martes, 23 de septiembre de 2008

Praga, la Reina de Bohemia


“Veo una gran ciudad cuya gloria tocarán las estrellas. Buscad en el bosque al campesino que construye una puerta (prah) porque los poderosos se han de inclinar ante esa pequeña puerta”.
(Profecía de la princesa Libuse, hija de Cech, fundadora de la dinastía Přemyslida)

Stare Mesto
Cuando entras por primera vez en la Plaza de la Ciudad Vieja de la capital checa, la impresión que recibes es tan fuerte que el corazón se te acelera y la vista se nubla. Por un momento, y si eres capaz de abstraerte de la algarabía de turistas y visitantes, puedes sentir en la piel la velocidad de un viaje a través del tiempo.


La Iglesia de Tyn, con sus dos torres gemelas adornadas de agujas, que empezó a construirse en el siglo XIV, mira al visitante con la indiferencia del que ha vivido mucho.


El antiguo Ayuntamiento sostiene en su fachada el famosísimo reloj astronómico datado en 1410, el más antiguo de Europa. A través de sus ventanas se ven aparecer a los doce apóstoles y, a ambos lados, las imágenes del vanidoso, el avaro, la muerte o el invasor, se ríen del visitante que, con cada hora, se agolpa en masa a sus pies esperando ver despertar al monstruo de los tiempos.



El barrio del Castillo, además de la Catedral de San Vito, posee un lugar mágico llamado El Callejón del Oro, un lugar habitado en el siglo XVI por alquimistas que, alentados por Rodolfo II, intentaba descubrir el secreto de la vida eterna. En una de esas casitas de colores, concretamente la número 22, muchos años después, Kafka conjuraba sus pensamientos volcándolos al papel sin saber que con ello conseguía la autèntica vida eterna.


Malá Strana
El Puente de Carlos es en sí mismo una institución en Praga, en él se entremezclan los que vienen, los que se van, los que se quedan y los que siempre están. Sus piedras se sostienen desde el 1357, impertérritas y humildes. La torre que le da entrada es una obra gótica magistral, 30 estatuas de estilo barroco lo acompañan en su largo viaje a través de la historia desde el 1700.



Lo crucé en ambos sentidos de día y de noche, paseando y deleitándome con sus “habitantes”, los caricaturistas, los músicos, los vendedores ambulantes, fotógrafos con trípodes portátiles y grandes angulares. Y en él me sucedió una cosa muy divertida. Descansaba apoyada en uno de sus laterales junto al puesto de un pintor paisajista que vendía sus láminas a buen precio. Un turista se acercó a mirar las pinturas comentando con su pareja “mira esta que bonita”. Yo le miré un segundo y él me devolvió la mirada, uno como yo, pensé, turista y español. El muchacho no se movía de allí y me pareció que seguía mirándome, de repente se acercó y me dijo: perdona, ¿eres Toñi? y la luz deslumbrante de un Flash iluminó mis ojos ¡Fernando! Hacía tantos días que esperaba encontrarme con él, preguntando incluso a algunas parejas que viajaban con la misma operadora, sin tener éxito, que ya había perdido la esperanza.


Pero allí estaba, Fernando Alcalá, el que no nació para ser culto, con su acento extremeño y su incipiente barba de intelectual que le va que ni pintada. Entonces supe que nos habíamos cruzado varias veces, que había tenido la divertida idea de ponerse una pegatina en la que anunciaba mi búsqueda, ¡qué pena no haberle visto entonces, lo que me habría reído!


Lo peor de este viaje fue el día perdido en Karlovy Vary, no es que la coqueta ciudad no fuese hermosa, es que no era una ciudad, era una gran tienda con algunas calles para sustentarla. Me decepcionó perder un día para que algunas personas se gastaran sus ahorros en regalos. Me decepcionaron las obleas que imaginaba (no sé por qué) como varquillos de caramelo y en realidad eran simples como la galleta que aquí poníamos a los helados de corte (antes, porque las de ahora son mucho más buenas). Cuando regresamos teníamos ansia de Praga, cenamos pronto, muy pronto, y nos fuimos en metro al centro para saborear con fruición aquella última noche.


Al día siguiente desayunamos con Fernando y Ana, nos conocimos un poco, y nos despedimos hasta otra con buen sabor de boca.


En la retina la Plaza de la Ciudad Vieja, las puntiagudas torres de la Iglesia de Tyn, el Callejón del oro con su número 22 y, sobre todo, el dulce y embriagador aroma de una ciudad que te mira a los ojos y no te permite ni parpadear.

Moneda: Corona checa
Palabra: Magia
Consejo: Zapato cómodo
Otro consejo: Contrastar la ciudad de día y de noche.
Último consejo: Ir

domingo, 14 de septiembre de 2008

Vindobona, Ciudad Blanca


Viena, como Budapest, vive también de sus recuerdos, pero en las marcas de su cara se siguen viendo titilar las velas de los salones de baile y si prestas atención puedes escuchar el sonido de la batuta de Mozart golpeando sobre el atril.


Además de majestuosa, Viena también es una ciudad de desencuentros, su comportamiento durante la segunda guerra mundial dejó una marca profunda en los vieneses. Muchos de ellos aún se preguntan cómo habría sido la Historia si, cuando Hitler llegó a Viena en 1907 con deseos de entrar en la Academia de Bellas Artes, en lugar de aconsejarle que probase fortuna en la Academia de Arquitectura, le hubiesen aceptado. El 10 de abril de 1938 se celebró un referéndum que resultó favorable al Anschluss (anexión al III Reich) con un 99% de los votos. En 1945 Viena fue tomada por el ejército soviético y posteriormente dividida en cuatro sectores: soviético, estadounidense, británico y francés. Para recuperar su soberanía, Austria firmó en 1955 el Tratado de Estado (Staatsvertrag), que la convertía en un Estado soberano neutral y la comprometía a no firmar tratados militares, a no restaurar a los Habsburgo y anulaba el Anschluss.

