domingo, 17 de octubre de 2010

¿Me das tu teléfono?

El otro día Miriam me pidió mi número de móvil; sonriendo, empecé a recitar como un mantra: seis, ocho, seis y de pronto me di cuenta de que no me acordaba de cómo seguía. Volví a empezar y me ocurrió lo mismo. Tuve una sensación extraña, me dio por reír, pero era esa risa nerviosa de cuando uno nota que algo no va bien. En mi caso iba muy mal, soy reconocida por mi excelente memoria, si me preguntan si un alumno está matriculado en el centro no necesito mirar ninguna lista para responder y tenemos 955 alumnos.

Hay cosas que nunca olvidas. La barandilla de la escalera en casa de mis padres por la que me deslizaba a pesar de las regañinas de los vecinos. El tacto de las columnas del porche en el que jugábamos a las estatuas. El sonido que hacían los cristales al caer, después de acertarles con una piedra, en aquella casa en ruinas de la calle Mediodía. El silencio ensordecedor en los pasillos de la planta dieciséis del Hospital de Bellvitge. El olor del ajoatao que tanto le gustaba a mi hermana y que a mí me daba ganas de vomitar.

Es sorprendente como puedes recordar cosas aparentemente tan insignificantes y olvidar otras que se suponen importantes.

Miriam me dijo que la llamase a su móvil para que de ese modo pudiese ver mi número y así lo hice. Al cabo de dos minutos volvió para decirme que me había equivocado, que mi número no empezaba por 686, sino por 676. Entonces comprendí por qué no podía continuar: mi cerebro había memorizado la serie en su orden correcto y no podía saltarse ese error. No se trataba de ningún mensaje subliminal para que comprendiese lo que es importante en la vida.

¿O sí?

4 comentarios:

  1. Poder distinguir entre un mensaje significativo, que nos muestro cómo somos o percibimos el mundo de un error estúpido, puede ser una tarea ardua...

    Besos

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  2. Anónimo7:14 p. m.

    Es difícil y decepcionante preguntarse qué es importante y qué no lo es. Yo prefiero dejar que la piel me dé muestras de ello.

    Un placer encontrar tu blog, Antonia.

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  3. ¡Alicia! Te había perdido la pista. Me alegra volver a encontrarte.
    Un abrazo

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  4. Yo tengo claro lo que es importante, una cosa muy pequeñita, muy pequeñita que apenas se ve. Cabe en cualquier parte, aunque a mí me gusta llevarla en el corazón.

    Un saludo Anónimo, aunque seguro que tienes nombre.

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