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miércoles, 27 de noviembre de 2013

El lado bueno de las cosas, de Matthew Quick


Título: El lado bueno de las cosas/The Silver Linings Playbook
Autor: Matthew Quick
Género: Ficción
Editorial: Debolsillo
Año: 2013

SINOPSIS
Os presentamos a Pat Peoples, sufre de amnesia y ha desarrollado una teoría muy peculiar según la cual su vida es una película producida por Dios. Y la misión que le ha dado Dios es ponerse en forma y convertirse en un buen tipo para recuperar a su ex esposa. Bueno, Pat es un poco disfuncional y, por esta razón, ha pasado algunos años en un centro de salud mental. Ahora ha regresado al hogar familiar y allí, con la ayuda de su madre y, Tiffany, una inesperada amiga, emprende su particular plan de rehabilitación y reconquista. Pero los caminos del señor son inescrutables, y el final feliz de Pat Peoples está muy lejos de ser como él había imaginado.


Esta novela me enganchó desde la primera página, no sé muy bien por qué. Hacía tiempo que no me leía una novela en tres días. Mucho tiempo. 


Pat Peoples es un personaje singular. Con la visión de un niño nos va mostrando página a página lo que él considera “su mundo real”, el guión de una película de serie B que él mismo protagoniza y cuya única finalidad es prepararse para cuando finalice “el periodo de separación”. Para ello, una vez que sale de psiquiátrico donde él cree que ha pasado unos meses, se prepara a diario para recuperar la forma física que había perdido por la dejadez a la que se había abandonado después de unos años de matrimonio.



Pat tiene una visión infantil e ingenua sobre la vida, todavía cree en los finales felices de las películas y se pasa la mayor parte del libro intentando convencernos a nosotros, con sus soliloquios, de sus pensamientos optimistas. La intimidad que se crea entre el personaje y nosotros provoca en el lector cierto sentimiento de tristeza.


A mí no me gusta el deporte, la verdad, pero las páginas en las que nos habla de los partidos de fútbol americano, animando a su equipo, los Eagles, con su hermano y su terapeuta Cliff, me parecen sublimes. Y la manera de mostrarnos la relación con su padre, que se reduce a ver algunos de esos partidos por televisión, mientras su madre les prepara comida especial, a pesar de que detesta el fútbol, me pareció de una sutileza admirable.

En cuanto al final de la novela, no negaré que me temía lo peor: una almibarada cesión Hollywoodiana. Sin embargo Matthew Quick me sorprendió gratamente dándome un final perfecto. 


En 2012, David O. Russell dirigió una película sobre esta novela, de la que son las imágenes que he utilizado para ilustrar mi entrada, pero no puedo opinar sobre ella porque no la he visto.

Una novela a tener en cuenta, fresca y profunda a partes iguales, con un personaje Pat Peoples, digno de ser creado.




Matthew Quick trabajó como profesor en Filadelfia antes de dejarlo todo para navegar durante seis meses por el Amazonas peruano, formar el círculo literario The Bardbarians, recorrer el sur de África con la mochila al hombro y, finalmente, trabajar a tiempo completo como escritor. Doctorado en escritura creativa por el Goddard College, actualmente vive en Filadelfia con su mujer y su galgo. (Biografía extraída de la web Megustaleer.com)

miércoles, 13 de abril de 2011

La abadía de Northanger


Cuando Jane Austen escribió esta novela tenía unos veintitrés años, sin embargo, se publicó de manera póstuma en 1818.


En un principio se tituló Susan, que era el nombre de la protagonista, pero después Jane decidió cambiárselo por el de Catherine y la novela se tituló La Abadía de Northanger.


Algunos piensan que es muy evidente que se trata de la primera novela de Austen, que no está tan bien escrita como las siguientes. Sin embargo, es una de mis favoritas.


Es en esta obra, quizá, en la que la ironía que la caracterizaba (y con la que me siento íntimamente ligada) resulta más evidente y mordaz, hasta llegar, en algunas ocasiones, al sarcasmo. Se da el gusto de hacer una crítica de las novelas góticas que eran muy populares en esa época, llevando a la protagonista a situaciones absurdas y rocambolescas derivadas de su afición a leer estas novelas.


Tampoco se escapan a su critica los libros que enseñaban cómo debía uno comportarse y que acompañaban a los jóvenes del 1700 durante su aprendizaje.


Catherine Morland, la protagonista, es una recreación de la heroína de una de esas novelas góticas a las que hace referencia Austen en la novela. Hay una interacción entre su personaje y ella misma en la que lo que para el personaje es terrible a la autora parece divertirle. La inocencia de Catherine, imbuida por las historias que ha leído, la hace arrastrar sus fantasías hasta la realidad.


El personaje masculino de esta historia, Henry Tilney, no puede evitar una actitud algo "condescendiente" con aquella joven inocente que, siendo una ávida lectora de novelas, tiene escasa experiencia sobre aquello que lee. El joven Tilney es el personaje más perspicaz de la obra, ha leído cientos de libros, pero también conoce a muchas personas y es capaz de comprender la realidad humana mucho mejor que la mayoría de los que le rodean.


Como en todas las novelas Austen, nos encontraremos con los personajes habituales, jactanciosos, interesados, insensibles, costumbristas y tradicionales, clasistas... En fin una amalgama de personajes a cual más interesante y, si me lo permitís en este caso, más divertido.


