martes, 5 de febrero de 2013

6 de febrero, en todas las librerías



Se oyó un sonido semejante al graznido de un cuervo. Los dos amigos se miraron y un gesto de terror se dibujó en sus rostros. El tercer hombre gritaba desde la entrada.
—¡Corred! ¡Rápido! La puerta va a cerrarse, ¡salid de ahí! ¡AHORA!
No dejaron de mirarse, los ojos de ambos habían quedado petrificados. Un gemido acabó por hacerles reaccionar. Ella estaba semiinconsciente en el suelo, un hilillo de sangre salía por la comisura de sus labios. Dulces labios aquellos.
—No podemos dejarla aquí —dijo uno de ellos arrodillado junto al cuerpo roto de la mujer.
El otro se levantó, los gritos apremiantes del tercer compañero se oían desesperados. La entrada estaba ya medio cubierta de arena.
—No podemos hacer nada por ella... A no ser que quieras quedarte y seguirla.
—No puedo abandonarla. —Los ojos se le llenaron de lágrimas.
—Se está desangrando, ya está muerta.
—Aún no —susurró.
La mujer respiraba con dificultad. En ese momento ocurrió algo que les puso los pelos de punta y estremeció su cuerpo con una violenta sacudida: los ojos de la mujer se abrieron y les miró, primero a uno y después al otro. Quizá sabía que iban a abandonarla, su mirada era vidriosa y apenas podía fijarla más de dos segundos. El que estaba de pie cogió la mochila y corrió hacia la salida temeroso de no poder hacerlo si esperaba un instante más. El otro, el que estaba arrodillado junto a ella, comenzó a sollozar, sabía que no podía salvarla y que también él moriría sin esperanza si no se levantaba y corría. La entrada no tardaría mucho en llenarse de arena por completo, esa era una de las formas que tenían para proteger sus tumbas. Miró alrededor buscando la mochila, pero no estaba. Acercó su rostro al de ella y la besó en los labios, a pesar de todo la amaba. Ella volvió a abrir los ojos. Aquella mirada le persiguió mientras subía el montón de arena que se había acumulado en la salida, le persiguió mientras colaba su cuerpo con dificultad por la pequeña abertura que aún quedaba libre.
Y le perseguiría el resto de su vida, siempre que cerrara los ojos.
Siempre.


viernes, 25 de enero de 2013

Entrevista con Marta Querol

Escribe menos de lo que quisiera, aunque más de lo que esperaba. Y leen sus novelas, menos de lo que quisiera, pero más de lo que esperaba. Antes de esto corría por todas partes. Estudió una carrera que nunca ejerció, hizo dos máster, tuvo familia, y trabajó sin parar. Hasta que un día, toda esa actividad se detuvo y decidió sentarse a escribir comenzando una nueva y fructífera etapa de su vida.
 
Escribió durante cuatro años en un periódico. Su primera novela «El final del ave Fénix», voló al Premio Planeta y quedó entre los diez finalistas y en 2012 fue publicada por Ediciones B. Después llegó la segunda parte de esta excelente saga familiar, titulada «Las guerras de Elena», que de momento podéis conseguir en formato digital en Amazon, pero que este año 2013 verá la luz en papel, también con Ediciones B.
 
Hola, Marta, me encanta tenerte aquí. Tengo mucha curiosidad por conocer tus respuestas a mi personal cuestionario Proust. Los escritores tendemos al ostracismo y será muy interesante descubrir quién se esconde realmente tras esa melena rubia y esa pose melancólica.
 
Espero salir viva de la entrevista.
 
1. ¿Qué rasgo de tu personalidad como escritor/a destacarías?
La pasión que pongo en ello. Creo que pongo fuerza e intensidad en lo que escribo. También el realismo. Necesito ver con claridad cada escena, cada diálogo, creérmelos como si estuvieran pasando en ese momento. Y la sencillez, huyo de florituras o excesos verbales. O eso creo.
 
2. ¿Qué cualidad esperas de un escritor o escritora?
Que me atrape lo que escribe, sea del género que sea. Si consigue meterme en su mundo, le beso los pies. Esto parece sencillo pero hay muchas cosas que me sacan de la historia, como la inverosimilitud, la retórica mal empleada, las descripciones excesivas… Así que eso es mucho.
 
3. ¿Qué esperas de tus amigos cuando les das a leer un manuscrito?
Poco, la verdad. Creo que tienden a ser demasiado benévolos y si no lo son, como a mí me lo parecen, pues tampoco les creo. Prefiero opiniones ajenas a mi entorno. Bueno, lo que sí que espero es que al menos disfruten.
 
