viernes, 10 de diciembre de 2010

Madrid, 2 de diciembre de 2010

En primer lugar quiero dar las gracias a los que hacen posible el milagro de Imprimátur, una Fundación que actúa de mecenas para autores desconocidos, que nos esforzamos en encontrar el modo de atravesar esa jungla, que es la publicación de una obra literaria.

He de reconocer que tuve muchas dudas antes de presentar mi novela a concurso. Por un lado, el conocimiento que tenemos todos los que nos movemos en este mundillo de que los premios están, en muchos casos, preconcedidos o “apalabrados” –bonita palabra–. Por otro lado el miedo a la decepción, una emoción cotidiana si te dedicas a esto de escribir, pero de la que todos prescindiríamos si pudiésemos.

Después de la experiencia de estos meses, he aprendido que todavía hay personas altruistas que creen en nosotros, los escritores poco o nada conocidos, que tardamos dos años en escribir una novela. Que empleamos horas y horas en documentarnos. Que trabajamos en trabajos que nada tienen que ver con nuestra vocación, porque no solo de letras vive el escritor (ni la escritora). Que tenemos familias a las que atender y que cada hora que empleamos en escribir se la hemos quitado a la porción de vida que nos tocaría disfrutar.

Sí, estos señores de Imprimátur creen en nosotros y ese descubrimiento es una bocanada de aire fresco. Una palmada en la espalda de alguien que te dice: vale la pena seguir escribiendo
.

Deseo de todo corazón que algún día, alguno de los que salimos reforzados de estos premios lleguemos a la meta. Ese lugar, en el que escribir, sea nuestro único trabajo.

Ese día nos acordemos de Imprimátur
Gracias
.

Este es el discurso que leí al finalizar el acto. Me temblaban las piernas ( lo mío no es hablar), pero el atril tras el que me ocultaba lo disimuló muy bien.

Después fue hora de firmar libros y conocer a gente estupenda. Os dejo unas fotos para que os hagáis una idea y desde aquí mando un beso a todos con los que compartí aquel día, en un Madrid que, a pesar del frío, nos hizo sentir como en casa.

Mª Victoria, Accésit de Novela con "Desde mi olvido"

Lorea, Ganadora en la modalidad de Poesía por "El Grito ahorcado"

Pilar, Ganadora en la modalidad de Relato por "El Tesoro"

Pedro, finalista en la modalidad de Relato por "Memorias de un guerrero"

Con Ignasi Riera, un intelectual como la copa de un pino.

Luisa, ilustradora de las portadas.

Salvador, Ganador en la modalidad de Novela de la Edición anterior

Y llegó el momento de Firmar...






La música de estas dos virtuosas y encantadoras mujeres, nos acompañó durante toda la velada, haciendo la tarea de firmar libros mucho más agradable. Una de ellas, Elena Aker (la que toca el arpa), me sorprendió con unos injustificados elogios que desde aquí le agradezco. Os dejo su página web por si queréis echarle un ojo.

En fin..., esto es todo. Espero que si tenéis a bien leer mi novela os haga disfrutar, cómo mínimo, lo que yo disfruté ese día.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Mírala, mírala...


Hace años estuve ya en la capital de España, pero entonces fue una experiencia amarga, que muchos ya conocéis, por culpa de una mal llamada editorial. Recuerdo que apenas pude ver la Rendición de Breda a través de las lágrimas.

Pienso resarcirme y verme el Prado de punta a punta.

Y la ciudad, si el frío me da un poco de tregua, que soy de las que se acobarda.

A la vuelta os cuento.

viernes, 26 de noviembre de 2010

... ahora que somos tan felices

"–¡Vamos! –murmuró–. No voy a morirme ¿verdad? Él no va a separarnos ahora que somos tan felices".

La parcela de vida que uno dedica a escribir, es siempre una andadura solitaria. En cierta manera es la constatación de una realidad más amplia que nos hace experimentar la auténtica esencia del ser humano. O sea, que estamos siempre solos con más o menos compañía.

Charlotte Brontë, sin embargo, compartió con Emily y Anne el oficio de escribir. No puedo imaginar cómo de maravillosas debían ser aquellas noches, a la luz de las velas, compartiendo las tres hermanas lo que cada una había escrito. Casi puedo imaginarlas con unas cuantas cuartillas en la mano, deambulando por la sala y emulando en voz alta a Rochester, Heathcliff o Gilbert.

Quizá por este motivo, por esta genuina forma de escribir que tenían las Brontë, la tragedia de perder a sus hermanas fuese para Charlotte mucho más terrible aún.

"El mayor tormento es cuando acaba la tarde y llega la noche. A esa hora solíamos reunirnos en el comedor, solíamos hablar. Ahora me siento aquí sola: y guardo un silencio forzoso. No puedo dejar de pensar en sus últimos días, recuerdo sus sufrimientos, y lo que hicieron y dijeron y la expresión de aflicción mortal".

"No sabe cuánto deseo conocer alguna opinión aparte de la mía, y lo desalentada, desesperada a veces, que me he sentido porque no había nadie a quien pudiera leerle una línea o pedirle consejo".


Esa angustia se respira en Villette, de principio a fin, y la atmósfera que logra, llega a ser agobiante en algunos momentos. Lo cual me hace pensar ¿cuánto hay de las tres hermanas en cada una de las obras que escribieron durante la época en que compartían ideas y lecturas nocturnas?

La respuesta es obvia, las tres estaban pululando por entre las líneas de sus textos, las tres observaban y narraban, las tres dejaban avanzar, o cortaban el paso, al personaje creado.

Jane Eyre es Charlotte Brontë, no tengo la menor duda, pero oculta en su pecho a la apasionada Emily y a la rebelde Anne.

Las palabras con las que he iniciado esta entrada son las última que pronunció Charlotte antes de morir. Hacía menos de nueve meses que se había casado con Arthur Bell Nicholls (dear boy), dejando atrás la terrible soledad que la acompañó desde la muerte de sus hermanas. Estaba embarazada y para una constitución tan débil como la suya, delicada de salud y escuálida, fue demasiado. La muerte le sobrevino justo en el momento en el que volvía a ser feliz. ¿Cuántas historias se fueron con ella? ¿Cómo serían sus personajes de haber podido compartirlos con el que se convirtió en su viudo?
Patrick Brontë, vio morir a su mujer y a todos sus hijos.

El sábado 23 de marzo por la mañana, temprano, el solemne toque de la campana de la iglesia de Haworth anunció la muerte de Charlotte Brontë a los vecinos que la conocían desde niña y que se estremecieron al pensar en los dos hombres solos y desolados sentados en la vieja casa gris.


Extractos de "La vida de Charlotte Brontë, de Elizabeth Gaskell"

sábado, 20 de noviembre de 2010

Señoras y señores con ustedes: Mike Tompkins

Mike Tompkins es un jovencisimo ingeniero de producción que domina la posproducción como si hubiese comido con ella desde los doce años(tiene veintipico). Me ha dejado boquiabierta y pensando que si todavía queda gente así por el mundo, es que aún hay esperanza. Por cierto, es de Ontario.





domingo, 14 de noviembre de 2010

No me envíes hoaxes, por favor

Supongo que no soy yo sola, pero mira que me da rabia que mis amigos me aten a sus cadenas de mensajes. No me gustan los pps, ni los mensajes de autoayuda aderezados con música relajante e imágenes preciosistas. Pero sobre todo, no me gustan las cadenas de mensajes que te anuncian supuestas catástrofes personales, mundiales, apocalípticas o terroríficas, apoyadas en una sarta de mentiras, que nadie se molesta en comprobar antes de darle al botón de reenviar. Son los llamados hoax (engaño) que instan a enviar a todos tus contactos para “avisarles” de terribles desgracias que les amenazan.

Hay personas más adictivas que otras a este tipo de correos que lo único que buscan es conseguir mails a los que bombardear con spam. Todos tenemos algún amigo, conocido o familiar de esos que te cuentan como le echaron mal de ojo a un amigo de un vecino de su primo del pueblo. ¿Quién no ha discutido alguna vez con alguien que piensa que vio el arcoiris en un día despejado porque alguien del más allá trataba de comunicarse con él?

¿A qué se debe la propagación de estos mensajes, muchas veces absurdos, sin la menor retención y sospecha por parte de quien lo envía?

