viernes, 21 de julio de 2006

Más Charco de los Clicos

Existe en el pueblo del Golfo una cresta en perfecto semi cono formada por un crater, en cuyo interior se esconde el Lago Verde o Charco de los Clicos. Este último llamado antaño así, por unos mariscos comestibles llamados clicos muy usuales en ese paraje. Su extinción se produjo a raiz de que don Domingo Lorenzo Viera, adquiriera dos tortugas que sin más soltó en las apresadas aguas de El Golfo.



Parece que la arena que ha ido entrando en el Lago acabará por hacerlo desaparecer. Según cuentan, antiguamente era mucho más grande.

Según dicen, el agua es de color verde debido a un tipo de alga. Es realmente chocante en aquel paisaje extraño y estremecedor encontrar, frente al mar, un lago de un color verde esmeralda intenso.


Nos ocurrió algo muy curioso. No conocíamos el lugar y después de recuperarnos de la primera impresión nos fijamos en que la gente (que en esa primera visita era bastante) buscaba en la arena insistentemente algo que no alcanzabamos a ver. La mayoría de los que allí había eran evidentes alemanes y pensamos que si chapurreabamos un poco en inglés conseguiríamos preguntarles qué buscaban. Escogimos para ello a una jóven pareja de rubios flamantes pensando que siendo más jóvenes seguro que nos entendían. Pero al preguntarles nosotros qué buscaban nos miraron con cara de papel pintado ¿?. Estaba claro que en sus lecciones de inglés no habían pasado del "This is a pencil". Finalmente, mi marido que cree más en el lenguaje de los gestos (algunos más evidentes que otros) señaló la mano que ella apretaba con fuerza y luego a su propio ojo. Ella, no sin cierta reticencia la abrió y nos sorprendió con unas pequeñísimas piedras verdes. Nos agachamos y quedamos gratamente sorprendidos al comprobar que apenas moviendo un poco la tierra negra localizabamos unos cuantos cristalitos verdes que luego nos dijeron se llaman "olivina" ¿?.

Quizá Luis Vea sea capaz de explicarnos algo más de esas hermosas piedras que tienen curiosamente el mismo color del lago.


El paisaje es incomparable, tienes la sensación de estar en otro mundo. Estuvimos dos veces, la segunda solos, no había nadie más. Fue muy especial.

Por cierto una curiosidad ¿habéis imaginado alguna vez poder tenderos cual largos sois sobre un manto de flores sin veros atacados por hirientes y agresivas abejas o avispas? ¡En Lanzarote no encontramos ni una sola! ¡Qué maravilla!

¿Y la temperatura? Las dos veces del Lago Verde tuve que llevar una chaqueta bastante gruesa... La temperatura más alta que marcó el termómetro del coche que alquilamos fueron ¡28 grados!

El paraiso, sin duda.