4. ¿Cuál crees que es tu principal defecto a la hora de escribir?
Cuando empecé era la falta de organización previa. Ahora es la inconstancia. Hago demasiadas cosas y no llevo el ritmo que debiera. También la falta de autodisciplina para cumplir la línea trazada. Me van surgiendo subtramas no previstas, y me da una pena cargármelas…
 
5. ¿Cuál es tu ocupación favorita? (sin contar la escritura)
Leer, de todo. Me apasiona, leo en cualquier sitio. Y también me gusta el cine, pero casi no voy, sale mucho más caro y si el libro me atrapa lo paso incluso mejor y me dura más.
 
 
6. ¿Cuál es tu sueño de felicidad?
Sentirme en paz conmigo misma. Y para que eso se dé, tengo que percibir felicidad en los que me rodean, o al menos que no sufran.
 
7. Si pudieras ser otra persona ¿quién te gustaría ser?
Como escritora, Ana María Matute. Pero en general, siempre he dicho que en mi próxima vida quiero ser mi amigo Toni Sánchez. Un día que nos veamos te lo explico.
 
8. ¿Dónde te gustaría vivir?
Siempre me gustó viajar y eran muchos los sitios en que me sentía como en casa. Pero con los años me he vuelto más tranquila y me conformo con algún sitio frente al mar donde se escuchen las olas. Creo que no podría vivir en una ciudad sin mar.
 
9. ¿Cuál es tu lugar favorito para escribir?
Me encanta escribir en el apartamento, con el mar de fondo, pero casi nunca puedo escaparme. Siempre escribo en casa, en mi sofá (porque es mío, y solo mío).
 
10. Tus novelas favoritas son:
Por tratar de buscar libros clásicos conocidos, me impresionaron: Cien años de soledad; Beloved (porque la leí muy joven); y Orgullo y Prejuicio me parece sublime. Pero podría seguir y seguir: Camilleri, los clásicos thrillers de Frederic Forsythe que me dejaban sin dormir hasta las tantas, la prosa delicada de Marta Rivera de la Cruz o Ana María Matute, Almudena Grandes; los clásicos franceses e ingleses del XIX ; el humor de Tom Sharpe, Jardiel Poncela o Mendoza… No puedo quedarme con uno, ni con diez. Creo que ni con cien.
 
11. Esas novelas que no pudiste terminar por…
Uf, prefiero no mencionarlas. Me ha pasado con tres nada más, pero porque hasta no hace muchos años me empeñaba en acabarlas aunque muriera en el intento. En las tres me dormía con el libro en las manos, incapaz de fijar mi atención. Por cierto, dos eran ambientadas en la antigua Grecia.
 
12. Tus héroes y heroínas de ficción
No soy de héroes, pero me han cautivado Elisabeth y Darcy, en Orgullo y prejuicio, y Blasco de Exea en Venganza de Sangre. O el Conde de Montecristo. O Inés (y la alegría) con sus rosquillas. Si es que empiezo a pensar y la cabeza se me llena de «gente» maravillosa.
 
13. Tus pintores favoritos
Me emociona el impresionismo francés. También Goya en la época negra. Dalí me gustaba mucho de joven pero me ha cansado. Sorolla, casi todo lo de Hopper, algunos cuadros de Munch que descubrí al leer su biografía, y el realismo de Antonio López. Vamos, una mezcla rara (sonríe).
 
 
14. Tus compositores favoritos
Al decir compositor, que no grupo o cantante, entiendo que te refieres a clásicos. Chopin, Tchaikovsky, Claude Debussy, Stravinsky, y por supuesto Mozart, aunque no soy ninguna entendida y escucho más música contemporánea. Pero sus piezas más conocidas me emocionan.
 
15. El escritor o escritora que más admiras
Admiro a Ana María Matute por todo lo que ha conseguido, por haberlo logrado en una época en que las mujeres en la cultura eran casi invisibles, por su humildad, por su arte, en definitiva, por ser como es. Y paradójicamente, a la famosa L.D. James o los Dan Brown del mundo, por conseguir que sus libros, a pesar de todo, sean número uno mundial. Me gustaría saber hacerlo, porque me vendo fatal.
 
16. ¿Qué talento natural te gustaría poseer?
El de la meditación. Ser capaz de dejar la mente en blanco. Lo intento, pero no hay manera. O pienso en mil cosas, o caigo dormida.
 
17. ¿Qué le pides a la literatura?
Que me deje ser parte de ella, que me haga un hueco, aunque sea pequeño, cálido y duradero.
 
18. ¿En qué momento considerarías que has triunfado en la vida?
Cuando esté en paz conmigo misma.
 
19. ¿Cómo crees que será tu vejez?
Corta.
 
20. ¿Cómo desearías morir?
Como casi todo el mundo, supongo: de un infarto mientras duermo, y con un pijama digno.
 