No hace mucho recibí uno en el que se me avisaba de un terrible virus que me llegaría a través de hotmail a modo de actualización de Windows live o no sé qué. Según el correo que me envió una amiga Mcafee había dado la voz de alarma. Entonces yo me pregunté ¿y los de Microsoft se han ido de vacaciones a Marte? ¿Por qué nadie les ha avisado a ellos? Lo primero que hice fue buscar información sobre ese virus y me costó menos de tres minutos salir de dudas y comprobar que era un hoax más.

De entrada, si recibo un correo en el que se me indica que debo avisar a todos mis amigos y conocidos de cualquier cosa, me resulta sospechoso (lo de la boda de tu hermano no cuenta). No hablemos ya de los que te dicen que te van a regalar un euro por cada persona a la que se lo envíes. Hace ya unos cuantos años que sé quién es el ratoncito Pérez.

¿Y nadie se ha fijado en las faltas de ortografía de estos mensajes? ¿O la traducción chapucera del inglés? ¡Pero si hacen daño a la vista!

Según el Ministerio de Sanidad patatín, patatán… ¿y dónde está el enlace a la página del susodicho Ministerio donde se avisa del peligro?

Seguro que habéis recibido mensajes como estos:

–El primer avión que se estrelló contra las torres gemelas en New York era un Q33. Si escribes Q33 NY en Word con la fuente Wingdings no vas a dormir esta noche. Hacer la prueba.

Lo que ocurre es que ninguno de los aviones que fueron tomados por terroristas aquel aciago día era un Q33, de hecho no existe ningún avión con esas siglas. Esta macabra cadena se la debemos a algún bromista con demasiado tiempo libre (¿te has planteado aprender a tocar el ukelele?).

–Si estás siendo obligada por un ladrón para retirar tu dinero de un cajero automático, lo puedes notificar a la policía marcando tú PIN al revés. Esto rara vez se utiliza porque la gente no lo sabe.
Claro, los bancos se guardan esta información porque les encanta tener que cubrir las cantidades sustraídas a sus clientes.

Ya no hablemos de las cadenas solidarias, de los avisos sobre productos alimentarios que contienen venenos o provocan enfermedades graves.

En fin, antes de darle a reenviar piénsatelo dos veces. Sobre todo si tienes mi correo.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Selección de Relatos Breves

I Certamen Literario Ciudad Galdós
Ciudad Alta - Las Palmas de Gran Canaria

El pasado día 4 de noviembre, se celebró la entrega de premios del I Certamen Literario Ciudad Galdós a la que, sintiéndolo mucho, no pude asistir.

En el Acto se presentó el libro publicado por edicones Bilenio "Selección de Relatos Breves" que contiene los relatos ganadores.

Desde aquí mi felicitación para los demás autores. Estoy deseando leer sus relatos.


Pena, de Víctor Manuel Martínez López, de Madrid.
Para una voz azul, de Paloma Díez Temprano, de Madrid.
Cuentos chinos, de Lía Carmen Fiol Don, de Agüimes (Gran Canaria).
Bilbao. Rumbo 225, de Ramón Zarragoitia Mezo, de Vizcaya.
Nada de poesía, de Antonia Romero, de Barcelona.
El misterio del amor, de Salvador Robles Miras, de Bilbao.
Invisible, de Pako Santos Chillón, de Barcelona.
Tan frágil como una hormiga, de Eva María Medina Moreno, de Madrid.
Amor imposible, de Carlos Villanueva Villaverde, de Madrid.
El puente, de Juan José Lomas Sáez, de Barcelona.
Los sueños y los miedos, de Kydia Mateos, de Montevideo (Uruguay).
Llamar a la puerta, de Salvador Robles Miras, de Bilbao.
Matilda, de Lucía Torrent Navarro, de Las Palmas de Gran Canaria.
La armónica de Cristina, de Nery Aragonés Sánchez, de Madrid.

Las Palmas de Gran Canaria a 10 de mayo de 2010, en el 167 Aniversario del Nacimiento de Benito Pérez Galdós



lunes, 1 de noviembre de 2010

No me envíes hoaxes, por favor

Supongo que no soy yo sola, pero mira que me da rabia que mis amigos me aten a sus cadenas de mensajes. No me gustan los pps, ni los mensajes de autoayuda aderezados con música relajante e imágenes preciosistas. Pero sobre todo, no me gustan las cadenas de mensajes que te explican supuestas catástrofes personales, mundiales, apocalípticas o terroríficas apoyadas en una sarta de mentiras que nadie se molesta en comprobar antes de darle al botón de reenviar. Son los llamados hoax (engaño) que tienes que enviar a todos tus contactos para “avisarles” de terribles desgracias que les amenazan.

Hay personas más adictivas que otras a este tipo de correos que lo único que buscan es conseguir mails a los que bombardear con spam. Todos tenemos algún amigo, conocido o familiar de esos que te cuentan como le echaron mal de ojo a un amigo de un vecino de su primo del pueblo. ¿Quién no ha discutido alguna vez con alguien que piensa que vio el arcoiris en un día despejado porque alguien del más allá trataba de comunicarse con él?

¿A qué se debe la propagación de estos mensajes, muchas veces absurdos, sin la menor cuarentena por parte de quien lo envía?

No hace mucho recibí uno en el que se me avisaba de un terrible virus que me llegaría a través de hotmail a modo de actualización de Windows live o no sé qué. Según el correo que me envió una amiga, Mcafee había dado la voz de alarma. Entonces yo me pregunté ¿y los de Microsoft se han ido de vacaciones a Marte? ¿Por qué nadie les ha avisado a ellos? Lo primero que hice fue buscar información sobre ese virus y me costó menos de tres minutos salir de dudas y comprobar que era un hoax más.

De entrada, si recibo un correo en el que se me indica que debo avisar a todos mis amigos y conocidos de cualquier cosa, me resulta sospechoso (lo de la boda de tu hermano no cuenta). No hablemos ya de los que te dicen que te van a regalar un euro por cada persona a la que se lo envíes. Hace ya unos cuantos años que sé quién es el ratoncito Pérez.

¿Y nadie se ha fijado en las faltas de ortografía de estos mensajes? ¡Pero si hacen daño a la vista!

Según el Ministerio de Sanidad patatín, patatán… ¿y dónde está el enlace a la página del susodicho Ministerio donde se avisa del peligro?

Seguro que habéis recibido mensajes como estos:

–El primer avión que se estrelló contra las torres gemelas en New York era un Q33. Si escribes Q33 NY en Word con la fuente Wingdings no vas a dormir esta noche. Hacer la prueba.
Lo que ocurre es que ninguno de los aviones que fueron tomados por terroristas aquel aciago día era un Q33, de hecho no existe ningún avión con esas siglas esta macabra cadena se la debemos a algún caradura con mucho tiempo libre.


–Si estás siendo obligada por un ladrón para retirar tu dinero de un cajero automático, lo puedes notificar a la policía marcando tú PIN al revés. Esto rara vez se utiliza porque la gente no lo sabe.
Claro, los bancos se guardan esta información porque les encanta tener que cubrir las cantidades sustraídas a sus clientes.

Ya no hablemos de las cadenas solidarias, de los avisos sobre productos alimentarios que contienen venenos o provocan enfermedades graves.

En fin, antes de darle a reenviar piénsatelo dos veces. Sobre todo si tienes mi correo

domingo, 31 de octubre de 2010

Certámenes Literarios Imprimátur



CERTÁMENES LITERARIOS IMPRIMÁTUR

Fallo del Jurado II Edición

Categorías de novela, ensayo y teatro

PRIMER PREMIO
:

NEFERTARI (Antonia Romero) POR "LA TUMBA COMPARTIDA".

SEGUNDO PREMIO:
VIRIATO POR "DESDE MI OLVIDO".

TERCER PREMIO:
BLANCO EN APRIETOS POR "SEIS HOBRES INCOMPLETOS".

Categorías de relato corto y cuento.
PRIMER PREMIO:
Mª DEL PILAR FLORES CAMPELO POR "EL TESORO".

SEGUNDO PREMIO:
RAQUEL VILLANUEVA LORCA POR "TODO PUEDE SER AHORA".

TERCER PREMIO:
PEDRO POR "MEMORIAS DE UN GUERRERO".

Categorías poesía
PRIMER PREMIO:
LOREA OTSOA HONORATO POR "EL GRITO AHORCADO".