En la actualidad Viena está considerada la ciudad más segura del mundo y una de las más limpias y con mayor calidad de vida. Sus escuelas y universidades públicas tienen mayor prestigio que las privadas, consideran que el dinero paga lo que el cerebro no puede por sí solo.

El Imperio Austro-Húngaro tiene como notable guia turística a la Duquesa de Baviera, Elisabetta Amalia Eugenia von Wittelsbach, que al casarse, en 1854, con Francisco José I de Habsburgo-Lorena se convirtió en Sissí, Emperatriz de Austria. Los austriacos no tienen en mucho aprecio el recuerdo de su reina, pero lo utilizan todo lo que pueden como reclamo turístico. Si sois fans de Romy Schneider y queréis viajar a Viena para deleitaros con el recuerdo de su más famoso personaje, si os imagináis paseando por los salones del Schönbrunn reviviendo aquellos momentos que tanto habéis disfutrado en el cine: quedaos en casa. He de confesar que, en mi caso, la realidad resulta mucho más interesante.


La emperatriz de Austria fue obligada a casarse con solo 15 años con Francisco José, al que no amaba. De ambiente rural y sin grandes aspiraciones había sido educada por su propia madre, a la que adoraba. Su hermana había sido la escogida por la emperatriz Sofia para ser la esposa de su hijo, pero Francisco José quedó prendado de la pequeña Elisabetta y no hubo manera de hacerle cambiar de opinión. Sissi nunca se sintió a gusto en su papel de emperatriz y desarrollo una enfermedad a la que aún no habían puesto nombre, pero que hoy es de sobra conocida: la anorexia. Su obsesión por no pasar de los cincuenta kilos la llevó a instalar un gimnasio en palacio, montaba a caballo durante horas y se alimentaba de jugo de carne y leche de cabra. Después de cumplir los cuarenta no permitió que volviesen a retratarla y añadió a las otras, la manía de ponerse velos y utilizar abanicos para ocultar su rostro. No quería mantener relaciones sexuales con su esposo, a pesar de lo cual tuvieron cuatro hijos, y la desgracia la acompañó toda su vida como la amiga más fiel. Quizá fuese cierto que tenía alma republicana y es por eso que los húngaros guardan de ella un recuerdo mucho más amable y querido que los propios austriacos.


Viena es una ciudad amable con el turista, calles anchas y luminosas, parques en cada esquina y mucha, mucha música. Los vieneses leen, sentados en los bancos del Parque de las Rosas, que es un regalo de esencias aromáticas sin envasar. Han construido más de mil kilómetros de carril bici, ancho y despejado; en él los ciclistas tienen preferencia y los peatones deben andarse con mucho cuidado para no “atropellarles” y verse obligados a pagar una multa. También los tranvías tienen preferencia y en los pasos de peatones debes andarte con ojo porque no paran. Una vez aprendes las reglas es fácil y muy civilizado. Te aceptan entre ellos porque saben que tu presencia les hace crecer, en las puertas de museos, salas de conciertos y monumentos, jóvenes vestidos de época se dejan hacer fotos, con turistas un tanto ridículos, disimulando el rubor que les produce el ser “tan admirados”.

En el Café Central tomé uno de los mejores cafés que he tomado nunca, fuerte sin regusto amargo, con personalidad y dejando huella. Te lo ponen con un vasito de agua al lado y un bombón. El edificio, con su columnata de mármol, sus lámparas colgantes y los cuadros de Francisco José y Sissi, no te deja olvidarte de dónde estás.


Viena huele a Mozart y Goethe, pero sabe a Strauss y emperatrices.

Moneda: Euro
Palabra: Música
Consejo: Tomar un café en el Café Central
Otro consejo: No comprar para regalar, sin probar antes, los bombones de Mozart.
Último consejo: Ir



Y Fernando sigue sin aparecer

viernes, 5 de septiembre de 2008

La perla del Danubio

Budapest es una ciudad con muchas cicatrices, cicatrices en sus calles y cicatrices en sus gentes. Primero los turcos, luego los Habsburgo, después los nazis y por último los soviéticos, todos queriendo someter a aquel pueblo que se resignaba una y otra vez sin perder la esperanza.

Budapest fueron en realidad tres ciudades: Buda, Pest y Obuda. Ahora se diferencian tan solo dos partes que divide el Danubio. Según dicen por allí, quien vive en Buda trabaja en Pest y quien vive en Pest trabaja en Buda, por aquello de que hay que “amar” las dos orillas.


El turismo no es algo que quieran, es algo que meramente toleran por serles útil y necesario para crecer como país. El que espere encontrarse con la simpatía húngara viajando a Budapest que no se desanime por no ver una sonrisa al otro lado de la taquilla de metro, detrás del mostrador de una tienda o en la recepción del hotel.


Sus edificios históricos representan momentos de gran opulencia, opulencia de unos cuantos, claro, que reflejan una época en la que sus calles eran frecuentadas por emperadores y grandes aristócratas.

En invierno a las 15:30h ya es de noche, las temperaturas bajan en picado y, según nos contó Bárbara, nuestra guía local, los húngaros se encierran en casa como ermitaños, dejando las calles desiertas a merced del frío y la nieve. Quizá es por eso que tienen un carácter poco alegre y algo taciturno.

El edificio más emblemático y deslumbrante de la ciudad es el Parlamento, un edificio neogótico situado a orillas del Danubio (que sólo los enamorados ven azul), y que únicamente es superado en majestuosidad por el Westminster de Londres.