La Abadía de Northanger es para Catherine el ideal gótico. En el viaje de ida, Henry se divierte a su costa diciéndole lo que está seguro que ella espera oír. Al llegar allí, en una noche tormentosa, se ve a sí misma como la heroína de una novela y todo lo que ve a su alrededor toma el cariz de una realidad paralela (como le ocurriera al Hidalgo Don Quijote, allá en La Mancha). Para la joven protagonista, la abadía es un lugar misterioso en el que tienen que haber ocurrido cosas terribles...


La vida se encargará de enseñarle a Catherine que la realidad no está basada en una novela gótica.


Os la recomiendo encarecidamente.

jueves, 7 de abril de 2011

Marianela o la tristeza


Marianela de Benito Pérez Galdós es una de mis novelas preferidas.

También es una de mis relecturas habituales y como la dejé fuera de ese post le voy a dedicar uno completico.

¿Qué se ha dicho de esta obra?

"Marianela" es una novela moral que muestra la grandeza de espíritu del género humano, no obstante pocas logran realizar el profundo escrutinio que realiza Galdós en el corazón de sus personajes.

Cierto. La primera vez que leí esta obra el personaje de la niña, inocente y entregada a Pablo como un perro lazarillo, sostuvo mi corazón en sus manos desde el momento en que aparece en escena. Después, según avanza la trama, fui yo la que entré dentro del libro y pude sentir cada una de las silenciosas yagas que se abrían en el pecho de la muchacha.

Argumento:
Marianela, joven huérfana y de pobres atributos físicos, sirve de lazarillo de Pablo, joven ciego y de cómoda posición social, de quien se enamora. Pablo, que sólo conocía el mundo a través de las descripciones que de él hacía Nela y de las abundantes lecturas que le hacía su padre y que Pablo recibía con avidez, jura a Nela que sus sentimientos hacia ella eran los mismos. Bajo la promesa de una vida juntos, Nela se entrega a la construcción de las más cándidas fantasías de vivir a su lado...

He de decir que lloré con auténtica angustia al acabarla y la leí de un tirón de principio a fin. Me sorprendió la calidez de Pérez Galdós, la suavidad con que construyó sus personajes y cómo les dio la sensibilidad necesaria para convertirse en humanos. Todos ellos. La he releído muchas veces y siempre consigue hacerme sentir el mismo dulce cariño por la muchacha que tiene el corazón en carne viva, a la intemperie, para que quien quiera pueda asárselo a la parrilla.

domingo, 20 de marzo de 2011

Los juegos del hambre, de Suzanne Collins:

¿Os imagináis como será la septuagésimo cuarta edición de "Gran hermano"?
¿Creéis que seremos capaces de poner algún límite?

Los Juegos del Hambre
Saga "Distritos"
Autora: Suzanne Collins



Primera parte:
LOS TRIBUTOS
"Me lo prendo en la camisa y, con la tela verde oscuro de fondo, casi puedo imaginarme al sinsajo volando entre los árboles. "

Sinopsis:

Un pasado de guerras ha dejado los 12 distritos que dividen Panem bajo el poder tiránico del “Capitolio”. Sin libertad y en la pobreza, nadie puede salir de los límites de su distrito. Una chica de 16 años, Katniss Everdeen, osa desafiar las normas para conseguir comida y poder mantener a su familia. Como ejemplo de su autoritarismo y prepotencia el "Capitolio" obliga a cada distrito a enviar a un chico y una chica a un evento televisivo anual llamado Los Juegos del Hambre.
Los participantes deberán subsistir en un medio hostil y, para ello, tendrán que luchar a muerte para cumplir con la regla número uno de los juegos: Solo puede quedar uno.

Es la hora. Ya no hay vuelta atrás. Los juegos van a comenzar. Los tributos deben salir a la Arena y luchar por sobrevivir.
Ganar significa Fama y riqueza, perder significa la muerte...
¡Que empiecen los Septuagésimo Cuartos Juegos del Hambre!

viernes, 11 de marzo de 2011

Juicio y Sentimiento


Tras la muerte de Henry Dashwood, su casa y fortuna pasaran a manos de su único hijo varón, John. Por este motivo, y en su lecho de muerte, el señor Dashwood exige a su hijo la firme promesa de que cuidará de sus tres hermanas, fruto de segundas núpcias, y la madre de éstas.

John Dashwood, se nos presenta como un hombre débil de carácter y extremadamente manipulable, hecho que aprovechará su egoísta mujer, Fanny Ferrars, para hacerle desistir del cumplimiento de dicha promesa.

El matrimonio Dashwood y su hijo se trasladan a la casa paterna haciendo todos los esfuerzos posibles porque Elinor, Marianne, Margaret y su madre, se sientan como intrusas en la que, hasta esos momentos, había sido su casa.

En esa situación, reciben la muy grata visita de Edward Ferrars, hermano de Fanny, un joven encantador, leal e íntegro, que se ganará el respeto y admiración de toda la familia, especialmente el de Elinor.

Y hasta aquí quiero contar, no voy a destripar la trama porque Austen no se lo merece.

Personajes principales:

Señora de Henry Dashwood: segunda esposa y madre de Elinor, Marianne y Margaret. Siente una mayor afinidad por su hija mediana, Marianne. Es poco práctica, romántica e irresponsable. La típica madre que se comporta como una hija. Se siente débil frente a la seguridad y autocontrol de su primogénita.

Elinor Dashwood: La mayor de las tres hermanas, es racional, inteligente y responsable. A menudo tiene que tomar el papel de madre y vigilar el comportamiento de su hermana mediana y la ligereza con que su madre utiliza el dinero. No es tan romántica, pero sí más consciente de lo que supone amar. Es sensible, pero no solo para consigo misma, sino también para los demás. Prefiere sufrir en silencio, soportando que la tachen de insensible.