21. ¿Cuál es tu lema?
Una mujer solo retrocede para coger carrerilla.
 
 
Háblanos un poco de tus proyectos. ¿Estás trabajando en alguna novela?
 
Tengo que terminar la trilogía de «El final del ave Fénix», y en ello estoy. Es la parte tal vez más dura de la historia, y me está costando. Y tengo un par de argumentos en la cabeza que me están distrayendo, pero prefiero no comentar de qué van (misterio).
Pues ya hemos terminado y creo que tus lectores podrán conocerte un poquito mejor después de hoy. Espero que sigas cosechando éxitos y, sobre todo, que seas feliz.
 
Espero no haberme pasado con las respuestas, pero siempre me costó quedarme solo con una cosa. Ha sido un placer compartir estas pequeñas intimidades.

Si queréis saber más de ella podéis encontrarla aquí.

domingo, 20 de enero de 2013

Mis renovados pecados literarios


 
Intento convertir la escritura en una rutina cada día, pero raras veces cumplo con mi propósito. Y las excusas siguen siendo las de siempre: dos horas no es suficiente, los lavabos necesitan un repaso, ¡qué bonito es ese cuadro de la pared!

Estoy siempre presente en todo lo que escribo, ¿cómo iba a perdérmelo?

Podría escribir sin ordenador, sin máquina, creo que podría escribir, incluso, sin papel, pero no puedo escribir sin una taza al lado. De café, por supuesto.

Adoro a mis personajes. Me encantaría tener una charla con Maite y decirle unas cuantas cosas que me contó Lucía.

Sigo leyendo a los clásicos. A unos más que a otros. No me gusta todo lo que han escrito, pero no importa, es lo que tiene el cariño.

Leo muy, muy, muy despacio. Tardo mucho en acabar los libros que escojo. Ahora leo en ebook, así que, en lugar de cerrar el libro para pensar en lo que acabo de leer y que me ha impactado de algún modo, dejo el iPad a un lado y medito. Y eso ralentiza igual la faena. Si no tengo esa necesidad es que el la historia no ha llegado allí donde debería.

Todo el mundo sabe que tengo una gran debilidad por el siglo XIX.

Sigue sin gustarme Chejov.

Y sigo adorando a Charlotte Brontë y Jane Austen.

Mi capacidad comercial ha mejorado algo, aunque sigo siendo mi peor vendedora.

Me siento frente a la pantalla del ordenador a escribir, pero antes entro "un momentito" al Facebook y al Twitter. ¡Hay que ver lo rápido que pasa el tiempo! Unos tuits de nada y ya tengo que ir a preparar la cena.

Para cada novela tengo una carpeta. Dentro de esa carpeta tengo otras carpetas organizadas por meses. Dentro de la carpeta de cada mes tengo los archivos de trabajo diario. Cuando acabo una novela hay tantos archivos con el mismo nombre y distinta fecha que parece que haya escrito una enciclopedia.

Nunca contabilizo las palabras que tienen mis novelas. Sí, ya sé que el Word te lo dice si quieres. Pero es que no quiero.

Sigo comprando muchos libros, demasiados para el ritmo al que leo. Pero ahora, al menos, me sale más barato y no ocupan sitio, porque son ebooks.

Sigo luchando por no ser de esos escritores que solo saben hablar de lo que escriben. ¡Qué pelmazos! Prefiero a mi hijo explicándome su rutina de máquinas del gimnasio.

Canibalizo a mis semejantes. Escucho mucho a los demás. Interiorizo sus cotidianidades y las guardo ocultas en mi cerebro, hasta que un día se convierten en una historia dentro de una novela.

En catalán hago castellanismos y en castellano, catalanismos. Sigue siendo inevitable y casi una seña de identidad.

Uso el diccionario de sinónimos del Word. Y el diccionario de la Real Academia. Y el Panhispánico de dudas. Y Google. Y Google Street View. Y la Wikipedia.
Y sigue irritándome que la gente quiera acentuar el adverbio solo "siempre", cuando eso no es lo que decía la norma.

Cito:
3.2.3. sólo/solo. La palabra solo puede ser un adjetivo: No me gusta el café solo; Vive él solo en esa gran mansión; o un adverbio: Solo nos llovió dos días; Contesta solo sí o no. Se trata de una palabra llana terminada en vocal, por lo que, según las reglas generales de acentuación ( 1.1.2), no debe llevar tilde. Ahora bien, cuando esta palabra pueda interpretarse en un mismo enunciado como adverbio o como adjetivo, se utilizará obligatoriamente la tilde en el uso adverbial para evitar ambigüedades: Estaré solo un mes (al no llevar tilde, solo se interpreta como adjetivo: ‘en soledad, sin compañía’); Estaré sólo un mes (al llevar tilde, sólo se interpreta como adverbio: ‘solamente, únicamente’); también puede deshacerse la ambigüedad sustituyendo el adverbio solo por los sinónimos solamente o únicamente.