Sus calles sorprenden al visitante con un contraste que refleja los últimos doscientos años de su historia: el Imperio Austro-Húngaro, con Sissí como anfitriona mayor, y la época comunista, en la que sus mandatarios se limitaron a “no tocar” aquellos edificios, ni para bien, ni para mal y realizaron obras de las que ellos llaman “funcionales” y que a mí me parecen lúgubres y estremecedoramente feas.
Moneda: Forint
Palabra: Melancolía
Consejo: No olvidar validar los tickets en los transportes públicos
Otro consejo: No perder de vista la cartera
Último consejo: Ir


Y Fernando que no aparece...

domingo, 31 de agosto de 2008

Hoy he vuelto (snif, snif...)

La depresión post vacacional existe. Ya, ya sé lo que dirían algunos "peor es no haberse ido". Vale, de acuerdo, pero eso no me quita la pena. Esta mañana estaba desayunando en Praga con mi amigo Fernando Alcalá y su chica y ahora estoy en mi casa poniendo lavadoras y preparando las cosas para mañana porque vuelvo al trabajo.

Mi Instituto está en obras, cuando empecé las vacaciones dejamos todos los documentos escondidos en cajones para protegerlos de martillazos, pintura y "otros agentes agresivos" (Francesc, dijiste que te acordarías de dónde estaban...). Me tiemblan las manos al pensar cómo voy a encontrármelo todo y el mucho trabajo que me espera.

En los próximos días, cuando se vaya diluyendo la tristeza y pueda centrarme de nuevo en lo cotidiano escribiré sobre Budapest y sus Puentes, Viena y sus Palacios y, sobre todo, de Praga, la maravillosa y romántica Praga. Siempre había querido viajar al pasado, no sabía que el pasado tan solo estaba a 1700 kilómetros de aquí.

Mientras escribo escucho a mi hijo tocar su guitarra a lo Neil Zaza.




Ya estamos en casa.

viernes, 22 de agosto de 2008

Palabras


La carpeta donde guardo todo lo que escribo, mis novelas, mis cuentos, las entradas del blog..., en fin, todo lo que escribo, ya lo había dicho bien, pues esa carpeta se llama Palabras. No sé por qué le puse ese nombre, quizá porque es mi "palabra" favorita. Todo son palabras, lo que hago, lo que pienso, incluso lo que siento. Las palabras componen el mundo imaginario que me rodea, ese en el que nadie entra y en el que todos están. Así que he pensado que les debo algo, un pequeño, pequeño, muy pequeño homenaje: una etiqueta en mis entradas.

A mí me pasa una cosa muy rara. A veces he llegado a pensar si seré extraterrestre, o sea, de fuera del globo, directamente marciana. Parece que es muy raro eso de ir por la calle y no fijarse en la gente. Cuando digo gente me refiero a esos conciudadanos que pasean su palmito por las terrazas y paseos de nuestras queridas poblaciones y aledaños. Cuando alguien me dice
-¿has visto a esa?

Y le miro con cara de
-¿a quién?

Siento como si me hubiese olvidado del cumpleaños de mi hijo.

-Pero ¿cómo puedes ir así por el mundo?
me acusan,
-No te fijas en nada. ¿Pero de verdad no has visto a la pobre chica con el top barriguil y las mallas a reventar.

Yo, boba hasta la médula, me giro y deduzco que se refiere al ser humano que camina en dirección contraria a la mía y lleva de la mano una criatura, hija suya al parecer. Y sí, no niego que cuando reparo en su atuendo instada por mi acompañante de ese momento, no puedo evitar pensar lo estupenda que estaría con un vestido veraniego, pero acto seguido me digo: si ella está a gusto... Y me quedo tan pancha, oiga, lo cual parece irritar al “ojo avizor” que me acompaña. Supongo que el hecho de haber tenido que mirarme al espejo durante los últimos 43 años me ha servido de adiestramiento frente a esa "indiferencia" de la que me acusan algunos.

No es solo por eso que estoy convencida de haber caído aquí desde una lejana galaxia. Es que no solo no juzgo la ropa de mis congéneres (suponiendo que yo sea de este planeta ¿eh?) es que tampoco juzgo sus vidas, sus actos ni sus decisiones. Tengo la mala costumbre de creer que todo el mundo tiene derecho a equivocarse. Incluso a acertar lo que, parece ser, es aún peor.

Palabra: empatía.
1. f. Capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos

Y yo que no creía en la casualidad, oiga...



viernes, 15 de agosto de 2008

Dig in the Dancing Queen...

Ayer fui al cine a ver Mamma mía. Siempre me han gustado los musicales, vaya este detalle por delante. Recuerdo que cuando fui a ver Noches de Sol protagonizada por Mijaíl Nikolaevitch Baryshnikov me impactó tanto aquel bailarín ruso que parecía representarse a sí mismo que repetí la aventura 8 veces.



Ayer me recordé a mí misma en aquellos cines de sesión continua y tuve ganas de quedarme a repetir. Me emocioné con las canciones de Abba que tantas y tantas veces había escuchado en el tocadiscos, que compré a escondidas de mi padre, porque había prohibido que entrase otro aparato de aquellos en casa.
El guión es desenfadado y divertido, los escenarios paradisíacos, no esperéis que encima tenga contenido. Los actores están soberbios, se lo pasan en grande y nosotros con ellos. Meryl Streep, como siempre, fantástica, consigue que le perdones que suplante a Agnetha.
Mi canción favorita de Abba es Dancing Queen y al director de la película creo que le ocurre lo mismo porque para mí es la mejor escena de todas. De hecho, solo por esa escena ya vale la pena ir a verla. Os la recomiendo.


domingo, 3 de agosto de 2008

Querida Bette

No era una mujer cualquiera. Tenía un físico difícil, una ambición desmesurada y una condición para el drama impresionante. Era actriz hasta cuando parpadeaba y su mirada me deja clavada al sillón cuando la lanza como un cuchillo. No hay nadie más, no hace falta nadie más.