Marianne Dashwood: La mediana de las hermanas. Es emocional, romántica y sensible. Muy honesta en sus sentimientos, pero incapaz de controlar su medida. Excesivamente superficial, ama las apariencias, no lo que verdaderamente es. Como adolescente, está convencida de que nadie la entiende y, por supuesto, que tiene siempre razón. No quiere escuchar a su hermana mayor, porque la considera fría y calculadora.

John Dashwood: Primogénito de Henry Dashwood, fruto de su primer matrimonio. Dominado completamente por su perversa e insensible esposa Fanny, se deja manipular por ella, porque le conviene. No pierde la oportunidad, siempre que puede, de quejarse frente a sus hermanas de los muchos problemas que le acarrean sus enormes gastos. Es el típico "lechuguino".

Edward Ferrars: Hermano de Fanny. Su atractivo está en su personalidad, culta e interesante, su sensibilidad para con los demás y su firme honorabilidad. Para mi gusto carece un poco de la pasión que se detecta en otros protagonistas de Jane Austen. No me refiero a pasión romántica, sino apasionamiento por los propios ideales y por la vida.

Coronel Brandon: Es un hombre de treinta y cinco años, atractivo y distinguido. La tragedia que le acompaña desde su juventud, pone un tinte amargo en su limpia mirada. Aparentemente apático, guarda en su interior una llama que da calor a todo aquél que se acerca lo suficiente. Es mi personaje favorito en esta historia, su contención, su mirada siempre pendiente del ser amado, al que respeta por encima de todo, incluso de los propios sentimientos.

Willoughby: Atractivo, joven y elegante. Amante de la buena literatura, claro ejemplo del ideal romántico de la época, un galán de novela en toda regla. Austen hace con él lo que suele en este tipo de personajes, no los envuelve en un halo de maldad absoluta, les deja su pequeño corazoncito. La belleza y vida fácil les ha convertido en lo que son, en el fondo parece compadecerse de ellos.
Como siempre, Jane Austen, aprovecha una trama romántica, para mostrarnos cómo era la vida de su época. La hipocresía de una sociedad más preocupada por las costumbres y las apariencias que por los valores auténticos. La debilidad de la mujer frente a unas tradiciones que la obligaban a conseguir un buen matrimonio si quería sobrevivir. Las promesas de los hombres de las que dependía absolutamente su bienestar. Las mujeres Austen son siempre un paradigma de fortaleza frente a una sociedad que les era hostil. Yo tengo la teoría de que todas las mujeres Austen son en realidad la misma y son el entorno y sus circunstancias las que las diferencian.

martes, 11 de enero de 2011

Abril en París, de Michael Wallner

París 1943. Michel Roth, un modélico soldado alemán, es destinado a las oficinas de la Gestapo en París, durante la ocupación. Roth no se cuestiona su papel, es el intérprete que traduce las palabras de los detenidos cuando son interrogados, presenciando por ello desagradables torturas.

Tras el trabajo, y en lugar de ir a los lugares de alterne que frecuentan sus compañeros, él decide vestirse de civil y mezclarse con la sociedad ocupada parisina, adoptando la personalidad ficticia de "Antoine". Cada vez más cómodo con este alter ego, conoce en una librería a una muchacha...

Michael Wallner es actor y guionista. Nació en Austria en 1958 y vive en Berlín. La base narrativa de la novela "Abril en París" me atrajo desde el principio. La idea de una relación romántica entre un soldado alemán y una joven francesa miembro de la resistencia resultaba de lo más interesante. Wallner tenía la mitad del trabajo hecho, la época, los personajes, solo le faltaba hilvanar la historia.

No hago nunca reseña de libros que no me hayan gustado, pero es que este tiene algo diferente a los demás. Me sigue pareciendo que la historia promete y no me ha dejado un gusto del todo amargo. La relación de amor entre Chantal y Antoine resulta muy poco convincente. El personaje de Roth, contradictorio e inestable, sin ideales, incapaz de tomar partido a pesar de ver lo que se hace con los detenidos, se transforma de repente en un superhéroe capaz de soportar lo indecible, las torturas más retorcidas, el más absoluto abandono con la única esperanza de volver a verla. A ella, a Chantal, un personaje prácticamente invisible durante toda la trama, sin contenido, sin chicha, que diría aquél.

Me da la impresión de que Wallner se olvidó de que había un personaje femenino en la historia .

Quizá me atrajo esta novela porque su sinopsis me hizo rememorar "Suite francesa", de Irène Némirovsky, una novela inacabada de la que ya hablé en su día y que me robó el corazón.

viernes, 26 de noviembre de 2010

... ahora que somos tan felices

"–¡Vamos! –murmuró–. No voy a morirme ¿verdad? Él no va a separarnos ahora que somos tan felices".

La parcela de vida que uno dedica a escribir, es siempre una andadura solitaria. En cierta manera es la constatación de una realidad más amplia que nos hace experimentar la auténtica esencia del ser humano. O sea, que estamos siempre solos con más o menos compañía.

Charlotte Brontë, sin embargo, compartió con Emily y Anne el oficio de escribir. No puedo imaginar cómo de maravillosas debían ser aquellas noches, a la luz de las velas, compartiendo las tres hermanas lo que cada una había escrito. Casi puedo imaginarlas con unas cuantas cuartillas en la mano, deambulando por la sala y emulando en voz alta a Rochester, Heathcliff o Gilbert.

Quizá por este motivo, por esta genuina forma de escribir que tenían las Brontë, la tragedia de perder a sus hermanas fuese para Charlotte mucho más terrible aún.