 

lunes, 7 de enero de 2013

Portada de La Tumba compartida



Aquí tenéis la portada, que han hecho en Ediciones B, para La Tumba compartida en papel. Espero que os guste tanto como a mí.

domingo, 30 de diciembre de 2012

FELIZ AÑO 2013

Me encantaría compartir con vosotros una copa de cava. Se acaba otro año, y digo otro sin ninguna clase de hastío, que quede claro. Sé que el 2012 ha sido un año nefasto para muchas personas en el mundo. Un año terrible para la economía mundial. Terrible para la concepción de Democracia. Terrible porque nos ha hecho dudar profundamente de nuestra capacidad de decidir, de cambiar las cosas.

A pesar de todo lo dicho, sería poco honesto por mi parte no reconocer que, para mí, ha sido un año estupendo. Mi novela La Tumba compartida ha sido leída por miles de personas y Ediciones B se ha convertido en mi editorial. Peso cero me ha acercado también a miles de lectores, algunos de los cuales han tenido la deferencia de ponerse en contacto conmigo para agradecerme cosas que en ningún caso merecía.

En estas fechas toca hacer recuento, preguntarse uno si ha conseguido sus propósitos, revisar sus compromisos con el año que se acaba y ser sincero. He de entonar el mea culpa por algunos de esos compromisos. Me apunté a retos que no he sido capaz de llevar adelante por falta de tiempo, aunque es cierto que en el momento en que me apunté a ellos mi vida era muy distinta. No he ido al gimnasio con la asiduidad que desearía y no he aprendido meditación, ni inglés.

Pero también hay cosas que me propuse y sí he conseguido: he dejado de morderme las uñas y he terminado una novela. No está mal ¿no os parece?

Para acabar compartiré con vosotros mi serie, mi película y mi canción para este año 2012. Como os habréis fijado no he dicho l@s mejores de 2012. Mi elección ha sido algo personal, es una opción que me define más a mí, que a la elección en sí. Este año, en ese momento...

No elegiré mi libro de este año porque después de pensarlo mucho, no puedo elegir solo uno. He leído muchos autores de Amazon, además de clásicos y contemporáneos. Muchos de ellos competirían por ese puesto especial.

Así que, empezando por la serie, sin lugar a dudas, elegiría la segunda temporada de Juego de Tronos. Una serie ambiciosa sobre una novela ambiciosa y que, a mi entender, consigue su propósito con creces.




Esta película me dejó un poso amargo, muy amargo. Me removió por dentro y me hizo sentir.
"Solo hay vida en la Tierra. Y por poco tiempo".




Y en cuanto a la canción. Os pongo esta versión porque es en directo, una grabación de estudio. Y, además, va subtitulada. Me inspiró cuando escribía.




Y ya no me queda más que desearos a tod@s un

 FELIZ





lunes, 24 de diciembre de 2012

Calendario de Navidad - 24 de diciembre

 
Último día de mi calendario navideño particular.
24 de diciembre.
Ya os he deseado todo lo deseable.
No me queda nada más que agradeceros
vuestra compañía durante todo este año.
Las 89.184 Visitas.
Haber compartido con vosotros tantos
escritos, novedades,
alegrías.
Gracias
 
¡FELIZ NAVIDAD!
 
 
 

domingo, 23 de diciembre de 2012

Calendario de Navidad - 23 de diciembre

 
Noveno día de mi calendario navideño particular.
Día 23 de diciembre de 2012.
Todos los que me conocen saben
que tengo debilidad por el siglo XIX.
Y también saben que mis escritores favoritos
escribieron en ese siglo.
Estoy segura de que mi pasión por las letras
nació de ese amor declarado una y mil veces.
Leer a Jane Austen, las hermanas Brönte,
Henry James, Oscar Wilde, Dickens, Flaubert, Stendhal,
Poe, Tolstoi, Ibsen, Dumas...  
Todos ellos me enseñaron a amar la literatura.
A amar los libros.
Me enseñaron a soñar, a vivir otras vidas,
a sentir cosas que nunca antes había sentido.
A comprender las que sentía.
Me mostraron el mundo y a los seres humanos.
 
Hoy os deseo mucha, mucha LITERATURA.
Palabras encadenadas a Historias.
Historias llenas de emoción.
Mi Navidad siempre ha estado ligada a los libros.
Espero que en la vuestra no falten.
 