SEGUNDO PREMIO:
ZARA PATRICIA MORA VÁZQUEZ POR "LA SOMBRA".

TERCER PREMIO:
IRIAMAKASHA POR "CON EL CORAZÓN EN LA MANO".

lunes, 25 de octubre de 2010

Aprendiendo a respirar

Una de las personas a las que di a leer mi primera novela, me escribió tres folios después de leerla. Guardo aquellas líneas en mi caja de tesoros, junto a las cartas que me escribieron aquellos que me importaron, recuerdos de mi niñez y la pipa que le regalé a mi padre para que dejase de fumar porque me dijeron que fumar en pipa no era tan malo.

En aquel escrito hay mucho de ella y algo de mí, todo lo que creyó reconocer como mío y lo que yo dejé escrito como algo suyo. No me conocía mucho, pero me emocionó igual.

Cuando nos leen los nuestros, los de toda la vida, nos miran con sorpresa y tratan de encontrarse entre las página del libro, escondidos en un personaje misterioso que será como ellos creen ser. Siempre se equivocan. Nunca se reconocen. Y es que nadie es como cree ser. O nadie es como los demás creen que son. Cualquiera de las dos afirmaciones me sirve.

Soy de las que piensa que el autor está siempre presente y que una novela en la que el autor no se retrate es imposible de escribir. No escucho nunca a aquellos que me dicen que el autor no debe nunca dirigirse al lector, que el lector no debe reconocer al autor en su obra. No escucho nunca a nadie que me diga cómo debo escribir. Como tampoco escuché nunca a quien me dijo qué debía leer.

En estos momentos estoy leyendo la biografía de mi adorada Charlotte Brontë, escrita por Elizabeth Gaskell, y la otra noche mientras leía una de sus cartas a Sr. W.S. Williams no pude evitar una sonrisa de satisfacción. Cito:

Muy señor mío: Acabo de leer “Rosa, Blanca y Violeta” (G.H. Lewes) y le diré lo que me parece como mejor pueda. No sé si es superior que Ranthorpe porque Ranthorpe me gustó mucho. Pero en todo caso tiene más de una virtud. Creo que posee la misma fuerza pero más plenamente desarrollada.
El carácter del autor se ve en todas las páginas, y eso da interés al libro, mucho más que cualquier historia. Pero es lo que dice el escritor lo que atrae, mucho más que lo que pone en labios de sus personajes. G.H. Lewes es el personaje más interesante del libro sin la menor duda.

Sonreí y recordé aquellas tres páginas en las que me conminaban a no dirigirme nunca al lector. Como buena Filóloga me daba una serie de pautas a las que debía atenerme y barreras que nunca debía traspasar. Aquella fue la primera lección auténtica que recibí como escritora, luego vendrían otras, en la que aprendí que el escritor ha de ser, sobre todo y por encima de todo, fiel a sí mismo.

Gracias, Esperanza. Gracias Charlotte.

jueves, 21 de octubre de 2010

Otoño

Me gusta como el cielo recorta la silueta de Montserrat cuando camino hacia el trabajo. Me gusta el sonido que hacen las hojas de los árboles movidas por el viento.

Me gusta la sensación de los primeros fríos, cuando tu piel aún guarda el calor del verano y la caricia del aire es fresca y dulce.

Me gusta despertarme cuando aún es de noche y salir de casa con el día recién estrenado.

Me gusta el alivio del Sol cuando me encojo dentro de una fina chaqueta.

Me gusta el otoño.


domingo, 17 de octubre de 2010

¿Me das tu teléfono?

El otro día Miriam me pidió mi número de móvil; sonriendo, empecé a recitar como un mantra: seis, ocho, seis y de pronto me di cuenta de que no me acordaba de cómo seguía. Volví a empezar y me ocurrió lo mismo. Tuve una sensación extraña, me dio por reír, pero era esa risa nerviosa de cuando uno nota que algo no va bien. En mi caso iba muy mal, soy reconocida por mi excelente memoria, si me preguntan si un alumno está matriculado en el centro no necesito mirar ninguna lista para responder y tenemos 955 alumnos.

Hay cosas que nunca olvidas. La barandilla de la escalera en casa de mis padres por la que me deslizaba a pesar de las regañinas de los vecinos. El tacto de las columnas del porche en el que jugábamos a las estatuas. El sonido que hacían los cristales al caer, después de acertarles con una piedra, en aquella casa en ruinas de la calle Mediodía. El silencio ensordecedor en los pasillos de la planta dieciséis del Hospital de Bellvitge. El olor del ajoatao que tanto le gustaba a mi hermana y que a mí me daba ganas de vomitar.

Es sorprendente como puedes recordar cosas aparentemente tan insignificantes y olvidar otras que se suponen importantes.

Miriam me dijo que la llamase a su móvil para que de ese modo pudiese ver mi número y así lo hice. Al cabo de dos minutos volvió para decirme que me había equivocado, que mi número no empezaba por 686, sino por 676. Entonces comprendí por qué no podía continuar: mi cerebro había memorizado la serie en su orden correcto y no podía saltarse ese error. No se trataba de ningún mensaje subliminal para que comprendiese lo que es importante en la vida.

¿O sí?

jueves, 14 de octubre de 2010

Qué hago cuando no escribo

Escribir no es como tomarse el café de la tarde, no sucede de manera automática por mucho que uno se empeñe. Sí, ya sé eso de que “cuando me llegue la inspiración me pille trabajando” y que Isabel Allende se sienta frente a su escritorio a las ocho de la mañana, cada día. A mí nunca me han servido las fórmulas magistrales, yo soy más de hacer lo que me da la gana, la verdad, y tengo épocas en las que no escribo.

Normalmente sucede cuando hay algún cambio en mi vida: he acabado una novela, cambiamos de estación (me refiero a las cuatro estaciones, no al metro), me cambian el horario en el trabajo…

Ahí quería yo llegar. Llevar una familia, escribir y trabajar, son tres cosas que no se complementan muy bien. Debe ser porque las tres exigen alta dedicación y ninguna da un respiro. Ya sé que hay familias en las que los hijos, ya adolescentes, se desligan de sus madres y dejan de compartir con ellas cada pequeño suceso, gran problema o duda existencial. De momento, ese no es mi caso. También me han dicho que hay maridos que solo se relacionan con su esposa en la cama y cenando con los amigos, que nunca quieren hablar de sus cosas y que, bajo ninguna circunstancia (ya sea pistola en la sien o amenaza de visita de la suegra) preguntan qué tal tu día. Ese tampoco es mi caso.

Mi trabajo es absorbente, no me deja un respiro y hace funcionar mis neuronas a pleno rendimiento, así que cuando llego a casa estoy cansada y lo que más me apetece después de comer es repantigarme en el sofá con una taza de café. Ahí soy muy vulnerable y los míos, que lo saben, atacan. Una charla puede durar entre media y dos horas. Un paseo, toda la tarde. Con la cabeza llena de alumnos, planes individuales, cambios de matrícula y que quiero ir a dos conciertos este otoño, es difícil sentarse frente al ordenador y trasladarse a la trama de una novela.

A pesar de todo, la mayor parte del tiempo ocurre. Milagrosamente, ocurre. Pero hay épocas en las que la vida nos dice: ¡eh! que me voy, que me voy, que me estoy yendo. Y en esas épocas buscas la conversación en el sillón, las tardes de paseo cogidos de la mano (sí, aún nos cogemos de la mano ¿qué pasa?), una tarde de chicas, solas mi pequeña y yo de compras por el pueblo, ver videos de Linkin Park con el mayor y escucharle con su guitarra.

Durante esas épocas más intensas (que distracciones siempre las hay), no escribo nada. Me dedico a contemplar lo que me rodea y tomo conciencia de mí misma. Mi paso se ralentiza, veo las hojas de los árboles mecerse al viento y las nubes viajar sin detenerse. El mar huele diferente y la noche es más intensa. Los que me rodean tienen cosas que contarme y estoy ahí para escuchar. Observo. Vigilo.

Y entonces ocurre. Las ideas vienen de camino y se meten en mi cabeza. En forma de personajes, como en Peso cero cuando Mario se sentó en la cama de una habitación vacía y, hundido y sin esperanza, vomitó entre mis manos su profunda sensación de soledad. Entonces me doblego y vuelvo a mi rincón y, a ratos, solo somos yo y mis historias.

martes, 12 de octubre de 2010

Regreso

He preparado comida para el camino. Llevo en la mochila mis letras, algún paquete de pañuelos, una bufanda para cuando haga frío y muchas ganas de verte.