Ruth Elizabeth Davis, nació el 5 de abril de 1908, en Massachussets y tuvo una infancia difícil, aunque no más que otros que se dedicaron a vender tomates, muy honradamente, o consiguieron un puesto en un banco. Sus padres se separaron cuando ella tenía siete años y para Ruthie Favor, su madre, no debió ser nada fácil sacar adelante a dos niñas con su trabajo de fotógrafa de estudio. No cabe duda que fue gracias a aquellas vivencias y a otras que seguro que se guardó para sí, que consiguió un carácter aparentemente indomable y una personalidad fuerte y decidida.

No creo en el concepto romántico de una vocación manifiesta por una vivencia concreta. La vocación, si es auténtica, debe estar incrustada en la piel desde mucho antes, buscando la manera de materializarse. Quizá un momento o situación puedan sacarla de allí y hacerla pública. Eso es lo que cuentan que le pasó a Bette Davis la noche en que su madre la llevó al teatro a ver “El pato salvaje”, de Ibsen. Dicen que al salir del teatro ya tenía claro cual sería su camino en la vida. Ruthie se volcó totalmente en ayudar a su hija a conseguir el éxito, quizá veía en ella la salvación a su precaria situación económica. Por aquél entonces Hollywood era la definición del sueño americano, un lugar donde una muchacha de pueblo sin espectativas podía convertirse en una gran estrella de cine. Quizá su hermana Bobby sufrió la ausencia de su madre, la preocupación de esta por su hija mayor, el deseo de ser ella, de triunfar... La questión es que sufrió un brote esquizofrénico y tuvieron que internarla en un sanatorio mental.

Bette probó suerte en el teatro, en la compañía de George Cukor y no le fue mal, después vendrían las primeras películas, nada destacable hasta "Of human bondage, 1934" (Cautivo del deseo), con Leslie Howard, una película que pocas actrices de la época se habrían atrevido a filmar. ¿He dicho pocas...?

En 1938 conoció a William Wyler, otro habitante de mi Olimpo particular en blanco y negro, del que se enamoró de tal modo que no tuvo reparos en reconocer que fue el amor de su vida. Con él rodaría tres películas.

"Jezebel" (Jezabel) fue la primera cinta que rodaron, una historia que comparte una sospechosa semblanza con Lo que el viento se llevó. En las dos películas el personaje principal es el de una joven sureña con mucho éxito entre los caballeros de su época, apasionada y voluble, cuya testarudez y vanidad la enfrentará a la tragedia de la que extraerá su auténtica personalidad. Pero ¿demasiado tarde?

En 1940, llegó “The letter" (La Carta) y con ella un papel que muchas actrices habrían rechazado, en caso de que Wyler se lo hubiese ofrecido a otra. Bette, como era su costumbre, no tenía ningún reparo en protagonizar personajes perversos, oscuros y hacerlos grandes. En esta película representa a una mujer casada con el propietario de una plantación en Malasia que asesina a un amigo porque, según ella, intenta violarla. La película se inicia con la imagen de la Davis saliendo tras él mientras dispara repetidamente una pistola.

Y en 1941 rodaron la que sería su última película juntos “The litlle foxes" (La Loba). Esta obra había sido interpretada en el teatro por Talullah Bankhead que veía el personaje de Regina como una mujer sensual capaz de volver loco a un hombre. Sin embargo, Bette tenía en mente otra Regina. Para ella, el trato machista a que la habían sometido sus hermanos la había castrado convirtiéndola en una mujer frígida e insensible. El empeño de Bette por no aparecer atractiva desquiciaba a Wyler a quien le gustaba más la visión de Talullah. Esa lucha entre los dos monstruos se mantuvo durante todo el rodaje y es posible que el espectador sea testigo de esa tensión en la soberbia interpretación de su protagonista. En esa época, Bette y la esposa de Wyler, eran ya muy amigas lo que hizo imposible un acercamiento más estrecho entre ellos, a pesar de que su "atracción" no había disminuido en absoluto. Nunca más volvieron a trabajar juntos. Una auténtica pena.

A pesar de que estos tres títulos son de lo mejorcito de su carrera, he de reconocer humildemente que mi favorita no está entre ellas. También he de reconocer que esa predilección no está justificada por la calidad absoluta de la cinta. Es cuestión de piel. De algo aquí dentro, a la altura del esternón, que se me estremece siempre que la veo. Se trata de “Old Acquaintance, 1943" (Vieja amistad). En la época fue una película de gran éxito, más por “el rodaje” que por la trama en sí. Todo el mundo quería ver a las dos enemigas acérrimas: Míriam Hopkins y Bette Davis, luchando frente a la lente. Para mí, desde la distancia de los años pasados, es la historia de estas dos amigas tan distintas, antagónicas incluso, escritoras las dos, lo que me cautiva profundamente.

No hago aquí reseña de todas sus películas porque la entrada tendría que fraccionarla por capítulos. Pero no me olvido de "All about Eve, 1950" (Eva al desnudo), ni de" What ever Happened to Baby Jane?, 1961" (¿Qué fue de Baby Jane?), dos joyas bien engarzadas. Sólo he comentado estos títulos, para mí imprescindibles, como homenaje a esta maravillosa actriz que, además de los muchos problemas de salud que arrastró durante toda su vida, mantuvo los derroches de su madre, la locura de su hermana, las frustraciones de sus maridos y fue capaz de dedicarse a lo que sabía hacer con la delicadeza de un maestro.