"El mayor tormento es cuando acaba la tarde y llega la noche. A esa hora solíamos reunirnos en el comedor, solíamos hablar. Ahora me siento aquí sola: y guardo un silencio forzoso. No puedo dejar de pensar en sus últimos días, recuerdo sus sufrimientos, y lo que hicieron y dijeron y la expresión de aflicción mortal".

"No sabe cuánto deseo conocer alguna opinión aparte de la mía, y lo desalentada, desesperada a veces, que me he sentido porque no había nadie a quien pudiera leerle una línea o pedirle consejo".


Esa angustia se respira en Villette, de principio a fin, y la atmósfera que logra, llega a ser agobiante en algunos momentos. Lo cual me hace pensar ¿cuánto hay de las tres hermanas en cada una de las obras que escribieron durante la época en que compartían ideas y lecturas nocturnas?

La respuesta es obvia, las tres estaban pululando por entre las líneas de sus textos, las tres observaban y narraban, las tres dejaban avanzar, o cortaban el paso, al personaje creado.

Jane Eyre es Charlotte Brontë, no tengo la menor duda, pero oculta en su pecho a la apasionada Emily y a la rebelde Anne.

Las palabras con las que he iniciado esta entrada son las última que pronunció Charlotte antes de morir. Hacía menos de nueve meses que se había casado con Arthur Bell Nicholls (dear boy), dejando atrás la terrible soledad que la acompañó desde la muerte de sus hermanas. Estaba embarazada y para una constitución tan débil como la suya, delicada de salud y escuálida, fue demasiado. La muerte le sobrevino justo en el momento en el que volvía a ser feliz. ¿Cuántas historias se fueron con ella? ¿Cómo serían sus personajes de haber podido compartirlos con el que se convirtió en su viudo?
Patrick Brontë, vio morir a su mujer y a todos sus hijos.

El sábado 23 de marzo por la mañana, temprano, el solemne toque de la campana de la iglesia de Haworth anunció la muerte de Charlotte Brontë a los vecinos que la conocían desde niña y que se estremecieron al pensar en los dos hombres solos y desolados sentados en la vieja casa gris.


Extractos de "La vida de Charlotte Brontë, de Elizabeth Gaskell"

martes, 19 de febrero de 2008

La ladrona de libros


Cuando tuve en las manos “La ladrona de libros”, supe que ese libro iba a gustarme. No sé por qué lo supe. Siempre lo sé. A veces lo creo y como pasa en estas cosas de fe, me equivoco, pero cuando lo sé, la ciencia es lo que tiene, que nunca falla.


Desde el comienzo:


La muerte y tú

Primero los colores.
Luego los humanos.
Así es como acostumbro a ver las cosas.
O, al menos, así intento verlas.

UN PEQUEÑO DETALLE
Morirás.

¿Cómo no iba a seducirme semejante manera de comenzar una novela? ¿Cuándo fue la última vez que me sentí como una niña? Me refiero antes de leer a Markus. No lo recuerdo, pero en cada una de las páginas de su novela los años se me iban cayendo y el corazón se me ponía de un rojo intenso.

El momento: Hitler es el dueño de las palabras.
Los personajes:
Liesel, la ladrona de libros. El primer libro que roba es “El manual del sepulturero”. Es el que tiene más a mano.
Rudy, su amigo del alma. Quería ser como Jesse Owens. También quería un beso suyo.
Hans Hubermann, padre de acogida de Liesel. Un hombre pegado a un acordeón. El que la enseñará a leer.
Rosa, madre de acogida. Su volumen es proporcional al tamaño de su corazón.
Max, el judio que boxea con el Führer y escribe El árbol de las palabras.
El lugar: Himmelstrasse, un pueblo cualquiera de la alemania nazi que veía pasar las caravanas de judíos. Mezclados corazones de piedra con otros de material sensible. No todos podían quedarse mirando.
La narradora: la Muerte ¿quién si no?

Markus Zusak, nació en Sydney, Australia, en 1975. Su familia es de ascendencia germano-austriaca y de su madre escuchó algunas historias sobre los bombardeos de su pueblo natal, sobre la guerra y los nazis que le han llevado a construir esta historia. Su idea inicial fue escribir un relato corto, pero, como suele ocurrirle a algunos autores, la historia se le hizo grande entre las manos. Hasta esta novela era un autor reconocido por sus historias para jóvenes. En la ladrona de libros, las palabras son la salvación y también la condena. Las mismas palabras que aparecen pintadas en las fachadas de las casas judías, están escritas en las piras de libros que arden en la plaza del pueblo. Y son las mismas que lee Liesel en el refugio durante los bombardeos para tranquilizar a sus vecinos, o las que usa Hitler para manipular las mentes de los alemanes.

Markus carece por completo de sensiblería y no busca en ningún caso la lágrima fácil. Emociona y traspasa la coraza que uno se pone frente a novelas que tratan un tema con el que ya sabes que te harán sufrir. Es dulce y profundo, tiene una sensibilidad poética y una manera de narrar sutil y directa.

El personaje de Liesel formará ya parte de mi equipaje.
Gracias Markus.

"He odiado las palabras y las he amado, y espero haber estado a su altura"

Liesel Meminger

sábado, 8 de diciembre de 2007

Peso cero


Miguel Sanfeliu ha tenido la deferencia de leer mi novela y después se ha tomado la molestia de hacer una entrada en su blog sobre ella.
Gracias Miguel.