He estado ocupada, ya sabes, pero en todo este tiempo no me he olvidado de ti. Supongo que habrás descansado de mis cosas, mis neuras, mis opiniones y mi tendencia natural al desánimo.

Te echaba de menos. Ya estoy de vuelta.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Mis pecados literarios (con permiso de Verónica)

No he sido nunca de copiar, la verdad, ni cuando iba al cole porque siempre he tenido la impresión de que un ente invisible me vigilaba y sabía todo lo que hacía. Sin embargo, una va creciendo y descubre que los únicos entes invisibles son los virus y que a esos les importa un pepino si copias o haces calceta. Leyendo el blog de Verónica Sukaczer me han dado ganas de copiarle un post y escribir sobre

MIS PECADOS LITERARIOS

Intento no escribir. Lo evito siempre que me es posible y cualquier excusa es buena: tengo sueño porque he madrugado, con dos horas no es suficiente, la cocina necesita un repaso, ¡qué bonito es mi salvapantallas!

Nunca acepto encargos, hago como que sí, pero nunca escribo lo que me piden y acabamos “dejándolo para más adelante”.

Estoy siempre presente en todo lo que escribo, ya sé que eso no se hace, pero me da igual.

Hablo con el lector, también sé que no se hace, pero es que si no me aburro.

Podría escribir sin ordenador, sin máquina, creo que podría escribir, incluso, sin papel, pero no puedo escribir sin una taza al lado. De café, por supuesto.

Adoro mi primer libro, incluso he llegado a creer que La casa grande existe y quiero ir a visitarla.

He leído a los clásicos y algunos, incluso, me han gustado. No diré cuales.

Leo muy, muy, muy despacio. Tardo mucho en acabar los libros que escojo. Suelo cerrarlos y quedarme pensando en lo que acabo de leer y eso ralentiza mucho la faena. Si no lo cierro, es que no llega allí a donde debe llegar lo que leo.

Tengo una gran debilidad por el siglo XIX. Lo he idealizado.

No me gusta Chejov.

Me encanta Wilde.

¿Verónica es una pésima vendedora de sí misma? ¿Después de pésimo que viene? Y, sí, eso es muy malo para esto de la literatura. Y es que hay por ahí un montón de escritores con una capacidad comercial admirable.

Otra cosa en la que soy mala es en las revisiones. Cada vez que reviso una novela, me sale otra. La que estoy escribiendo ahora es la quinta versión de una idea original que ya apenas nada tiene que ver con sus orígenes.

Yo también me siento frente al PC y juego al Spider o a Los Sims para no empezar a escribir.

Tengo dieciocho principios de novela en una carpeta llamada “trabajando”.

Siempre digo que voy a presentarme a concursos a los que luego llego tarde.

Compro libros, los leo y si no me gustan los regalo. He regalado cajas llenas de ellos, algunos con muy buenas críticas.

Me siento obligada a enviar mis novelas a editoriales, pero siento un profundo regocijo cuando me rechazan. En el fondo siempre he sabido que no sirvo para esto.

Me aburren mortalmente las presentaciones de libros. A veces, he sentido vergüenza ajena.

Lucho por no ser de esos “escritores” que solo saben hablar de lo que escriben. ¡Qué pelmazos! Prefiero la conversación de un albañil explicándome cómo alicatar un baño.

Canibalizo a mis semejantes. Escucho mucho a los demás. Interiorizo sus cotidianidades y las guardo ocultas en mi cerebro. Y un día se convierten en una historia que no deja de aguijonearme hasta que la escribo.

En catalán hago castellanismos y, en castellano, catalanismos. Me resulta inevitable.

Yo también uso el diccionario de sinónimos del Word. Y el diccionario de la Real academia. Y el panhispánico de dudas. Y Google. Y Google street view. Y la Wikipedia.

Por cierto, ¿sabíais que tenemos tres preposiciones nuevas? Durante, mediante y via...

viernes, 2 de octubre de 2009

Una larga conversación

Hace ya 23 años y le sigue pareciendo gracioso que ocurriese en una librería. A punto de pagar uno de Julio Cortazar porque quería recuperar la afición a la lectura que sus profesores habían matado a fuerza de insistencia y libros mal escogidos. Se giró y la besó. La cajera les miraba con cara de vergüenza ajena, era evidente que era el primer beso y Abacus no era París, precisamente. A ella le temblaban las piernas y, quizá, a él también. De hecho, aún le tiemblan a veces. Habían superado dos noches en Rupit dentro de una tienda de campaña y una en Rubí, en habitaciones separadas, pasándose notitas por debajo de la puerta. Pero lo que más costaba arriesgar eran los dos años de amigos. Esos que se lo cuentan todo sabiendo que al otro lado hay alguien que escucha y no sólo oye lo que decimos. Era mucho lo que se jugaban apostando al 2.

-Supongo que tenemos que hablar –le susurró al oído mientras esperaba el cambio.

Ella asintió.

Y ha resultado ser una larga conversación.

Imágenes: Rafal Olbinski


miércoles, 23 de septiembre de 2009

En ninguna parte

Anoche tuve un sueño. Soñé que estaba viva.

En un momento me salí del cuadro y caminé hacia aquel paisaje conocido donde una vez fui. La hierba me hacía cosquillas en la planta de los pies y el olor a tierra mojada me estremecía de placer. Seguí caminando, no debía temer al cansancio, ni tampoco a no llegar a ninguna parte. Ya estaba en ninguna parte.

El camino era estrecho, los árboles que lo flanqueaban eran altos y movían sus brazos, repletos de hojas, al compás del viento. Me miré y vi que estaba desnuda, pero no sentía frío. Yo era el frío.

Quería seguirte. Seguir caminando y llegar a alguna parte, cansada de que el camino siempre acabase con el sueño, quería seguir soñando y vivir por ello de nuevo.

Era inútil. El sueño terminó y me encontré de nuevo en esta triste habitación llena de antiguos recuerdos de otra vida. Recuerdos y objetos que sólo puedo contemplar.

Morí aquel día. Y es un justo castigo por mis actos estar viva para contemplar mi lenta e inexorable muerte. Sin que nadie pueda rescatarme. Sin que nadie se compadezca de mí. Morir cada día al abrir los ojos…

sábado, 29 de agosto de 2009

... el psicólogo

-Buenos días.
-Buenos días. ¿Qué tal tus vacaciones?
-Bien.
-¿Te han servido para desconectar?
-¿Desconectar de qué?
-Del trabajo.
-Ya me fui desconectada de casa.
-Bueno, pues para desconectar de la rutina.
-Para eso sí.
-¿Te ha gustado?
-Psse.

Silencio

-¿Y cómo vas de lo tuyo?
-¿A que te refieres?
-A tu obsesión por el tiempo.
-Bien, se cría sana y fuerte. La obsesión, digo.
-¿Has escrito algo estas vacaciones?
-Más bien me he dedicado a desescribir.
-Explícame eso.
-Llevo un par de años con una novela, ya lo sabes. Tengo clara la historia, dibujados los personajes, desarrollada la trama, pensado el final, decidido el principio…
-¿Y entonces?
-Me falta la novela.
-No te entiendo.
-¿Sabes lo de Pandora?

Fruncido de ceño

-Sí, hombre, que se pasaba el día tejiendo y la noche deshaciendo
-Esa era Penélope.
-¿La del bolso de piel marrón, zapatitos de tacón y vestido de domingo?
-Esa es de Serrat.
-Me gusta mucho Serrat. Bueno me gustaba más antes, cuando cantaba a su pueblo blanco y al Mediterráneo.
-Centrémonos.
-Lo que quería decir es que soy incapaz de hilvanar todo lo que tengo escrito y no hago más que cambiarlo. Verás, es una historia que se desarrolla en la actualidad, pero está relacionada con otra que ocurrió hace mil años.

Asiente como si comprendiera

-Los personajes del pasado no se conforman con aparecer en la sombra y me exigen más protagonismo, así que decidí darles capítulos alternos: pasado, presente, ya me entiendes.
-Sí, sí, claro.