En lo personal su vida estuvo cargada de desgracias y la muerte la persiguió con ahínco sin llegar a alcanzarla hasta que el cáncer hubo invadido por completo su frágil y triste cuerpo. Murió el 6 de octubre de 1989 después de ser homenajeada en el Festival de Donosti.

In this business, until you're known as a monster you're not a star
Bette Davis


martes, 29 de julio de 2008

Como decíamos ayer...


Ser mujer y escritora no es tarea fácil, necesitas de la colaboración de tus compañeros de viaje y de su buena fe para poder realizar tan ardua tarea. No entraré aquí a valorar si en el caso masculino es más cómodo, de nada me sirve esa elucubración mental y puede llevarme a autocompadecerme por algo de lo que estoy plenamente satisfecha. Pero, repito, ser mujer y escritora no es tarea fácil.

Sin embargo, y dicho esto, la mujer siempre ha sido una narradora nata, un espécimen único dedicado a contar mil y una historias. Son ellas, las mujeres, las que en las familias perpetúan los hechos acaecidos. ¿Cuántos hemos escuchado a nuestras abuelas hablar de la guerra civil y de las pequeñas y grandes batallas en que combatieron día a día junto a sus compañeros? ¿Cuántas veces he escuchado la historia de mi familia, la mía propia, en boca de mi madre? La madre enseña a su hijo a vivir contándole lo que es la vida y ella será, en el futuro, su memoria hablada.

Sin embargo, el mundo de la escritura no es ese paisaje bucólico de una mesa frente a una ventana por la que entra el sol colándose a través de unos blancos visillos. Conseguir un rincón, un lugar tuyo de difícil acceso, dónde una mesa y un ordenador te sean entregados sin plazos, es el primer paso. Un lugar dónde puedas inhibirte de la realidad que te rodea y puedas investigar allí dónde se supone que se origina todo.

Decía Virginia Wolf: "…uno se acuerda de que estas telas de araña no las hilan en el aire criaturas incorpóreas, sino que son obra de seres humanos que sufren y están ligados a cosas groseramente materiales, como la salud, el dinero y las casas en que vivimos."

Ya tengo mi rincón, lo demás vendrá por añadidura…


Estoy de vuelta.

sábado, 22 de marzo de 2008

Para vivir

Me tomo un tiempo de descanso.

Este último año ha sido...

En fin, dejo mis relatos para los que quieran seguir leyéndome. Os recomiendo que visitéis a Gloria, no os dejará indiferentes.

Besos y abrazos.


miércoles, 19 de marzo de 2008

Padres, Josés, Fallas y Semana Santa

En primer lugar felicito a los que tenéis padre, el mío dejó de cumplir años hace ya catorce inviernos y se le sigue echando de menos.

Ahora sí, Felicidades papaítos, sobre todo a los que estáis ahí al pie del cañón cuando se os necesita... y cuando no.

Felicidades a los Josés, Josefinas, Pepes y Pepitas. En mi familia hay un puñado que espero que con esto se den por felicitados.

El fin de semana nos fuimos a Peñíscola. Esperaba un par de días de tranquilidad, paseos bajo el cálido Sol rumbo al Castillo del Papa Luna

El mar, brisa suave, recordar aquellos días...


Buena comida, dormir a pierna suelta, en fin, cargar las pilas a tope que las tenía bajo mínimos y con la luz roja intermitente. Como pasa algunas veces, se nos torció el carro y un dolor de muelas, y sus allegados malestares, le aguaron la fiesta a mi adán y de rebote a los demás. Lo salvamos por los pelos aunque las pilas siguen con la luz roja.

Lo mejor del finde fue la tarde del sábado en Benicarló. Nunca había visto Fallas más que en la tele y nos encontramos de pronto con un sorprendente espectáculo de fiesta y diversión que nos contagió el buen ánimo a todos. Me encantó ver a la gente del pueblo, todos con sus camisas negras de falleros, participar de su fiesta como algo realmente entrañable.

Imitando a Miguel Sanfeliu voy a colgar unas fotos que hicieron mis niños; se están estrenando en esto de la fotografía y les hace ilusión que les publicite su mami.
A pesar de todo Peñíscola siempre vale la pena.




domingo, 9 de marzo de 2008

Bécquer, el pintor poeta

“Queridos amigos:

Heme aquí transportado de la noche a la mañana a mi escondido valle de Veruela; heme aquí instalado de nuevo en el oscuro rincón del cual salí por un momento para tener el gusto de estrecharos la mano una vez más, fumar un cigarro juntos, charlar un poco y recordar las agradables, aunque inquietas, horas de mi antigua vida.”

Gustavo Adolfo Domínguez Bastida, nace en Sevilla el 17 de febrero de 1836. Adopta, como hiciera su padre, el apellido Bécquer de su bisabuela, que pertenecía a una noble familia de comerciantes de origen flamenco e intenta, sin conseguirlo, seguir los pasos de su padre y su tío, pintores ambos.

A los once años, tras la muerte de su madre y huérfano de padre desde los cinco años, es confiado a su madrina Manuela Monahay que posee cierto interés literario y allí, en su biblioteca, el niño se deja contagiar por esa enfermedad que algunos llaman literatura. A pesar de no inclinarse por la pintura como su mayor vocación es habitual encontrar sus manuscritos ilustrados con dibujos de considerable calidad artística.

Con 17 años publica ya sus versos en periódicos locales y conoce a Narciso Campillo y a Julio Nombela con los que compartirá el sueño de conquistar gloria y fortuna en Madrid. Se instala en la lóbrega pensión de doña Soledad y lleva una vida bohemia y austera en la que tiene que trabajar duro para salir adelante mientras sueña con su futuro.