También Mónica Gutiérrez Sancho ha tenido la gentileza de hacer un post sobre mi novela.
Gracias Mónica

martes, 27 de febrero de 2007

Suite francesa

¡Dios mío! ¿Qué me hace este país? Ya que me rechaza, considerémoslo fríamente, observémoslo mientras pierde el honor y la vida. Y los otros, ¿qué son para mí? Los imperios mueren. Nada tiene importancia. Se mire desde el punto de vista místico o desde el punto de vista personal, es lo mismo. Conservemos la cabeza fría. Endurezcamos el corazón. Esperemos.

Irène Némirovsky soñaba con una obra de la magnitud de Guera y paz, con unas mil páginas y cinco partes: Tempestad en junio, Dolce, Cautividad, Batallas y La paz. De estas cinco sólo tuvo tiempo de escribir dos. En sus notas escribió "¿Considerar que todavía no he acabado la segunda parte, que veo la tercera?, pero que la cuarta y la quinta están en el limbo, ¡y qué limbo! Están realmente en las rodillas de los dioses, porque dependen de lo que pase". Y es que sus personajes estaban viviendo una historia en tiempo real, los sucesos que la autora pretendía narrar estaban ocurriendo en esos momentos. Mientras ella escribía, Francia era sometida, mientras daba vida a sus personajes, los alemanes entraban en París.

Irène describe una sociedad burguesa y acomodada que se ve súbitamente golpeada por una guerra incomprensible. En Tempestad en junio, con una narración de estilo periodístico, encontramos a unas gentes que huyen de sus casas, aterrorizadas, pensando que es la única posibilidad que tienen de salvarse. "Miraban alrededor y esperaban el milagro: un coche, un camión, cualquier cosa en la que poder irse. Pero no aparecía nada. De modo que se dirigían hacia las puertas de París, las cruzaban arrastrando las maletas por el polvo, seguían avanzando, se adentraban en el extrarradio y después en la campiña y pensaban: «¡Estoy soñando!»".

Seres humanos idénticos en grandeza y bajeza que nos muestran lo que es realmente una guerra, más allá de los crímenes y las atrocidades de uno u otro ejército. La individualidad frente a la masa. El temor, el instinto de supervivencia puede convertir a un grupo numeroso de gente normal en una muchedumbre despreciable. En esta obra la tranquilidad produce desasosiego, percibes la tragedia, la crueldad se esconde en un saco de dormir. He de reconocer que tuve que cerrar el libro en varias ocasiones para meditar sobre lo que narraba, preguntándome qué habría hecho yo en situación semejante, interrogándome sobre si era capaz de comprender a aquellos seres que describía la autora; si me veía entre ellos.

En la segunda parte, Dolce, los alemanes entran en Bussy, un pequeño pueblo que sirve a la autora de microcosmos para mostrarnos cómo los franceses han de compartir sus casas y sus vidas con los invasores. Lucile Angellier aparece en escena y resulta evidente, enseguida, que será un personaje central en la obra, que hasta ese momento era una novela coral. La Francia invadida es un país de mujeres que tienen a sus hijos, hermanos, padres o esposos, prisioneros, heridos o muertos, que conviven con soldados alemanes, hombres como los suyos a los que deben odiar como a enemigos que son. Pero en lo cotidiano ¿son tan distintos los alemanes de los franceses? ¿No tienen los mismos sueños e idénticos miedos? La lucha individual frente a la lucha común.

También están los antiguos combatientes de la Gran Guerra que miran a los suyos con desprecio por ponérselo fácil al enemigo, y a los alemanes con indiferencia. El odio de los que han vuelto de luchar con la herida aun abierta, se ve compensado por la tendencia natural de otros para cubrir con un manto de normalidad lo extraordinario. Dice Irène en sus notas: "Lo más importante aquí, y lo más interesante, es lo siguiente: los hechos históricos, revolucionarios, etc., sólo hay que rozarlos, mientras se profundiza en la vida cotidiana y afectiva y, sobre todo, en la comedia que eso ofrece."

Suite francesa es una obra serena, sin sentimentalismo gratuito, que nos muestra la pobreza en contraste con la riqueza. Nos enseña la mezquindad humana frente a la abnegación y la bondad. Dice Irène: "Si quiero hacer algo efectivo, lo que debo mostrar no es la miseria sino la prosperidad a su lado".

La autora no muestra interés en tomar revancha. Cuenta lo que ve. La traición y el miedo toman forma protagonista incidiendo en el colaboracionismo de una población que, prescindiendo de la categoría moral del hecho, viven el día a día como supervivientes que son. El miedo, por encima de todo: "El francés de esa casta no siente odio hacia nadie; no siente ni celos ni ambición frustrada, ni auténtico deseo de revancha. Está muerto de miedo. ¿Quién le hará menos daño? ¿Los alemanes? ¿Los ingleses? ¿Los rusos? Los alemanes le han pegado, pero el correctivo está olvidado, y los alemanes pueden defenderlo. En el colegio, el alumno más débil prefiere la opresión de uno solo a la libertad; el tirano lo humilla, pero prohíbe a los otros que le birlen las canicas y le peguen. Si se libra del tirano, está solo, abandonado en medio de todos."

La impactante biografía de su autora y saber que ésta fue una novela escrita en un momento dramático da a Suite francesa un carácter especial. Su lectura no decepciona en absoluto a pesar de que la acometes con la certeza de no conocer su final. Escrita a caballo de la propia historia, sin certeza de futuro pero con planes muy bien trazados. Leyendo las notas de Irène es evidente que pretendía hacer una gran obra, una obra que trascendiese: "No olvidar nunca que la guerra acabará y que toda la parte histórica palidecerá. Tratar de introducir el máximo de cosas, de debates... que puedan interesar a la gente en 1953 o 2052". Y lo consiguió.