Demasiada vehemencia

-¿Ves?
-¿Qué?
-Que eso va a ser un lío. Así que he decidido hacerlo de otro modo y dejar que el presente adquiera todo el protagonismo y que el pasado se descubra gracias a la trama.
-Muy bien.
-Pues no, porque a mis personajes medievales no les gusta la idea y no me dejan continuar.
-Cuando dices que no te dejan continuar hablas metafóricamente ¿no?
-No oigo voces si es lo que te preocupa.
-Supongo que esto es lo que les pasa a los escritores.
-¿Y por qué lo supones?
-Las suposiciones suelen basarse en conocimientos previos.
-¿Tú siempre hablas así?
-¿A qué te refieres?
-Déjalo.
-Quizá en tu comportamiento con esta novela se esconde el deseo oculto de dejar de escribir. Quizá no quieres acabarla para no tener que empezar otra. Quizá tu subconsciente te esté diciendo algo…
-Mi subconsciente tiene línea directa con mi conciencia.
-Eso no es posible.
-Mira ahora mismo se está comunicando conmigo.
-¿Ah, sí? ¿Y qué dice?
-Que vaya sacando el monedero porque está a punto de acabarse la hora de visita.

miércoles, 15 de julio de 2009

En el espejo

Tengo la extraña sensación de haberme visto en algún sitio.

Cada mañana cuando me levanto y miró al espejo que ocupa el frontal de mi lavabo busco en él a la persona que creo que soy y me sorprendo con esa que me mira descarada y con expresión de estar riéndose de mí.

Cuando era pequeña mi madre me decía que hacerse mayor era una putada porque, cuando no tienes pruebas delante de los ojos de lo contrario, tú sigues teniendo diez años a veces, catorce otras y diecinueve la mayoría.

Durante un tiempo huí de los espejos, los escaparates de las tiendas y las bandejas de los bares. Intentaba no encontrarme a traición y en un despiste, con la cara de esa que no soy yo.

Pero es inevitable, llega un momento que tienes que reconocer que ya no te ves distinta.

Has desaparecido.

En tu lugar está ella, que sonríe y te dice que hacerse mayor es una putada.

domingo, 28 de junio de 2009

El cine, ese gran lector...

Acabo de llegar del cine de ver Millenium: Los hombres que no amaban a las mujeres.

En primer lugar, para todos aquellos que han pensado alguna vez leer la novela: no vayáis a ver la peli. Al menos no antes de leer el libro. El primero y el segundo.

La película me ha decepcionado enooooormemente. Elimina de la trama personajes que considero muy importantes, como la casi inexistencia de Erica Berger y la revista Millenium. Sí, la revista es uno de los personajes más importantes de la novela y en la película se la cargan de un plumazo.

He salido del cine con un regusto amargo, como siempre que veo una película basada en un libro. Bueno, casi siempre.

Los actores son lo único que quiero salvar, los dos protagonistas, tanto Mikael como Lisbeth están bien, no como yo los he imaginado, pero bien.

El director no se leyó el libro, se lo contaron mientras se tomaba unas cañas con unos amigos. De algo se enteró, que había una investigación y eso, pero de la esencia de Los hombres, res de res -que decimos aquí.

Pero si hay algo que no le perdono, algo que no puedo aguantar, es a los aguafiestas. Vale que el título es Millenium 1: Los hombres... y que la revista solo sale de refilón. Vale que hay que suprimir personajes porque la gente no tiene todo el día para pasarlo en el cine. Vale. Pero que el muy (piiii) se atreva a ir dando pistas sobre el segundo me parece de lo peor. Yo he leído los dos primeros, pero la persona que está leyendo el segundo y ha decidido creer en el séptimo arte y se ha pagado la entrada (que no es precisamente barata) para ver qué han hecho con el primer libro se ha encontrado con que le han desvelado cosas que no quería saber. Eso es imperdonable. Sobre todo en una novela negra.

Lo siento, pero si lo llego a saber no voy.

Leer, leer.

miércoles, 24 de junio de 2009

Querido Stieg Larsson

Estoy a punto de terminar la segunda parte de Millenium y llegado a este punto he decidido que quiero dedicarle una entrada.

En primer lugar diré que me río de los prejuicios de aquellos que huyen del éxito como si temieran que se les pudiera notar la mucha envidia que les produce. En segundo me río de las opiniones de "los que saben escribir" y creen que el mejor libro es aquél que aún no se ha escrito (y que, por supuesto, escribirán ellos). Y en tercer lugar me río de todos aquellos que se creen "diferentes" por no hacer algo que los demás hacen (para eso no hace falta esforzarse, ni es necesario hacer de ello un estandarte). Para ser diferente solo hace falta ser uno mismo, que dijo aquél.

Y ahora dejo de reírme.

Para decidirme a leer la novela tuve dos llamadas de atención: la ilustración de la portada de Gino Rubert (soberbia, permítanme decirlo) y la trama que nos presenta la solapa. Vaya, lo que siempre me hace escoger un libro en lugar del que está colocado a su lado en el estante o la mesa. El que mucha gente hable de un libro no afecta nunca a mi decisión de leerlo. Sí, leí El Quijote y encima hasta me gustó, lo combinaba con novelas románticas de Jazmín y Tebeos de Zipi y Zape.

Los hombres que no amaban a las mujeres es una novela fresca y resuelta. Los personajes son sorprendentes y están muy bien definidos. Te engancha desde la primera página y Larsson te acompaña todo el tiempo susurrándote ideas en el oído. Yo soy de esas que tienen la mala costumbre, cuando leo novela negra, de tratar de descubrir al asesino y, aunque esté mal decirlo, tengo buen ojo. Larsson no me dejó. Fuera tópicos, fuera consabidos hechos resultones, fuera personajes antipáticos o demasiado simpáticos. Fuera el bueno, malo. Gracias.

Lisbeth Salander es adorable, una perturbada Pippi Calzaslargas que en lugar de medias a rayas y trenzas que desafiaban a la gravedad, lleva pircings y tatuajes. Tiene una moral muy personal a la que se ciñe siempre y en cualquier situación.

Mikael Blomkvist es un periodista preocupado por hacer bien su trabajo, adicto al café (cómo le entiendo) y a su jefa Erica Berger.

La confluencia de estos dos personajes tan distintos conforma, para mí, uno de los factores más atrayentes de la novela. A parte, claro está, de la magnífica trama que Larsson se inventó (¡cómo le envidio!).

Hacerse una idea de cómo era Larsson no es nada difícil, si indagas un poco en su biografía te das cuenta de que no se diferenciaba mucho de Mikael Blomkvist. Una auténtica faena que le diera un infarto. Una gran pérdida.

¿Qué puedo decir sin desvelar nada de las novelas? Tengo un problema y es un problema serio, no soporto que los autores de los libros que leo me traten de tonta. Me gusta que me obligue a pensar, que me crea lo suficientemente inteligente como para ir dejándome pistas sutiles, no zafias. Que me hable de tú, como si realmente me respetara.

Larsson es así, te cuenta una historia que se sale de lo normal, te presenta a sus personajes y los ves dormir y comer, casi puedes oler el aroma del café recién hecho. Te estremece y te angustia y después, cuando has terminado de leer recuerdas toda la trama como si hubieses visto una película en blanco y negro.

Esta trilogía sólo tiene un defecto.

Que no la he escrito yo.

Lo recomiendo.



domingo, 7 de junio de 2009

El "Anónimos" de Miguel Sanfeliu

Soy tan poco dada a las presentaciones de libros que no fui ni a la mía. No soy muy de “religare” soy más de salsear, pero con Miguel hice una excepción y me alegro.
Fui en transporte público y aterricé en la Ciudad Condal en pleno bullicio de un viernes tarde a pleno rendimiento. Como llegué con tiempo de sobra y no quería molestar (ya me veía vagando por la librería cargada de libros, que no se me puede dejar sola en medio de tanta bacanal, que me conozco) me colé en el H&M para empaparme de verano. Solo de visita que el probeteo cansa mucho.

Llevaba veinte minutos en la ropería y ya estaba cansada cuando recibí la llamada de mi acompañante. Quedamos a la altura de Aragó y nos dirigimos a la Librería Bertrand. Por la mañana la había buscado en el Street View porque no la conocía y me llevé una gran sorpresa. Resulta que la librería era una tienda de ropa, Musgo, para más detalles. Bueno, pensé, o el Street View no lo actualizan o Miguel va a ser muy original.