 
 

sábado, 22 de diciembre de 2012

Calendario de Navidad - 22 de diciembre

 
Octavo día de mi calendario navideño particular.
Día 22 de diciembre de 2012.
Hoy he ido a dar un paseo por Barcelona.
Puerta del Ángel era un bullidero (permitidme el palabro) 
de gente comprando turrones, paseando,
impregnándose del ambiente de Navidad que se respiraba. 
Eso me ha hecho pensar que, a pesar de todo,
las personas tenemos necesidad de "celebrar".
Tenemos necesidad de creer que hay motivos.
 Una vez alguien me dijo
que somos seres simbólicos.
Que los seres humanos necesitamos
"símbolos" que nos ayuden a ubicar nuestras emociones.
Quizá estos días sean solo eso:
una excusa para sentir emociones.
Y eso os deseo en el día de hoy:
EMOCIONES
Pero de las buenas,
de esas que te hacen sentir
cada parte de tu cuerpo
y ponen el acento en que estamos vivos.
 
 
 

viernes, 21 de diciembre de 2012

Calendario de Navidad - 21 de diciembre

 
Séptimo día de mi calendario navideño particular.
20 de diciembre de 2012.
El mundo sigue dando vueltas,
por si alguno no se ha dado cuenta,
y la Navidad se acerca inexorable hacia nosotros.
Os quedan pocos días para buscar
la excusa que necesitáis para alegraros
(si es que necesitáis alguna).
Cuando era niña,
pegaba nubes de algodón en una cartulina azul
y os aseguro que aquello era el cielo más hermoso
que una niña pueda desear.
El río de mi pesebre no llevaba agua,
era de papel de plata y por más que me esforzaba
nunca quedaba lo suficientemente liso.
Mi deseo para hoy es PACIENCIA.
No la perdáis en los preparativos,
que os va a hacer falta para las comidas,
cenas y demás celebraciones.
 
 
 
 

jueves, 20 de diciembre de 2012

Calendario de Navidad - 20 de diciembre

Sexto día de mi calendario navideño particular.
20 de diciembre de 2012.
Vamos a ver, que mañana no se va a acabar el mundo,
lo saben hasta en Reticulín de arriba.
Que todos querríamos que algunas cosas de este mundo se acabaran, lo sabemos todos.
Pero lo único que está claro es que hoy es 20 de diciembre,
que Frank Sinatra era La Voz, con sillón o sin sillón articulado
y que Michael Bublé es la personificación del buen gusto.
Como parece que Santa Claus viene a la ciudad,
le voy a pedir para todos nosotros
la capacidad para saber disfrutar de las cosas pequeñas.
Esas que casi nunca cuestan dinero,
en las que apenas nos fijamos
ni siquiera cuando disfrutamos de ellas
y que permanecen guardadas en un cajón
esperando a que recobremos la sabiduría.
Aquí tocaría una canción de Serrat,
pero como es Navidad ha venido este chico tan majo
que canta que da gusto.
 
 
 

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Calendario de Navidad - 19 de diciembre

 
Quinto día de mi calendario navideño particular.
Día 19 de diciembre de 2012.
Tengo dos vicios confesables...
bueno, en realidad tengo muchos más,
pero hoy solo quiero hablaros de estos dos.
Uno es el café, porque el café representa "un momento".
El otro es la Coca cola, y ese lo arrastro desde mi infancia.
Para mí la coca cola tiene magia y sus anuncios
me recuerdan la Navidad de mi niñez.
Mi deseo de hoy es que encontréis
un motivo para creer en la magia,
esa que hace que cosas que nos parecen imposibles,
se hagan realidad.
Como cuando me ha contado esta mañana una compañera
que su hijo ha encontrado trabajo.
Eso, hoy en día, es MAGIA
 
 
 

martes, 18 de diciembre de 2012

Calendario de Navidad - 18 de diciembre

 
Cuarto día de mi calendario navideño particular.
Día 18 de diciembre de 2012.
Dicen que quien tiene un amigo tiene un tesoro.
Pero en realidad para tener un amigo solo hacen falta
dos personas que quieran compartir.
Compartir momentos, no cosas.
Una charla, un café...
Hoy quiero desearos
que encontréis buenos amigos
(si es que no los tenéis ya, claro).
 
 

lunes, 17 de diciembre de 2012

Calendario de Navidad - 17 de diciembre

 
Tercer día de mi calendario navideño particular.
Día 17 de diciembre de 2012.
Para algunos estas navidades no habrán cenas, ni abrazos.
Para algunos no habrá motivo para celebrar.
Para algunos la tristeza será su única compañía.
Por eso, si tienes un solo motivo para estar contento, es una obscenidad que lo desprecies.
Hoy os deseo que tengáis ganas
de SOÑAR.
  

domingo, 16 de diciembre de 2012

Calendario de Navidad - 16 de diciembre




Segundo día de mi calendario navideño particular.
Día 16 de diciembre de 2012.
Hoy os deseo ESPERANZA
porque es cierto que el mundo
está lleno de motivos para la desesperación,
pero creedme:
es inevitable tener esperanza.
Está pegada a nuestra piel,
unida a las muchas veces que la hemos sentido.
 