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Julio de 1942, campo de concentración de Pithiviers. Irène escribe unas palabras a lápiz y le pide a un viajero que conoce en la estación, que se la entregue a su esposo.
Mi querido amor, mis adoradas pequeñas, creo que nos vamos hoy. Valor y esperanza. Estáis en mi corazón, amados míos. Que Dios nos ayude a todos.


miércoles, 31 de enero de 2007

Cumbres borrascosas, de Emily Brontë

Cumbres borrascosas, de Emily Brontë, vio la luz en 1847, pocos meses después de la publicación de Jane Eyre, obra de su hermana Charlotte. Se trata de una novela dura, con personajes de carácter, en algunos casos, extremo y cruel. Emily creó a sus protagonistas directos y sin ambages y eso no gustó ni al público ni a la crítica de la época que los calificó de brutales e inhumanos.

Emily Brontë se retrata a sí misma como un ser de múltiples facetas y crea dos personajes, Heathcliff y Catherine, que componen la propia esencia de la escritora. Cuando Catherine afirma "Heathcliff soy yo" es la propia Emily la que grita.

¿Es Cumbres borrascosas una historia de amor? Esa es, quizá, la emoción que se halla más ausente durante la narración, a pesar de ser la constante en la historia. Durante el desarrollo de la novela el corazón se va cubriendo de una capa de escarcha que apenas se disipa por las esquinas.

¿Amaba Heathcliff a Catherine?: "Aunque él la amase con toda la fuerza de su mezquino ser, no la amaría tanto en ochenta años como yo en un día."
¿Era Catherine un ser capaz de sentir amor? "... nunca sabrá cuánto le amo, y eso no es porque sea guapo, Nelly, sino porque es más que yo misma. De lo que sea que nuestras almas estén hechas, la suya y la mía son lo mismo...".
El uno sin el otro no tiene razón de existir, pero juntos son incapaces de desarrollarse. Se aman y se odian por igual, se buscan y se rechazan, no pueden mantenerse indiferentes ante el dolor del otro, dolor que ellos mismos provocan: "No me importa que sufras, no me preocupan tus sufrimientos, ¿por qué no habrías de sufrir? Yo sufro."

La novela se inicia con la llegada del señor Lockwood, nuevo inquilino de la Granja de los Tordos. De la mano de este imprudente personaje nos adentraremos en la hostil atmósfera de Cumbres borrascosas y sus habitantes. De boca de Nelly Dean, una especie de ama de llaves, escucharemos la historia de Heathcliff, Catherine y su hermano Hindley, que se inicia con la llegada del señor Earnshaw, padre de Catherine y Hindley, con un huérfano gitano de la mano: "Nos agrupamos a su alrededor y, por encima de la cabeza de la niña, pude atisbar un niño sucio, andrajoso y de pelo negro, lo suficientemente crecido como para saber andar y hablar." "(...) le habían bautizado con el nombre de Heathcliff, que era el de un hijo que murió de niño, y le ha servido desde entonces de nombre de pila y apellido."

Heathcliff es un resentido, un ser capaz de soportar todo tipo de agresiones y guardarse su odio en un pozo oculto que alimenta durante años sabiendo que le hará fuerte: "Estoy pensando en cómo me las voy a arreglar para que Hindley me las pague. No me importa el tiempo que tenga que esperar si al fin lo consigo. Confío en que no se muera antes que yo". El niño huérfano que llega a una casa cuyos habitantes, en su mayoría, le serán hostiles, conoce también el cariño y la comprensión de su impuesta "hermana", Cathy, que se siente irremisiblemente atraída por él; pero ese amor lejos de hacerle bien será el arma que utilizará el destino para destruir su alma: "¡Oh, Dios, esto es impronunciable! ¡No puedo vivir sin mi vida, no puedo vivir sin mi alma! –golpeó su cabeza contra el nudoso tronco y, levantando los ojos, bramó, no como un hombre, sino como una fiera salvaje acosada a muerte con cuchillos y dardos".

Cathy y Heathcliff son dos caras de una misma moneda, todo lo que el otro no puede mostrar pero siente en su interior. Pero Catherine también es voluble y vanidosa y siente una irresistible atracción por la familia Linton, sus fiestas, sus vestidos, sus lujos, son cosas a las que no está dispuesta a renunciar. Cree, en un delirio de niña mimada, que puede conservar a Heathcliff como si de un perrito faldero se tratase, y conseguir entrar en la familia Linton de la mano de Edgar, su primogénito: "Mi amor por Linton es como el follaje de los bosques: el tiempo lo cambiará, yo ya sé que el invierno muda los árboles. Mi amor por Heathcliff se parece a las eternas rocas profundas, es fuente de escaso placer visible, pero necesario. Nelly, yo soy Heathcliff, él está siempre, siempre en mi mente; no como un placer, como yo no soy un placer para mí misma, sino como mi propio ser."

Heathcliff se aleja de los protagonistas masculinos al uso. Es un ser orgulloso sin que ese orgullo tenga origen en ningún hecho remarcable, no es un héroe salvador, no es un caballero bondadoso, no es un ser maltratado que busca redimirse. Heathcliff es un perfecto villano, un ser sin escrúpulos, no hay ni un ápice de compasión en sus actos, no da un paso atrás en su actitud en ningún momento de la historia. Te agarra las entrañas y las retuerce sin dudarlo un instante, te mantiene en una constante congoja por todo aquél que le rodea. Hasta de las piedras que pisa, oyes el gemido. Su sed de venganza, su amor no culminado le llevará a una lucha contra todo y contra todos, especialmente hacia aquellos que podrían haberle dado algo de amor. La permanente tortura que le supone estar vivo, la presencia constante e intangible del ser que ama, le condena a un suplicio insuperable.