La Librería Bertrand existe, además es una magnífica librería en la que sería un gusto perderse una noche cuando hubiesen cerrado. Que me dejen tan sólo la cafetera conectada, con eso me apaño.

Reconocí a Miguel en cuanto le vi, y me parece que a él le ocurrió lo mismo. Lo primero que hice después de saludarle es irme a buscar su “Anónimos” y más después de comentarme, preocupado, que los libros no habían llegado y que tan solo habían unos poquitos que había traído el editor. Lo ojeé por encima y leí las cuatro primeras líneas. Miguel, sin duda.

Charlamos, se notaban sus nervios por un nuevo estreno. Llegó una mujer con un mechón muy sospechoso y nos acercamos la una a la otra, frunciendo el ceño y sonriendo, al mismo tiempo: ¿Rosa? ¿Antonia? Nos dimos un abrazo. Habíamos hablado por teléfono en alguna ocasión, ella me hizo una entrevista para Anika (gracias Anika, no lo he olvidado) e hizo una reseña en la revista Anika entre libros. Conocerla fue un placer. Hablamos de su próxima publicación y de la Comisaria Cornelia Weber-Tejedor. Después Miguel me presentó a Francisco Machuca que publica el blog “El tiempo ganado” y al que no conocía.

Nos sentamos, cada uno como su intención le dio a entender. Yo en la segunda fila, que la primera me da mucho respeto. Yo era la de “rizos castaños sobre el cuello de una blusa de cuadritos vichy azul marino y blanco”. Hola Lludia.

Con los nervios de Miguel y la sonrisa de Hilario J. Rodríguez, el editor, que me perdone, pero no recuerdo el nombre, inició la presentación.
Care Santos fue la encargada de hablar de Anónimos y, de paso, nos explicó cómo veía ella a Miguel, el escritor. Su charla fue amena y entretenida y me entraron ganas de abrir el librito allí mismo y ponerme a leer. Me contuve. Tiene tablas, la Santos.

Miguel habló de sus motivos para escribir y nos contó una anécdota personal con un tío suyo, muy interesante. Fue dejando los nervios, poco a poco y nos hizo disfrutar de escucharlo. A Hilario J. Rodríguez, no le conocía y me pareció un autor muy interesante.

Y ahora lo que me ha traído hasta aquí.

Anónimos es un librito con una presentación muy atractiva. Cada relato está ilustrado por el propio Miguel y los dibujos son muy interesantes. Consta de cuatro cuentos que, por supuesto, no os voy a explicar. La manera de narrar de Miguel, ya la conocía, es claro y brillante como el sonido de una guitarra acústica. En sus cuentos prima la sencillez y riqueza del lenguaje, puedes visualizar la escena como si estuviese sucediendo delante de tus ojos. Oyes el sonido de las bombas, sientes el miedo al abrir el sobre, el lento movimiento del rey al caer, o el dolor del golpe en el estómago. Todo con un realismo natural.
Tiene el sello de Miguel Sanfeliu y estoy segura de que éste es sólo el principio.

lunes, 18 de mayo de 2009

Certificado de existencia


CERTIFICADO DE EXISTENCIA

Ah ¿quién me salvara de existir)
Fernando Pessoa

Dijo el fulano presuntuoso /
hoy en el consulado
obtuve el habitual
certificado de existencia

consta aquí que estoy vivo
de manera que basta de calumnias

este papel soberbio / irrefutable
atestigua que existo

si me enfrento al espejo
y mi rostro no está
aguantaré sereno
despejado

¿no llevo acaso en la cartera
mi recién adquirido
mi flamante
certificado de existencia?

vivir / después de todo
no es tan fundamental
lo importante es que alguien
debidamente autorizado
certifique que uno
probadamente existe

cuando abro el diario y leo
mi propia necrológica
me apena que no sepan
que estoy en condiciones
de mostrar dondequiera
y a quien sea
un vigente prolijo y minucioso
certificado de existencia

existo
luego pienso

¿cuántos zutanos andan por la calle
creyendo que están vivos
cuando en rigor carecen del genuino
irremplazable
soberano
certificado de existencia?

Mario Benedetti

miércoles, 11 de marzo de 2009

Santino

Llevaba mucho tiempo esperando que algo así ocurriera.

En el fondo, debo reconocer, lo ansiaba.

He ido tres veces al zoológico en mi vida, la primera para conocerlo yo, la segunda para que lo conociera mi hijo mayor y la última para que fuese mi pequeña la que lo visitara. Mi misión para con ellos era constatar lo injusto y antinatural de ese recinto para criaturas que no han hecho nada que justifique su encierro. No era necesario, ellos mismos comprendían enseguida lo antinatural de aquel lugar y nunca pidieron volver.
Me irrita y me indigna ver a los gorilas observando a los que los observan, con una mirada tristísima. Me subleva la minúscula piscina en la que viven los delfines y las orcas en lugar del mar que les es debido. Bueno, no es necesario que haga un recorrido por todo el reino animal allí prisionero, para denunciar lo que me provoca ese "lugar para niños".

Esta aversión germinó, quizá, viendo la película "El Planeta de los Simios", basada en la novela homónima de Pierre Boulle. Hablo de la original, por supuesto, no ese bódrio que hicieron con la simia a lo Michael Jackson.

No lo sé, la mente es tan esponja que todo es posible.

Por eso cuando vi en televisión a Santino reí con ganas imaginando al inteligente chimpancé lanzando piedras a sus visitantes. Piedras que primero recolecta y guarda hasta la llegada de los mirones. De manera que este homínido se prepara para "atender" a sus visitas, incluso es capaz de conseguir esas piedras golpeando el hormigón de su celda en las partes que sabe débiles.

Una maravilla, vaya.

Me fascinan los homínidos, los gorilas, chimpancés y orangutanes y desprecio profundamente a quienes los cazan para utilizar sus manos, por ejemplo, de ceniceros.

Santino es el primero. Espero que no sea el único.

¡Bien por Santino!

PD: Alguien debería averiguar el nombre de sus padres. Si se llaman Cornellius y Zira, desconfíen...

domingo, 22 de febrero de 2009

¿Un café?

El café es un amigo. Me dice que escriba, me relaja, me estimula.

Con leche sabe a niños antes del colegio, a compañeros de trabajo mirándote a los ojos para decirte que todo sigue igual en sus vidas, a libro y gafas en el sillón.

Cortado sabe a resopón en casa de los suegros, a pastas y todos hablando a la vez.

Con leche condensada, sabe a mami, a tardes de charla y recuerdos, a infancia, a viejas amigas.

Sólo, sabe a necesidad, a prisa, a debilidad manifiesta.

Capuchino sabe a terraza, a mirarlo todo con ilusión, cuéntame que tengo tiempo.

Helado sabe a consuelo, a largo y dulce consuelo.

Express, siempre Express

viernes, 20 de febrero de 2009

20 de febrero de 1965

El Mar de la Tranquilidad: 5 Segundos para el Impacto

El 20 de febrero de 1965 la sonda espacial Ranger 8 ("Guardabosque", en inglés) se estrelló en la Luna . Transmitiendo rápidamente una serie de fotografías a los controladores de tierra, su cámara grabó ésta a una altitud de unos 11 kilómetros, 5 segundos antes de impactar la superficie lunar. De dos kilómetros de ancho y con objetos visibles de 4 metros de tamaño, la imagen es de un área en el Mar de la Tranquilidad al norte del sitio de alunizaje de la Apolo 11 .

La estación automática Ranger representaba los primeros intentos de los EE.UU. para obtener fotos de alta resolución de la Luna, volando un curso de colisión hacia áreas seleccionadas y enviando de regreso fotografías hasta el momento del impacto.

+++++++++
Un estudio de la Universidad de Warwick en Darmoth College, publicado en la revista Social Science & Medicine, revela que el riesgo de padecer depresión tiene su nivel máximo a la edad de 44 años.

Las mujeres de más de 44 años es el colectivo que más destaca entre los que buscan su primer empleo.

Por suerte, ni conozco a nadie en Warwick ni estoy en el paro...

Portada de La Vanguardia

20 de febrero de 1965

jueves, 12 de febrero de 2009

200 años...


