
Supongo que si Darwin hubiese tenido el placer de sentarse a charlar con Julián, una de dos, o le habría estampado en la cabeza “El origen de las especies” o se hubieran tomado unos vinos a carcajada limpia.
Y es que eso de aceptar que estamos aquí, no se sabe para qué, no es fácil.
Frente a los que creemos en la teoría de la evolución están los creacionistas. El creacionismo en Teología supone que el alma personal de cada ser humano es resultado de un acto especial de creación por parte de Dios.
Pero es que ahora hay un creacionismo científico que postula contra la veracidad de la teoría de la evolución. Hablan del “darwinismo”, englobando en esa palabra todas las teorías científicas que han trabajado para demostrar el hecho evolutivo, y lo catalogan como una “teoría más”. Los creacionistas aseguran no estar necesariamente vinculados a ninguna religión, pero creen en un diseño inteligente. Y yo me pregunto ¿quién es ese diseñador?
En la afirmación de que el creacionismo no tiene nada que ver con la religión se esconde una contradicción obscena. Cito: “Esta teoría no habla estrictamente de un dios, sino de un ser superior con capacidad para concebir y configurar el mundo tal y como lo conocemos.” ¡Anda, mi madre! ¡Es verdad! No se refiere a un dios…"(ver aquí)
Charles Darwin nació el 12 de febrero de 1809 en Shrewsbury, Inglaterra.
"Es interesante contemplar un enmarañado ribazo cubierto por muchas plantas de varias clases, con aves que cantan en los matorrales, con diferentes insectos que revolotean y con gusanos que se arrastran entre la tierra húmeda, y reflexionar que estas formas, primorosamente construidas, tan diferentes entre sí, y que dependen mutuamente de modos tan complejos, han sido producidas por leyes que obran a nuestro alrededor."



















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