La atmósfera de Cumbres borrascosas atraviesa el papel, sientes en la cara la brisa fresca de los páramos y escuchas el sonido del viento que furioso trae mensajes de muerte y desolación. La naturaleza humana en su faceta más descarnada se muestra en unos seres que van siendo martirizados emocional y físicamente por el destino que ellos mismos se buscan, en algunos casos, y que les viene dado sin consultarles, en otros. Así la saga de los personajes principales se abre como un paraguas dejando en manos de su verdugo a la descendencia de todas las comparsas de la obra. Heathcliff, en su delirio, ingeniará un plan para cobrarse la deuda, de la que cree ser acreedor, en la figura de Catherine, hija de su amada, y Linton, su propio hijo, sin tener en cuenta a Hareton, descendiente de su odiado Hindley, en el que, curiosamente, no puede dejar de ver el rostro de aquella a quien ama y que será el eslabón por donde se rompa la cadena.

El lector se verá golpeado metafóricamente y obligado a entender el mundo desde la perspectiva de una sociedad oscura, supersticiosa, cruel, inculta y rígida. Algo semejante a lo que en nuestro país se ha dado en llamar "la España profunda". La naturaleza se convierte en un personaje más de la obra, tiene sentimientos y padece, aquí encontramos uno de los muchos puntos que convierten a esta obra en un paradigma del romanticismo. Otros serían, la no separación entre lo real e irreal, razón y sentimiento, amor y muerte (os remito a: El romanticismo).

Los protagonistas cuentan con una gran fuerza psicológica, les ves en origen y en su evolución, te sorprenden. Cuando empiezas la novela no hay ningún dato que te ayude a entender el porqué de su final, ya que es la lenta narración, la vida diaria de sus personajes la que oculta el mensaje que Emily Brontë intentó trasmitir.

Heathcliff, apasionado, irracional, cruel, fiel hasta la muerte, será víctima y verdugo, un ser atormentado y dañino, que está presente desde el principio hasta el final de la historia, tronco en el que la escritora inglesa sostendrá su casa. La desgracia y el drama surgen de un amor y será otro amor el que consiga romper el sino.

"¿Te das cuenta de que estas palabras quedarán marcadas con hierro candente en mi memoria, y que me van a corroer eternamente, cada vez más hondo, cuando tú me hayas dejado? Tú sabes que mientes cuando dices que te he causado la muerte, y, sabes, Catherine, que antes olvidaría mi propia existencia que a ti. ¿No basta para tu diabólico egoísmo que mientras tú descansas en paz, yo me retuerza en las penas del infierno?".

miércoles, 24 de enero de 2007

Jane Eyre, de Charlotte Brontë


Charlotte Brontë publicó su primera novela, Jane Eyre, en 1847. Esta novela trajo consigo un estremecimiento general de la crítica de la época, por supuesto, masculina y, al mismo tiempo, un gran éxito comercial.

¿Por qué esta contradicción?

En primer lugar, Charlotte Brontë, era mujer y escritora, algo nada aceptable en el siglo XIX y que colocó a los críticos en posición defensiva. Una escritora que se sumergió en el mundo de la literatura con un personaje poco ortodoxo: una joven independiente, que no considera el matrimonio como su único proyecto de futuro, con personalidad, anhelos y deseos reservados exclusivamente a los hombres. Un cierto mensaje feminista oculto entre las líneas de una historia aparentemente repetida, en un momento en que la mujer empezaba a preguntarse los muchos porqués con que "otros" manejaban sus vidas.
Jane piensa: "Se supone, generalmente, que las mujeres son más tranquilas; pero la realidad es que las mujeres sienten igual que los hombres, que necesitan ejercitar sus facultades y un espacio en el que poder desarrollarse y esforzarse como sus hermanos masculinos. Sufren al verse tan rígidamente reprimidas, condenadas a la inactividad, exactamente de la misma forma que sufrirían los hombres si se viesen sometidos a esa situación. Y ellos, nuestro privilegiado prójimo, demuestran una gran estrechez de miras al pensar que las mujeres deben vivir reducidas a preparar budines, hacer calceta, tocar el piano y bordar". Puedo imaginarme lo incómodos que se sintieron en sus sillas algunos de aquellos críticos literarios.

Jane Eyre es una ventana a través de la cual su autora, Charlotte Brontë, nos enseña sin tapujos su visión del mundo. La autora habla por boca de sus personajes haciéndonos saber quién es ella y lo que piensa.

Jane actúa a la vez como protagonista y narradora y se dirige a nosotros en numerosas ocasiones: "No creas, lector, que mi aspecto tranquilo refleja la serenidad de mi ánimo. (...)Mientras él está ocupado examinando mis trabajos, explicaré al lector su contenido, no sin antes advertirle que no son ninguna maravilla". Esto hace que tengamos la impresión de estar leyendo una autobiografía y, aunque no es así, es evidente que las vivencias de la escritora aparecen reflejadas en las de sus personajes. Charlotte Brontë, tenía material de primera mano para narrarnos las vicisitudes de su protagonista, una institutriz huérfana, que pasa su infancia y adolescencia en un internado de beneficencia.