Es curioso, pero aunque hace ya más de veinte años que conozco a ese estupendo y divertido ser humano evolucionado que es mi suegro, todavía no he conseguido atravesar la dura capa estructurada en su cerebro que protege la idea de que si una taza no puede hacerse sola, el ser humano, que es mucho más perfecto y complejo, menos.

Supongo que si Darwin hubiese tenido el placer de sentarse a charlar con Julián, una de dos, o le habría estampado en la cabeza “El origen de las especies” o se hubieran tomado unos vinos a carcajada limpia.

Y es que eso de aceptar que estamos aquí, no se sabe para qué, no es fácil.

Frente a los que creemos en la teoría de la evolución están los creacionistas. El creacionismo en Teología supone que el alma personal de cada ser humano es resultado de un acto especial de creación por parte de Dios.

Pero es que ahora hay un creacionismo científico que postula contra la veracidad de la teoría de la evolución. Hablan del “darwinismo”, englobando en esa palabra todas las teorías científicas que han trabajado para demostrar el hecho evolutivo, y lo catalogan como una “teoría más”. Los creacionistas aseguran no estar necesariamente vinculados a ninguna religión, pero creen en un diseño inteligente. Y yo me pregunto ¿quién es ese diseñador?

En la afirmación de que el creacionismo no tiene nada que ver con la religión se esconde una contradicción obscena. Cito: “Esta teoría no habla estrictamente de un dios, sino de un ser superior con capacidad para concebir y configurar el mundo tal y como lo conocemos.” ¡Anda, mi madre! ¡Es verdad! No se refiere a un dios…"(ver aquí)

Charles Darwin nació el 12 de febrero de 1809 en Shrewsbury, Inglaterra.
El 24 de noviembre de 1859 aparece El origen de las especies mediante la selección natural o la conservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida.
El primer día se agotaron los 1250 ejemplares que publicaron.
Darwin expone en él sus estudios sobre la selección natural y la teoría de la evolución.

"Es interesante contemplar un enmarañado ribazo cubierto por muchas plantas de varias clases, con aves que cantan en los matorrales, con diferentes insectos que revolotean y con gusanos que se arrastran entre la tierra húmeda, y reflexionar que estas formas, primorosamente construidas, tan diferentes entre sí, y que dependen mutuamente de modos tan complejos, han sido producidas por leyes que obran a nuestro alrededor."
El origen de las especies, Charles Darwin

viernes, 23 de enero de 2009

En la consulta

-Doctor, me cuesta un imperio levantarme temprano, tengo dolor en las articulaciones, mis ojos están cansados, a veces digiero mal lo que como, se me cae el pelo y ya no puedo subir las escaleras de dos en dos. A veces tengo la sensación de que nada tiene sentido y me sobreviene una gran tristeza. En cambio otras me encuentro pletórico y lleno de ilusión.

El médico asentía con la cabeza al escucharle, mientras revisaba los análisis y las radiografías que el paciente traía consigo.

-¿Es grave doctor? Sobre todo dígame si tiene solución.

-Pues verá, una vez hecho el diagnóstico y revisadas todas las pruebas, no hay duda. La enfermedad que le aqueja es mortal de necesidad.

El paciente palideció y se agarró con fuerza a los reposabrazos de la silla.

-Se llama Vida, es un mal que desgasta mucho y para el que solo hay una cura.


Morirse.

viernes, 9 de enero de 2009

Hay de todo, como en botica

Para esos que te piden una colaboración y nunca responden a la recíproca
(nadie te obligó)

Para los que te piden un libro y se lo quedan
pero si ya tienes muchos!)

Para los que te dicen que te enviarán un libro y nunca más se supo
(dije noviembre, pero ¿mencioné de qué año?)

Para los que se presentan en tu casa sin avisar... y se invitan a cenar
(donde comen cuatro, comen catorce)

Para los que te dicen que te quieren y por eso te hacen daño
(ya lo dice el refrán)

Para los que se preocupan por ti diciéndote la mala cara que haces
(si eres fea ¿qué culpa tengo yo?)

Para los que aseguran admirarte mientras te ignoran
(es que a tu lado me siento tan pequeño
que tengo que hacer como si no estuvieses)

Para los que se acuerdan de ti cuando necesitan que les escuchen
(pero si en el fondo te gusta)

Para los que siempre te dicen la verdad
(alguien tiene que decírtela)

Para los que nunca se acuerdan de tu cumpleaños
(¿es que era fiesta?)

Para todos ellos un fuerte abrazo.

¿Qué sería del mundo sin variedad?
Sería... como una frutería donde solo hubiesen tomates
(¡mmmm, qué ricos los tomates!)
Una sosería, vaya.

domingo, 4 de enero de 2009

Cargando la mochila

El nuevo año invita siempre a hacerse grandes propósitos. No he querido revisar la lista del año pasado porque no quiero autoflagelarme, pero creo que algo sí que he madurado, como me ocurre desde que cumplí los quince. Así que esta vez quiero hacer algo distinto, otro tipo de lista. Lo que no va a cambiar es que el compromiso es, tan solo, conmigo misma. Mi peor guardián.

Me comprometo a no deprimirme por:
Que no me toque la lotería
(incluso si se da el hecho de que compre un número)
Que no me llame ningún agente
(y no me refiero solo a Carme Balcells)
Que mi novela no esté entre las más leídas
(ni entre las 500 más leídas ¿véis como sí soy optimista?)
Que vuelvan a declarar desierto un premio al que me presente
(esto va a ser difícil, no tengo intención de presentarme a ninguno...)
Que la vida no me deje tiempo para escribir
(anda que no hay otras cosas en la que perderlo)

Y también me comprometo a:
No darle el coñazo (perdón) con mis neuras de escritora frustrada. Véase:
-No tengo tiempo de escribir
-No me llama ningún editor
-No me llama ningún agente
-Lo que pasa es que no valgo

Algún día tendrán que hacer un monumento al compañero del escritor anónimo.
Ese que vive contigo y te ve caer y levantarte como si tu vida fuese una montaña rusa en la que lo más divertido es que vayas en línea recta.
Ese al que estudias la mirada cuando lee algo tuyo y al más mínimo gesto le tiras encima el "lo sabía, no vale".
Ese al que le pides total sinceridad y le aseguras que no va a dolerte, que estás preparada, y después de que se "sincere" ve en tus ojos que si no estuvieses sujetándote las manos, estarían descansando en su cuello.
Ese que una vez, hace ya mucho tiempo, dijo que sí, que quería, sin saber que la que llevaba de la mano era un planeta emocional, una bola de fuego sensible. Una escritora.


Quien los conoce, sabe de lo que hablo.


jueves, 1 de enero de 2009

Feliz Año 2009

Feliz Año Nuevo para todo aquél que entre en este blog
(y también para los demás).

No os digo que se os cumplan todos vuestros deseos
porque, es posible, que eso que deseáis no sea lo que os hará felices
(tengo algunas experiencias de esas).

Os deseo lo mejor que, muchas veces, es una incógnita.


domingo, 28 de diciembre de 2008

Vacacionenando

Estoy teniendo auténticas vacaciones. Leer, estar con mi familia, salir, leer otra vez, ver películas... mmmmmhhhhhhh!!!! No estoy escribiendo nada, me lo puse como terápia para estas navidades y he de decir que estoy siendo buena y cumplo a rajatabla con las órdenes. Emma y sus preocupaciones siguen molestándome a diario, he de reconocerlo, pero soy fuerte y, de momento, resisto bien.

He leído en los últimos días una novela estupenda, de esas que hacía tiempo tenía ganas de saborear. Últimamente no acierto mucho con las lecturas que escojo y me estoy llevando auténticas decepciones con algunos autores en los que confiaba. Sabéis que no es mi costumbre hablar de las novelas que no me gustan, así que no voy a decir nada sobre ellas, pero sí sobre esa otra que os comentaba.

Se trata de la obra de un escritor nóvel , uno de esos que escriben en blogs y se empapan de literatura durante las horas que el trabajo y la familia lo permite. Leyendo su blog ya sabía que había madera, pero no puedo negar que me ha sorprendido con una novela exquisita, vivida por unos personajes de carne y hueso, con los que empatizar no es ningún acto de fe, sino algo natural. No puedo hablar de ella ni de él, no tengo su permiso, así que punto en boca.

