aquello de: «no es más limpio el que más limpia sino el que menos ensucia» y reconozco que soy bastante diestra en organizar para no tener que organizar demasiado. A pesar de ello, cuatro adultos en una casa son capaces de desorganizar al más pintado y que conste que los cuatro remamos juntos y en la misma dirección.

Y, vete aquí, que procrastinando en la red social de las tres des: distrae, desconcentra y deprime, mayormente conocida como Facebook, me encontré con el estado de una admirada y querida bloguera, Carmen Forján, en el que hablaba del libro de Marie Kondo: La magia del orden.

Y mira tú que se me abrió el cielo así, literalmente. Pensé, ya está, por fin hay un método que funciona. Me fui a por el libro de marras y me lo leí enterito en una noche, sin parar ni para coger aire. Eso fue el jueves.

El sábado puse patas arriba mi habitación.

¿El método funciona? Sí, funciona. Claro que tiene una máxima que lo hace fácil: primero has de deshacerte de todo aquello que no necesitas/quieres/te hace feliz.

Sí, el método Konmari se basa en que debes conservar aquellas cosas que te aportan felicidad. Una premisa excelente. ¿Quién no quiere vivir rodeado de cosas que le hagan feliz? Ni os imagináis la cantidad de cosas que acumulamos en nuestro día a día que no nos aportan nada. Entre esto y todo aquello que guardamos por si acaso, tenemos una ingente cantidad de basura guardada en nuestros armarios.

He de confesaros que a mí nunca me ha costado tirar, no soy de esas personas que guardan todo aquello que cae en sus manos. Cojo cariño a los objetos, pero no a todos los objetos. Ahora sé por qué: porque no me aportan felicidad.

Este método puede aplicarse a la ropa, los libros, la cocina, el baño… Básicamente se trata de liberar espacio eliminando todo aquello que solo hace eso: ocupar sitio sin ninguna finalidad. Todo aquello que no tiras porque te da pena o te sabe mal, pero que jamás vas a utilizar. O sea: todo lo que convierte tu armario en una sucursal del contenedor de basura.

Cuando te has deshecho de todo lo que en realidad ya habías tirado aunque estuviese de cuerpo presente, solo queda ordenar lo que sí te hace feliz. Aquí es donde el método es de lo más eficiente. Marie Kondo te enseña cómo doblar tu ropa de modo que al colocarla siempre podrás ver todo lo que tienes con un solo vistazo. En lugar de amontonar las prendas una sobre otra de modo que tendrás que levantar una camiseta y otra y otra hasta encontrar la que buscas, las tendrás todas a la vista.

En casa el método ha trascendido y todos nos hemos puesto a ello. La mayor dificultad la veo en la librería, pero prometo organizarla en cuanto me sea posible.


¿Conocéis a Marie Kondo? ¿O tenéis vuestro propio método? 

2 comentarios:

  1. Se lo voy a regalar a una que yo me sé. Creo que tiene Diógenes de los papeles. Cada vez que hace limpieza, de allí sale lo que ni te habías percatado que entró en casa.

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  2. Hola, yo lo leí hace como un año y confieso que me he vuelto una adicta a doblar la ropa de esta forma. Me encanta hacerlo, y me chifla cómo quedan los cajones después. Me hizo tirar algunas cosas, pero fue complicado ya que siempre lo he hecho, cuando compro ropa, por ejemplo, si entra algo, algo sale. Y de vez en cuando hago una redada para eliminar cosas superfluas. Si ya le sumas que soy muy poco consumista... casa zen total. Estoy encantada con el método.

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