Yo soñaba entonces una vida independiente y dichosa, semejante a la del pájaro, que nace para cantar y Dios le procura de comer; soñaba esa vida tranquila del poeta que irradia con suave luz de una en otra generación: soñaba que la ciudad que me vio nacer se enorgulleciese con mi nombre, añadiéndolo al brillante catálogo de sus ilustres hijos.”

En 1858 conoce a las hermanas Espin, Josefina y Julia. En un primer momento parece fijarse en Josefina a la que dedica su Rima XIII: Tu pupila es azul

Tu pupila es azul, y cuando ríes,
su claridad suave me recuerda
el trémulo fulgor de la mañana,
que en el mar se refleja
.


Y a ella parece pertenecer la conversación de la primera de sus “Cartas literarias a una mujer” donde explica la esencia de una de sus Rimas más famosa:

¿Qué es poesía?, dices mientras clavas
En mi pupila tu pupila azul.
¡Qué es poesía! ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía eres tú.

Pero es en Julia donde encuentra el joven poeta la excusa para su exacerbada sensibilidad. Ella tiene claros sus intereses y un futuro con un poeta de ambiente bohemio no es lo que espera de la vida. Julia sueña convertirse en una afamada cantante de ópera y aunque las atenciones del artista no le son del todo indiferentes no duda en apartarlo de su vida, sacrificándolo ante más encumbrados pretendientes.

Me ha herido recatándose en las sombras,
sellando con un beso su traición.
Los brazos me echó al cuello y por la espalda
partióme a sangre fría el corazón.

Y ella prosigue alegre su camino,
feliz, risueña, impávida. ¿Y por qué?
Porque no brota sangre de la herida.
Porque el muerto está en pie.

En 1860 conoce a Casta Esteban Navarro con la que contrae matrimonio al año siguiente. En esa época Gustavo trabaja para “El Contemporáneo”, tiene un sueldo fijo y eso le permite vivir con mayor tranquilidad y mantener a su familia. Es entonces cuando escribe la mayoría de sus “Rimas y Leyendas” y en sus escritos se deja entrever el hastío y la desilusión que han empezado a embargarle como tumor maligno.

Cuántas tempestades silenciosas no han pasado por mi frente, cuántas ilusiones no se han secado en mi alma, a cuántas historias de poesía no las he hallado una repugnante vulgaridad en el último capítulo! Mi corazón, a semejanza de nuestro globo, era como una masa incandescente y líquida que poco a poco se va enfriando y endureciendo."

Su salud empieza a resentirse seriamente y animado por un amigo se retira al monasterio cisterciense de Veruela en el que se ha instalado una hospedería, donde escribirá “Cartas desde mi celda”. La idea de la muerte le acompaña y de ella se ven impregnadas todas sus obras.

No sé si a todos les habrá pasado igualmente; pero a mí me ha sucedido con bastante frecuencia preocuparme en ciertos momentos con la idea de la muerte y pensar largo rato y concebir deseos y formular votos acerca de la destinación futura, no sólo de mi espíritu, sino de mis despojos mortales.”

Casta y Gustavo discuten constantemente, su relación no marcha bien, ella le recrimina su falta de atención y, finalmente, en 1868 el poeta descubre que su esposa le es infiel.

Cuando me lo contaron sentí el frío
de una hoja de acero en las entrañas;
me apoyé contra el muro, y un instante
la conciencia perdí de dónde estaba.

Cayó sobre mi espíritu la noche,
en ira y en piedad se anegó el alma.
¡Y entonces comprendí por qué se llora,
y entonces comprendí por qué se mata!

Pasó la nube de dolor... Con pena
logré balbucear breves palabras...
¿Quién me dio la noticia?... Un fiel amigo...
Me hacía un gran favor... Le di las gracias.

A causa de los disturbios revolucionarios, Gustavo, su hermano y los hijos de ambos, huyen hacia Toledo. En diciembre nace el tercer hijo de Casta de quien se dice que no es hijo suyo.

Dices que tienes corazón, y sólo
lo dices porque sientes sus latidos.
Eso no es corazón...; es una máquina,
que, al compás que se mueve, hace ruido.

En 1870 Eduardo Gasset funda “La ilustración de Madrid”; ofrece la dirección a Gustavo y trabajo de dibujante a su hermano Valerio. Sin embargo, el pintor muere en septiembre dando con ello la última estocada al poeta que seguirá sus pasos tres meses después.

Mi vida es un erial,
flor que toco se deshoja;
que en mi camino fatal
alguien va sembrando el mal
para que yo lo recoja.

Cuando comprende que se muere pide a un amigo que queme sus cartas “serían mi deshonra”, dice, y “si es posible, publicad mis versos. Tengo el presentimiento de que muerto seré más y mejor conocido que vivo.

Sus últimas palabras son "Todo mortal".

En Sevilla se contempla un eclipse total de Sol.

"He aquí, hoy por hoy, todo lo que ambiciono: ser un comparsa en la inmensa comedia de la Humanidad y, concluido mi papel de hacer bulto, meterme entre bastidores sin que me silben ni me aplaudan, sin que nadie se aperciba siquiera de mi salida.

Ello es que cada día me voy convenciendo más que de lo que vale, de lo que es algo, no ha de quedar ni un átomo aquí."

Cartas desde mi celda





martes, 19 de febrero de 2008

La ladrona de libros


Cuando tuve en las manos “La ladrona de libros”, supe que ese libro iba a gustarme. No sé por qué lo supe. Siempre lo sé. A veces lo creo y como pasa en estas cosas de fe, me equivoco, pero cuando lo sé, la ciencia es lo que tiene, que nunca falla.


Desde el comienzo:


La muerte y tú

Primero los colores.
Luego los humanos.
Así es como acostumbro a ver las cosas.
O, al menos, así intento verlas.