Jane, a pesar de ser una mujer conformista en apariencia, destila rebeldía incluso cuando calla. Opina sobre la arbitraria diferencia entre clases, marcando la relación entre cantidad de recursos y supervivencia y hace especial hincapié en el papel de la mujer en un mundo eminentemente masculino. En sus relaciones no olvida nunca, y no deja que los demás olviden, que no es un ser inferior: "Pues bien, señor; yo creo que usted no tiene derecho a mandarme sólo porque sea más viejo que yo o porque haya visto más mundo. Esa superioridad que usted se atribuye dependerá del uso que haya hecho de su tiempo y de su experiencia". Y que merece respeto: "Estoy segura, señor, de que nunca confundiré lo informal con la insolencia. Lo primero me parece bien; a lo segundo, ningún ser humano nacido libre debe someterse, ni siquiera por un sueldo".

Jane se debate constantemente entre su deseo de resignarse y la imposibilidad de hacerlo. Obligarse a aceptar unas normas de conducta que le resultan del todo intolerables e injustas, será motivo de sufrimiento durante gran parte de su vida.

Entremos de puntillas en la trama, no quiero estropearos la lectura. Tras la muerte de sus padres, Jane es enviada a vivir con la viuda de su tío, la señora Reed. Lejos de ser una criatura dulce, hermosa y lisonjera, como cabría esperar de una novela romántica y escrita, además, por una mujer, nos encontramos ante un espíritu rebelde que no se doblega ante la injusticia por muy débil que se sienta frente a ella: "¡Qué confusión en mi cerebro y qué violenta rebeldía en mi corazón! ¡En qué impenetrable oscuridad e ignorancia se debatían mis pensamientos!". Pero es al llegar a Lowood, el internado de beneficencia dirigido por el señor Brocklehurst, dónde la personalidad de la pequeña Jane empezará a dibujarse nítidamente. Tras ver cómo su única amiga, Helen Burns, es golpeada injustamente y escuchar la resignación con que la niña asume ser merecedora del castigo, Jane se rebela: "Pues en tu lugar yo no la perdonaría a ella, me defendería; si me pegara a mí con aquella vara, se la arrancaría de la mano y se la rompería en las narices". Y más adelante mostrará cual es su propósito ante la injusticia: "Si todos obedeciéramos y fuéramos amables con los que son crueles e injustos, ellos no nos temerían nunca y serían más malos cada vez. Cuando nos pegan sin razón debemos devolver el golpe, estoy segura, y bien fuerte, para dejar bien claro a los que lo hacen que no deben repetirlo".

Durante toda la novela Charlotte nos envía mensajes subliminales avisándonos del peligro, mensajes que no captamos con nitidez hasta una segunda lectura. Parece temer que la acusemos de tramposa y nos advierte de manera disimulada que debemos estar alerta. Algunas de las metáforas que utiliza son sublimes: "Las dos mitades no estaban separadas por completo, pues su firme base y sus fuertes raíces las mantenían unidas en la parte inferior; pero la vitalidad del conjunto estaba destruida, la savia ya no fluiría en su interior, las grandes ramas a ambos lados habían muerto, y seguramente las tormentas del siguiente invierno las abatirían. Sin embargo, todavía se podía decir que aquello era un árbol: una ruina, pero una ruina entera."

Jane analiza con extraordinaria lucidez el complejo mundo de los sentimientos propios y ajenos y hace añicos la imagen que se nos ha trasmitido en muchas ocasiones sobre la mujer victoriana, un ser asexuado, sin deseos ni anhelos, un ser etéreo que se mantenía de pura artificialidad.

Sosegada y de firmes convicciones, noble y estricta en su trabajo, no puede ocultar el río de lava que corre bajo la superficie. Una mujer dispuesta a caminar hacia el futuro bajo la tormenta, a pesar de los gruesos ropajes que arrastra como un lastre, convencida de que puede hacerlo sola, segura de que sólo siendo fiel a sí misma podrá soportarse.

"Escucha, Jane Eyre, tu sentencia: colócate mañana ante un espejo y, tan fielmente como puedas, haz tu autorretrato al carbón, sin paliar un defecto, sin suavizar ninguna fealdad, sin omitir ninguna irregularidad y escribe al pie: "Retrato de una institutriz pobre, vulgar y huérfana".

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¿Es Jane Eyre una novela romántica? Os remito a esta web:
El Romanticismo, Universitat Jaume I
Y cito:
"El romanticismo es una revolución artística, política, social e ideológica tan importante que todavía hoy viven muchos de sus principios: libertad, individualismo, democracia, nacionalismo, etc.
(...)La nueva novela se convierte en un medio de describir sensaciones y pasiones. (...)El protagonista frecuentemente es el doble del autor, el cual penetra en su interior y describe sus sentimientos, al igual que recrea lo maravilloso, lo exótico o la aventura. Werther, de Goethe, fue para los románticos el modelo bajo la forma una novela-diario que penetra en la interioridad del personaje, comunica sus sentimientos, y los hace universales.
(...)Esta libertad ha presidido el proceso libertador del mundo actual hasta hoy mismo: liberación del individuo frente a la sociedad, de la mujer frente al hombre, de la región frente a la nación, de la colonia frente a la metrópoli y del obrero frente al burgués.
Pero toda esta liberación tiene un precio, que suele ser un hondo sentimiento de soledad y vacío. Romper con un orden, con una seguridad, con una obediencia lleva consigo ese doloroso desgarramiento en que el individuo se encuentra de pronto consigo mismo, sin nadie más. Aquí radica sin duda el pesimismo, la angustia, la melancolía, el "mal del siglo" con su insatisfacción imposible de colmar, que tan admirablemente expresaron los románticos y tras ellos sigue expresando la cultura occidental moderna."