sábado, 2 de junio de 2007

Último día de mayo


Llegaba del trabajo, iba deprisa porque no quería volver a llegar tarde. Al acercarme al portal me fijé en el camión aparcado en la puerta. Miré al lugar que ocupaba el conductor y vi a un hombre escribiendo, seguramente algún albarán de entrega. No pude evitar acelerar más el paso, no puedo asegurarlo, pero sería muy posible que aquello se considerase correr.

Cuando abrí con la llave le pregunté a Guillermo ¿ya lo han traído? No, me dijo, aún no.

El timbre suena, el corazón se acelera.

Media hora después, sentada en el sillón, lágrimas de alegría y como si de una película se tratase, imágenes encadenadas de su historia, su larga, lenta y agitada historia.

Ya tengo mi libro entre las manos.