UN PEQUEÑO DETALLE
Morirás.

¿Cómo no iba a seducirme semejante manera de comenzar una novela? ¿Cuándo fue la última vez que me sentí como una niña? Me refiero antes de leer a Markus. No lo recuerdo, pero en cada una de las páginas de su novela los años se me iban cayendo y el corazón se me ponía de un rojo intenso.

El momento: Hitler es el dueño de las palabras.
Los personajes:
Liesel, la ladrona de libros. El primer libro que roba es “El manual del sepulturero”. Es el que tiene más a mano.
Rudy, su amigo del alma. Quería ser como Jesse Owens. También quería un beso suyo.
Hans Hubermann, padre de acogida de Liesel. Un hombre pegado a un acordeón. El que la enseñará a leer.
Rosa, madre de acogida. Su volumen es proporcional al tamaño de su corazón.
Max, el judio que boxea con el Führer y escribe El árbol de las palabras.
El lugar: Himmelstrasse, un pueblo cualquiera de la alemania nazi que veía pasar las caravanas de judíos. Mezclados corazones de piedra con otros de material sensible. No todos podían quedarse mirando.
La narradora: la Muerte ¿quién si no?

Markus Zusak, nació en Sydney, Australia, en 1975. Su familia es de ascendencia germano-austriaca y de su madre escuchó algunas historias sobre los bombardeos de su pueblo natal, sobre la guerra y los nazis que le han llevado a construir esta historia. Su idea inicial fue escribir un relato corto, pero, como suele ocurrirle a algunos autores, la historia se le hizo grande entre las manos. Hasta esta novela era un autor reconocido por sus historias para jóvenes. En la ladrona de libros, las palabras son la salvación y también la condena. Las mismas palabras que aparecen pintadas en las fachadas de las casas judías, están escritas en las piras de libros que arden en la plaza del pueblo. Y son las mismas que lee Liesel en el refugio durante los bombardeos para tranquilizar a sus vecinos, o las que usa Hitler para manipular las mentes de los alemanes.

Markus carece por completo de sensiblería y no busca en ningún caso la lágrima fácil. Emociona y traspasa la coraza que uno se pone frente a novelas que tratan un tema con el que ya sabes que te harán sufrir. Es dulce y profundo, tiene una sensibilidad poética y una manera de narrar sutil y directa.

El personaje de Liesel formará ya parte de mi equipaje.
Gracias Markus.

"He odiado las palabras y las he amado, y espero haber estado a su altura"

Liesel Meminger

domingo, 10 de febrero de 2008

Amy Winehouse

Siento que se drogue... si se droga.
Siento que "tenga un poquito de anorexia y un poquito de bulimia" según dijo ella misma en una entrevista, después de bajar seis tallas.
Siento que le falte algún diente... ¿y a quién no?
Siento si su vida es tan dramática como cuenta su madre.

Lo que realmente me interesa de Amy Winehouse es su voz y el "angel" que tiene cuando canta. Lo otro formará parte de su historia, esa historia que dará para muchas biografías, diarios y programas de televisión.

En video



En directo


Hay quien dice que las mejores voces del jazz eran aquella que venían cargadas de sufrimiento y que da lo mismo si el sufrimiento lo causan otros o uno mismo. También se ha dicho eso de los poetas y los escritores del romanticismo.

En fin, Amy Winehouse me gusta muchísimo.

miércoles, 6 de febrero de 2008

Debussy

Claude Debussy nació en Francia el 22 de agosto de 1862. Compuso el Preludio a la Siesta de un Fauno en 1894, a los 32 años, y se basó para ello en un poema del escritor simbolista Stéphane Mallarmé. En 1905 rescató de La Suite bergamasque (1890) el célebre Claro de luna .

Su música fue precursora de lo que sería la música moderna. Sus composiciones generan una ensoñación en quien la escucha, notas que crean las imágenes de un cuadro impresionista. Nos hace creer que es posible la improvisación en una pieza clásica.

Debussy es a la música lo que Van Gogh a la pintura.





"Ver nacer el día es más útil que escuchar una sinfonía. No hay que escuchar los consejos de nadie, sino solo del viento, que narra la historia del mundo".
Claude Debussy

jueves, 31 de enero de 2008

El orden, ese gran desconocido...



Soy ordenada, estoy segura. Entonces ¿cómo es posible que mi mesa se desordene con tanta facilidad? Cada vez que me pongo a recoger me digo a mí misma que no volverá a ocurrirme que a partir de ese momento cada cosa que salga de su sitio volverá a él sin tardanza. Estoy segura que si me mirase al espejo cuando me engaño de ese modo podría ver una perversa mirada al otro lado, sonriendo y con expresión de "sí, sí..."

No tengo mucho sitio para "mí", es cierto, comparto un piso de 100 metros con otras tres personas y el hecho de que dos de ellas tengan menos de 15 años no ayuda, pero no es excusa. Tengo que ser más ordenada, más cerebral, menos emotiva y más cuidadosa. Eso.

Sí, sí...

¿Puede alguien explicarme qué hace la caja de Sony en mi rincón (porque yo tengo un rincón, no una habitación como Virginia Woolf) desde el día de Reyes? ¡Si ni siquera era un regalo para mí!
No hablemos ya de la propaganda del Miró, que casualmente ha dejado el ser de cuya costilla se supone soy dueña, a ver si cae el DVD grabador, que pronto empieza el GP de Motociclismo.

La vela es mía, una manía que tengo eso de las velas, se me van los ojos detrás de ellas. Me gusta mirarlas... Y el ordenador. Y los papeles. Y los DVD's. Y otras cosas que no salen en la foto porque no quise, que la mesa es muy grande.