Por lo demás, voy a seguir leyendo, jugando a la wii con mi hija, escuchando la guitarra de mi hijo en compañía de...

martes, 16 de diciembre de 2008

Depresión

Llegó a la Secretaría pidiendo que le dejásemos hablar por teléfono. Quería llamar a su abuela. Después de la llamada se rompió en lágrimas, sus ojos tenían una mirada tan triste que no pude evitar preguntarle qué le pasaba. "Estoy muy mal, me encuentro fatal, no sé qué me pasa" Sus lágrimas no eran las de un chaval de trece años, eran lágrimas hondas de esas que te traspasan cuando eres testigo.

Ella es profesora, de catalán para más señas, pero es su sensibilidad para con los alumnos la que la supera. Se lo llevó a la cafetería. Al cabo de una hora la tristeza había pasado a sus ojos y apenas podía explicarnos sin que las lágrimas la vencieran. Tiene una depresión, nos dijo, habla como un adulto de lo que le ocurre, es estremecedor. Dice que no tiene motivos, que tiene todo lo que un chaval puede desear: unos padres que le quieren, una familia, buen expediente... Sin embargo, está profundamente triste, sufre de ansiedad y cree que algo malo le va a ocurrir. A veces tiene que pedir que le dejen salir de clase porque le invade una profunda angustia y no puede contenerse. Es un muchacho sobresaliente para el que estudiar era fácil y le daba unos resultados excelentes.

¿Qué ha ocurrido, entonces?

La Marató de TV3 nació en 1992 con un programa dedicado a la leucemia y desde entonces no ha dejado de emitirse ininterrumpidamente año tras año, todos los diciembres, antes de Navidad. En 1996 la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales creó La "Fundació La Marató de TV3", con la misión de fomentar y promover la investigación biomédica y provocar sensibilización social hacia algunas enfermedades y facilitar el control del dinero que se dona de manera solidaria. El día de la Marató, políticos (incluidos los "Presidents"), famosos y voluntarios se encargan, durante horas, de coger los teléfonos ubicados en las cuatro províncias, recibiendo los donativos anónimos de personas que se identifican con las historias que durante todo el día y, por la pequeña pantalla, nos muestra la vida cotidiana de los que sufren estas enfermedades. Además del programa en sí, en multitud de pueblos se realizan actividades para recaudar fondos.

Este domigo, 14 de diciembre, la Marató de TV3 se dedicó a las enfermedades mentales, entre ellas la depresión. No pude dejar de pensar en él. El lunes, Marga me dijo lo mismo.


Así ve la vida un enfermo de depresión.

Recaudación de La Marató 2008: 5.837.095 euros

15 horas de programa

934 líneas de atención telefónica

2700 voluntarios


martes, 18 de noviembre de 2008

Quien quiera escribir que se ponga en camino

Ayer me fui a desayunar con ella. Tiene la mirada triste de quien ha descubierto que contar algo, si sale de dentro, da poca satisfacciones y muchos quebraderos de cabeza. Me pedía consejo. Qué cosas -pensaba yo. Y en la conversación, hablando de su prosa poética y los muchos puntos y aparte, salió la maravillosa forma que tiene de describir paisajes, lugares y momentos. Su manera de explicar se transforma en un manantial de palabras conectadas de un modo arrollador. Entonces me habló de eso, sí, de eso que, estoy segura, muchos escritores o aspirantes han sufrido en carne propia: no ser profeta en tu tierra. La sonrisa displicente del amigo filólogo cuando te pregunta ¿que tú escribes? El consejo de tu madre que te dice "primero está la casa, tus hijos y tu marido". La indiferencia de aquél, la sorna del otro. Sin haberte leído, sin saber siquiera de qué les estás hablando. Tú, la que jugaba en la calle a la comba y no llevaba gafas. La pequeña, el último mono de una familia demasiado ocupada en no entenderse a pesar del cariño. Tú eres la cuñada poco interesante, la que trabaja en secretaría, la vecina del tercero...

Su madre no pasó de la segunda página y él cree que a nadie le interesará leer "eso". Y, sin saberlo, se están perdiendo de leer unos párrafos gloriosos que forman parte de su propia historia y que, si dejaran a un lado los estúpidos prejuicios, podrían resultarles mucho más interesantes que cualquier cosa que quisiera decirles Ruiz Zafón, Pérez Reverte o el mismísimo Cervantes desde sus lejanos reinos.

Un escritor necesita cómplices, seres que vivan a su alrededor para darle historias, alguien que le ayude a encontrar el tiempo para poder escribir. Y, sobre todo, aquél que cogerá de sus temblorosas manos el recién terminado texto. Sin prejuicios. Sin afanes. Tan sólo el lector y su libro, porque cada obra a la que se pone un punto y final es obra nueva a la luz de otros ojos.

Sí Mafalda, no me mires así.

sábado, 8 de noviembre de 2008

En busca de la infelicidad

Me preguntaba ayer en una conversación por teléfono por qué la vida se empeñaba en ser tan dura con ella. La frase ¿qué he hecho yo para merecer esto? está tan vacía de contenido que cuando la escucho mi cerebro se queda en blanco.

Pertenece a un tipo de persona muy peculiar y extraña. Mujeres y hombres que forman parte de un entorno "normal", cotidiano, quiero decir, tienen familia y amigos a su alrededor, su proyecto de vida es el típico de la sociedad a la que pertenecen, o sea: casarse y tener hijos, una profesión en la que "crecer". Sin entrar en detalles personales e íntimos, lo más determinante de estas personas a las que me refiero es su interés visceral y permanente por ser infelices. No importa lo que ocurra a su alrededor, ni importa tampoco quiénes sean sus interlocutores. Tampoco importa lo mucho que te preocupes por ayudarles, ni lo que sufras por ellos. No importa, porque son inmunes a los demás, viven dentro de su propio yo, pendientes permanentemente de sí mismos. Son el yo, mí, me, conmigo. Buscando respuestas trascendentales para preguntas que se resuelven con un simple acto de fe. La fe de creer que uno mismo es capaz de tomar la decisiones correctas que le llevaran, si no a la felicidad, sí al bienestar y la paz interior. Estas personas, no sólo no quieren ser felices, tampoco soportan la felicidad en aquellos a quienes ven sus ojos. Todos sus recuerdos son amargos, todas sus experiencias están dirigidas por un ser cruel y dañino que ha buscado durante años hacerles daño de mil y un modo distintos. Todo el mundo a su alrededor es egoísta y desagradecido, ¡con todo lo que yo he hecho por ellos! Y, sobre todo, nadie comprende su sufrimiento.

Hace años alguien me dijo que en el mundo hay dos tipos de personas, las que te dan energía, que estando a tu lado te producen un efecto vitalizante, ganas de vivir, de hacer cosas. Y las que te la quitan, se la quedan ellos, te dejan cansado, sin ganas de nada, tu entorno se vuelve gris y de pronto el mero hecho de existir se convierte en un sin sentido. El problema de estas personas es que son hijas, hermanos, amigas, esposos y madres, y los que comparten espacio vital con ellas son atraídos a una espiral destructiva con un poder de atracción para el que no han inventado aún un nombre.

Buscar la propia infelicidad es una ardua tarea que consume demasiada energía, hacer siempre aquellas cosas que sólo te provocarán sufrimiento. Querer a quien no te quiere, despreciar a quien te quiere, menospreciar a quien le importas, quejarte, quejarte, quejarte...

Puedes irte, alejarte de esas personas, pero cuando vuelves a encontrarte con ellas te invade la misma sensación y el mismo sentimiento de angustia vital que antes te producían. Te consumen el alma, absorben tus ganas de vivir.

Y vuelve aquella tristeza.

Y después el alivio de sentirse lejos.


Fórmula de la felicidad según Eduardo Punset
(El viaje a la felicidad - Ediciones Destino)


FACTORES SIGNIFICATIVOS
E= Emoción al comienzo y final del proyecto.
M= Mantenimiento y atención al detalle.
B= Disfrute de la búsqueda y la expectativa.
P= Relaciones Personales.

FACTORES REDUCTORES DEL NIVEL DE FELICIDAD (R)
Ausencia de Desaprendizaje.
Recurso a la memoria Grupal.
Interferencia con los procesos automatizados.
Predominio del miedo.


CARGA HEREDADA (C)
Mutaciones lesivas.
Desgaste y envejecimiento.
Ejercicio Abyecto del Poder Político.
Estrés imaginado.