 

sábado, 15 de diciembre de 2012

Calendario de Navidad - 15 de diciembre

 
 
Hoy empiezo mi personal calendario Navideño.
Porque aún no me he olvidado de mi niñez.
Porque aún tengo esperanza en los seres humanos.
Porque hay mucha tristeza y desesperación en el mundo.
Porque necesito soñar.

Mi primer deseo para vosotros será:
AMOR.
Pero de ese que sale en las películas.
Del que se empeñan en decirnos que no existe.
Del que escribimos en los libros y te pone la piel de gallina.
De ese.
 
 

domingo, 2 de diciembre de 2012

Amor y Amistad

Cuenta G.K Chesterton en su prólogo, que Jane Austen dejó todo lo que poseía, incluidos estos textos, a su hermana Cassandra. Y he de deciros que estoy segura de que la hermana mayor de Jane debió llorar de la risa leyendo las historias de los personajes que la pequeña dibujó en estos relatos. Creo que en estos inicios es donde Jane luce en todo su esplendor la característica ironía que se vislumbra en todas sus obras. En muchos de estos relatos podemos adivinar a los personajes que después configurarán sus novelas más famosas. Es evidente al leerlo que Jane iba fraguando su mundo imaginario y los personajes, casi caricaturas al principio, acabarían manifestando una gran personalidad, más tarde.
 
 
“—Lucy —dijo Lady Williams— es muy libre de hacer lo que quiera y espero que no dude en aceptar tan amable invitación por ningún tipo de consideración hacia mí. Realmente, no sé cómo podré separarme de ella. Nunca ha estado en Bath y creo que disfrutaría muchísimo con ese viaje. Hable, querida -continuó, dirigiéndose a Lucy—, ¿qué le parece acompañar a estas Damas? Me sentiré terriblemente mal sin su compañía... aunque, claro, sería muy agradable para usted y de verdad espero que vaya. Si decide ir, para mí será como la Muerte... pero, por favor, que esto no la detenga.”
(Jack y Alice)
 
Jane escribió estos relatos entre los 12 y los 18 años y lo hizo para que sirviesen de divertimento en las tardes de reunión familiar. Hay obras muy tempranas junto a otras más evolucionadas, cercanas ya a su época de novelista, no olvidemos que escribió Juicio y Sentimiento a la edad de 22 años.  
 
“El tiempo transcurría de la forma más deliciosa, entre muestras de mutua amistad y votos de amor inalterable, sentimientos que nunca se veían interrumpidos por la llegada de desagradables visitantes, pues Augustus y Sophia habían tenido buen cuidado en, al llegar por primera vez a aquel vecindario, informar a las familias de los alrededores de que, como su felicidad se centraba totalmente en ellos mismos, no deseaban otro tipo de relaciones.”
(Amor y Amistad)
 
 
Se ve perfectamente en estos inicios la pluma afilada de la escritora. En algunos de ellos es evidente su juventud, pero también la poca contaminación de su discurso, de manera que expone abiertamente y sin tapujos el desprecio que le producen un tipo de personajes habituales de su época. Satiriza el comportamiento absurdo y mezquino de algunos de sus contemporáneos y puede llegar a parecer cruel al mostrar sus debilidades.

“Se trata de un hombre bastante mayor, de unos treinta y dos años, muy feo, tan feo que apenas puedo soportar mirarlo. Es bastante desagradable y le odio más que a cualquier otra persona en el mundo. Tiene una fortuna enorme y se propone poner muchos bienes a mi nombre en el contrato prenupcial, pero... goza de muy buena salud. En resumen, no sé qué hacer. Si le rechazo, tan verdad como que me lo dijo, pedirá en matrimonio a Sophia, y si ella le rechaza, a Georgiana, y no podría soportar ver casadas antes que yo a ninguna de las dos. Si le acepto, sé que seré una desgraciada el resto de mi vida, porque tiene un temperamento terrible, es irritable, extremadamente celoso y tan tacaño, que vivir a su lado no es vivir.”
(Las tres hermanas)
 
Empezaba a despuntar la enorme personalidad de aquella joven escritora que supo mostrar la debilidad de una sociedad caduca, a través de historias, aparentemente insustanciales, en las que situaba el foco sobre la obligatoria debilidad de la mujer, la caballeresca presunción del hombre y un sistema de subsistencia económica basado en el matrimonio de conveniencia.
 