En fin, si alguien tiene un método para aprender a ser ordenado (y si puede ser que se contagie) acepto sugerencias.

domingo, 27 de enero de 2008

El Moisés de Miguel Angel


Me ignoraba. Estaba ahí, frente a mí, sujentándose los ondulados mechones de la barba con su enorme mano. No se dignaba siquiera a mirarme y sus músculos en tensión me decían que era plenamente consciente de mi presencia. Las piernas, fuertes pilares marmóreos, amenazaban con ponerlo en pie en cualquier momento y esa posibilidad mezclaba el anhelo con el temor.


La expresión de sus vacíos ojos es dura, pero no concuerda con la placidez de sus mejillas y la serenidad de sus labios.
Se hinchan las venas de sus manos y brazos. Quiere salir, contiene el impulso, lo noto. Sujeta las tablas con disimulo, como si en realidad no recordase llevarlas bajo el brazo.

Miro a mi alrededor.

Todos se han ido.

Un ruido seco a mi espalda.

¿Qué... ?

sábado, 19 de enero de 2008

Si vuelves te contaré el secreto

Mónica Gutiérrez es una escritora sensible y dulce. Por sus venas en lugar de sangre corre la música que producen sus dedos sobre el piano. El amor por el jazz que heredó de los suyos está pintado en la firma con que dio por terminada su novela “Si vuelves te contaré el secreto”.

Un día, hace ya unos años, intercambiamos nuestros sueños escritos en papel y recibí aquellas hojas como un tesoro. Rápidamente sentí dentro de mi cerebro la sonoridad de las letras, la música se colaba entre las comas y puntos danzando sobre las historias. La atmósfera que crea su autora me recordó aquellas películas en blanco y negro, que veía de niña y que ahora colecciono, y pude imaginarme a sus protagonistas en aquel “The Club” como si estuviese viéndolos.
Mónica nació para la música, pero su música no se escribe en un pentagrama, sino en papel blanco y su sonido es el de A Foggy Day cantado por Billy Holiday.


Para celebrar la llegada de su novela a las librerías os dejo la entrevista que le hizo Antón Casto en su programa Borradores.



Mónica ha creado también uná página para su novela en la que además de leer la sinopsis y el aviso de lectura de Constantino Bértolo, editor de Caballo de Troya, también podréis escuchar parte de la banda sonora que acompañó a la autora durante la creación de la obra.


No, el éxito no se lo deseo a nadie.
Le sucede a uno lo que a los alpinistas, que se matan por llegar a la cumbre y cuando llegan, ¿qué hacen? Bajar, o tratar de bajar discretamente, con la mayor dignidad posible
.
Gabriel García Márquez

miércoles, 16 de enero de 2008

... mi vecina

-Hace semanas que no te veo, Paquita
-Es que estoy muy liada, chica
-¿Y eso?
-Mira, estaba hasta las mismísimas narices de no hacer nada para mí
-Es que con los hijos, ya se sabe
-Pues eso se acabó
-¿Los has dado en adopción?
-No seas burra. Me apunté a clases de Yoga
-¡Anda!
-¡No sabes lo que relaja!
-Me lo imagino. Eso de respirar y meditar, respirar y meditar...
-Y más cosas, oye. A ti te iría bien, con tanto estréss
-Ya no tengo edad de hacer el pino. Solo de pensarlo me coge un dolor en las cervicales
-También lo he hecho para conocer gente, no creas
-Ah
-Por ejemplo a la Dolores, una tia coj... estupenda
-Mira qué bien
-Su marido la dejó hace un año para irse con su hermana soltera, la de Dolores ¿eh?. Y ahora quiere volver con ella, a lo visto no era orégano todo el monte
-Espejismos, sólo eso. Ya sabes lo que dice Puncet
-Pues no tengo el gusto
-Dice que el amor es cuestión de simetría. Si tienes una cara simétrica se enamoran de ti sin parar
-Eso está muy bien, pero la cuestión es que a mi amiga Dolores la desgracia la hizo ver la vida de otra manera y ahora sabe muy bien lo que quiere
-¿Vale cualquier desgracia?
-Pues imagino que sí. ¡Tendrías que ver cómo habla la tía, tiene respuestas para todo
Abro los ojos como platos
-Con las dudas que tengo yo sobre cualquier cosa. Mira, sin ir más lejos ayer fui a la clase un poco acongojada
-¿Por qué?
-Discutí con Fermín
-Vaya, lo siento.
-Resulta que tiene una cena con los del trabajo y no podemos ir las mujeres. Y es lo que yo digo, ¿para qué hacen esas cenas? Pues para irse de picos pardos y despotricar de sus mujeres
-Qué va
-Pues se lo conté a mi amiga Dolores y ¿a qué no sabes qué me respondió? Me miró fijamente a los ojos y dijo: "¿Has comido toda tu comida? Entonces, friega el plato"
-¡Mira por dónde! Lo mismo que decía mi madre
-Después de clase nos fuimos a tomar un café para charlar un rato, yo necesitaba profundizar más sobre el tema ¿te importa si fumo?
-Preferiría que no
-Vale. Luego me dijo: "Camina cuando quieras caminar y siéntate cuando te quieras sentar"
Asiento con la cabeza

-Lo que quiere decir es que no debemos hacer nada que no queramos
-Hasta ahí, llego.
-Me levanta mucho el ánimo.
-Me lo imagino, aunque he de decirte que en la realidad no sé yo...
Paquita frunce el ceño ¿será que quiere sentarse?
-Bueno, subo, que a saber lo que estarán haciendo esos monstuos.
-Me alegro de verte, Paquita. Y en cuanto a lo de la cena de tu marido: "si quieres vencer, entonces no luches", que diría tu amiga Dolores.