“—Es decir, todo el mundo que tenía un compromiso con ellos. Pero ¿llamaría usted afortunada a una niña inteligente y sensible, que es enviada a Bengala a la búsqueda de un marido, que se casa allí con un hombre cuya personalidad no tiene tiempo de juzgar, hasta que su juicio ya no le sirve de nada, y que puede ser un tirano o un loco, o ambas cosas, porque nada parece indicarle lo contrario? ¿Llamaría a eso buena suerte?”
(Catharine, o El Cenador)
 
 

sábado, 17 de noviembre de 2012

El Piano



Siempre había sentido la música, desde muy niña. Su padre tocaba la guitarra y cantaba flamenco. Su madre le acompañaba. Lo hacían en casa, durante alguna celebración, en días especiales. Entonces a ella le sonaba bien esa música porque representaba algo que ellos amaban. Quizá por eso le gustaba cantar y lo hacía en todas partes, en la calle, en la escuela. Se le daba bien, lo lleva en la sangre, decían los mayores.

Pero su sueño, lo que de verdad deseaba en secreto, era poder componer música delante de un piano. La música clásica inundó su casa, aquella que antes solo habían visitado: Rafael Farina, Manolo Escobar, entre otros, de la mano de sus padres. Los Beatles, Supertramp, El dúo dinámico y Serrat, de la de los demás.

Ahora, junto con el nuevo tocadiscos (acabado ya el tiempo del de maleta), llegaban decididos Mozart y su Serenata nocturna, Chopin y su Revolucionario, Liszt y su Concierto para piano nº 2 en La, Vivaldi y Las cuatro estaciones, Debussy con El Preludio a la siesta de un fauno y, sobre todos ellos Tchaicovski y su Concierto para piano nº 1 en si bemol menor.

A los diecisiete años, cuando pudo disponer de dinero propio se encontró ante la más maravillosa coincidencia. Se llamaba Francina y la conoció por ser la novia de un amigo, algo mayor que ella. Pero lo más importante es que era profesora de piano.

Francina la escuchó tocar la guitarra y cantar y le dijo que había algo en ella que no se aprende en una escuela de música: sentimiento. Se ofreció a darle clases a un precio que pudiera pagar, haciendo de hada, papel que le iba muy bien.

La profesora madrina le dio las llaves de su casa para que pudiera ensayar cada día. Ella tenía vocación, pero no tenía piano. Sin la una se puede aprender, pero sin el otro es imposible. Allí había un gato que le hacía compañía y que tenía el detalle de no huir despavorido al oírla repetir una y otra vez la misma pieza machacona, que al principio todas lo son.


Ensayaba durante tres y cuatro horas diarias, era como si fuese consciente de que tenía poco tiempo y debía aprovecharlo bien. Durante aquellas horas no era una aprendiza, era una virtuosa del piano escondida en una buhardilla, que buscaba sin descanso la obra de su vida, aquella que solo ella podía componer.

Nunca se había tomado nada tan en serio.
 
El día que fue a ver a su profesora por primera vez a un concierto, ella le dijo una frase que jamás olvidaría: yo tengo la técnica, pero tú tienes talento.


Los años pasan y los sueños se guardan escondidos en un cajón, porque dan miedo. Allí se meten también las fotos en las que no nos reconocemos, el primer beso, la primera desilusión...
 
Ahora tiene un piano que aguanta una pared de su casa. Es un hermoso piano, de color negro, que mantiene brillante con una suave gamuza. Cada vez que alguien la visita por primera vez, hace la misma pregunta:
—¿Quién lo toca?

Ella lo mira con tristeza y responde:

—Nadie.
Y piensa que llegó tarde, cuando ya no había tiempo para sueños de tanta vida que se le acumulaba entre las manos.
De vez en cuando se sienta frente a él y lo acaricia. Quiere que sepa que está ahí y que, quizá, algún día vuelva a tener diecisiete años y una buhardilla.

martes, 30 de octubre de 2012

Nadie va a creerte

Miraba por la ventana tratando de reconocer, al menos, el paisaje. Detrás de ella, el cuerpo inerme de Jandro dejaba que la sangre se escapase lenta, pero inexorablemente. Al ver pasar a uno de sus vecinos no pudo evitar recordar que también le había visto por la mañana, cuando salía de casa para ir a trabajar. Aquellas horas le parecieron entonces una distancia inabarcable para su cerebro resquebrajado.
  
Cuando era niña, solía esconderse debajo de la mesa a la hora de irse a la cama. Aquel momento le resultaba especialmente aterrador. Cuando su madre la arropaba y le daba las buenas noches ella siempre trataba de retenerla con alguna excusa. Nunca se atrevió a decirle cuánto miedo le daba que la dejase sola en la semipenumbra de su habitación.

En la pared había una Virgen de porcelana con las manos juntas en actitud de oración. Era tan solo una talla colgada de una alcayata, pero para ella suponía la personificación de sus terrores más profundos.
 
Cuando su madre salía de la habitación aquella imagen cobraba vida. Giraba el rostro hacia la niña y, oscureciendo sus ojos, transformaba la dulce sonrisa en una mueca espeluznante. La pequeña no podía resistirse al terror y se escondía bajo las cobijas, temblando como una hoja, hasta que se quedaba dormida. Entonces las pesadillas se hacían cargo del resto.

Miró aquellos ojos oscuros que la observaban desde la pared. Una semana hacía que había muerto su madre y doce los escalones que llevaban al desván de la vieja casa familiar. Le había preparado una caja con sus recuerdos. Sujetándole con fuerza del brazo, ya moribunda, le había insistido en que debía llevársela de allí

Jandro se enamoró de la talla, deformación profesional, y la colgó en la pared que vigilaba su cama.  Noche tras noche, ella se escondió bajo las sábanas ante los ojos siniestros y amenazantes de la figura.

La sangre goteaba sobre la alfombra blanca. Nadie iba a creerla.
Era una hermosa talla.
Nada más.

 


miércoles, 10 de octubre de 2012

La Tijera

No tiembla su hoja ante mi mirada, me habla de seguridad y fragilidad, en un magnífico plano, en mitad del Universo ambiguo. Al borde del abismo, sujeta por mi mirada, me hace preguntarme ¿qué ocurrirá después? ¿Qué pasó antes?

Cansada del trabajo rutinario, de un mundo de papel, cartón, tela y quien sabe qué más argumentos, hastiada de no ver más allá de su vacío. Temerosa de acercarse a aquello que ama porque sabe que su beso rompe y rasga. Creada para servir y olvidada en un cajón a la espera de ser sostenida por mano firme y cálida, que susurre en su oído de metal los deseos más imposibles, los sueños y proyectos más creativos. Sueña que la dejan desfilar por colores luminosos y después permiten que se entretenga en el detalle y la forma.

Sus antepasados la contemplan desde la Antigua Grecia. Cimbrean los troncos desnudos de las flores que ha cortado. Los cabellos que ayer adornaban el rostro amado, ella los hizo caer con precisión de cirujano y dolor que no se siente. Fue ajuar funerario de tumbas lejanas, ocupó las manos de princesas y lacayos. Ha estado en permanente actividad, desde casi el principio, y cada nuevo día la convierte más en lo que fue. Apenas ha cambiado su aspecto desde aquellos tiempos de la antigüedad, tan perfecta es su forma que no ha necesitado de maquillaje ni cirugía reparadora. De plata y oro la hicieron, de acero se ha visto cubierta, siempre para el mismo fin. Siempre con la misma distancia del demiurgo dominante. Sostenida, amarrada, acompañada en su viaje de separar y reconvertir aquello que fue en algo nuevo.
Si me pidiera ayuda no podría dársela, permanecerá cautiva de las miradas ajenas a su arte. Callada, en un mutismo obligado, sus músculos de acero teñidos de mi roja sangre. Por siempre quieta. Por siempre distante.

¿Que cuándo te dejaré libre? Nunca, ingenua dominante. Creíste que esperabas y no era cierto. Ya nada esperas, se acabó el tiempo de mantenerte al acecho de su llegada, dispuesta a ayudarle en su tarea. Siempre estuviste para ese borde y canto, siempre dedicada y entregada. Ahora descansa, aprovecha el olvido para recordar, despierta aquellas imágenes dormidas en tu memoria. Recuerdos tuyos de recuerdos de otros. Momentos en la vida de cada uno que quedaron fijos en una imagen que tú recortaste y convertiste en amuleto. Estuviste en mis manos y aquel recuerdo amargo se hizo añicos entre tus brazos, sujetos por dedos que se clavaban en tus ojos. Cuántos como yo se servirían de ti para borrar el pasado, cuántos para huir, creyendo que había para ellos un nuevo futuro. Quitaste las notas de mi partitura y dejaste la canción tal cómo la quería escuchar, tan sólo aquello que de veras me pertenecía, quebrando la parte del tronco que nos unía. Ahora mis álbumes de fotos aparecen mutilados y mis recuerdos, olvidados. ¿Por qué será entonces que siempre que las miro veo lo que ya no está, lo que tú quitaste y convertiste en migajas que dar a la tierra? ¿Por qué allí donde ya no hay nada mis ojos se quedan fijos y puedo sentir el sonido de tu quehacer, de tu abrir y cerrar acompasado?

Igual que siento tu fría hoja entrando en mis entrañas.

 
Él se fue, yo me voy. Se apagará la luz y se oscurecerá el mundo, un mundo recto y tajante en el que nunca más hundir tus manos.