sábado, 26 de marzo de 2011

¿Qué libros has releído?

El otro día hablaba con un amigo de esto de la literatura. Me hizo una pregunta de esas típicas que a todos nos han hecho alguna vez y que solemos responder sin pensar demasiado: ¿Qué libro te llevarías a una isla desierta? Le dije que me dejase pensar la respuesta y que se la daría, a través del blog, cuando lo hubiese meditado.

Tengo que decir que me resulta imposible elegir uno. Y he variado un poco la pregunta para poder responderla. En realidad he pensado en tres libros, los tres libros que he releído más en mi vida. Supongo que eso los hace especiales y, de algún modo, pasaron una selección previa dentro de mi cabeza.


El primero de esos libros es La hora 25, de C.Virgil Gheorghiu. Este libro me lo dejó el padre de una amiga cuando yo tenía dieciséis años. Lo leí tres veces seguidas, o sea, acabarlo y volverlo a empezar. Me impactó la manera en que el autor se comunicaba conmigo, como si estuviese delante de mí hablándome. Después, lo he vuelto a leer unas cuantas veces (no llevo la cuenta), dejó una impronta en mi cerebro que pasó a formar parte de lo que soy y, de vez en cuando, necesito releerlo para asegurarme de no olvidar.


El segundo es Orgullo y Prejuicio, de Jane Austen. La familia Bennet me supera, lo reconozco, cada uno de sus personajes despierta en mí un sentimiento que me hace sentir que formo parte de la trama. La manera de contar de Austen, la vida de la época... He releído esta novela en muchas ocasiones y volveré a hacerlo muy pronto gracias al reto de Carmen, pero siempre disfruto como si fuese la primera vez y encuentro mucho placer en ello.


Y el último, y no por ello el menos importante, mi queridísima Jane Eyre, de Charlotte Brontë. ¿Qué puedo decir que no haya dicho ya? El personaje de Charlotte es el personaje que me hubisese gustado crear. Me subyuga, me emociona, me enternece. La forma de escribir de Charlotte, haciendo salir luz de la oscuridad, llevándonos por caminos tenebrosos hacia lo más profundo de la naturaleza humana. Con personajes, siempre perseguidos por el infortunio, que se hacen fuertes en el dolor, sin albergar rencor. Hombres torturados con almas sensibles, mujeres invisibles con fuerte personalidad y una, casi infinita, resistencia.

En fin, nunca me cansaré de releer estas novelas, estoy segura. Y me encantaría saber si os pasa algo parecido.

Por último y para acabar, recomiendo una versión de Jane Eyre, para mí la mejor que se ha hecho. Es una versión de la BBC y, como siempre, mejor en inglés, aunque sea con subtítulos.



domingo, 20 de marzo de 2011

Los juegos del hambre, de Suzanne Collins:

¿Os imagináis como será la septuagésimo cuarta edición de "Gran hermano"?
¿Creéis que seremos capaces de poner algún límite?

Los Juegos del Hambre
Saga "Distritos"
Autora: Suzanne Collins



Primera parte:
LOS TRIBUTOS
"Me lo prendo en la camisa y, con la tela verde oscuro de fondo, casi puedo imaginarme al sinsajo volando entre los árboles. "

Sinopsis:

Un pasado de guerras ha dejado los 12 distritos que dividen Panem bajo el poder tiránico del “Capitolio”. Sin libertad y en la pobreza, nadie puede salir de los límites de su distrito. Una chica de 16 años, Katniss Everdeen, osa desafiar las normas para conseguir comida y poder mantener a su familia. Como ejemplo de su autoritarismo y prepotencia el "Capitolio" obliga a cada distrito a enviar a un chico y una chica a un evento televisivo anual llamado Los Juegos del Hambre.
Los participantes deberán subsistir en un medio hostil y, para ello, tendrán que luchar a muerte para cumplir con la regla número uno de los juegos: Solo puede quedar uno.

Es la hora. Ya no hay vuelta atrás. Los juegos van a comenzar. Los tributos deben salir a la Arena y luchar por sobrevivir.
Ganar significa Fama y riqueza, perder significa la muerte...
¡Que empiecen los Septuagésimo Cuartos Juegos del Hambre!

viernes, 11 de marzo de 2011

Juicio y Sentimiento


Tras la muerte de Henry Dashwood, su casa y fortuna pasaran a manos de su único hijo varón, John. Por este motivo, y en su lecho de muerte, el señor Dashwood exige a su hijo la firme promesa de que cuidará de sus tres hermanas, fruto de segundas núpcias, y la madre de éstas.

John Dashwood, se nos presenta como un hombre débil de carácter y extremadamente manipulable, hecho que aprovechará su egoísta mujer, Fanny Ferrars, para hacerle desistir del cumplimiento de dicha promesa.

El matrimonio Dashwood y su hijo se trasladan a la casa paterna haciendo todos los esfuerzos posibles porque Elinor, Marianne, Margaret y su madre, se sientan como intrusas en la que, hasta esos momentos, había sido su casa.

En esa situación, reciben la muy grata visita de Edward Ferrars, hermano de Fanny, un joven encantador, leal e íntegro, que se ganará el respeto y admiración de toda la familia, especialmente el de Elinor.

Y hasta aquí quiero contar, no voy a destripar la trama porque Austen no se lo merece.

Personajes principales:

Señora de Henry Dashwood: segunda esposa y madre de Elinor, Marianne y Margaret. Siente una mayor afinidad por su hija mediana, Marianne. Es poco práctica, romántica e irresponsable. La típica madre que se comporta como una hija. Se siente débil frente a la seguridad y autocontrol de su primogénita.

Elinor Dashwood: La mayor de las tres hermanas, es racional, inteligente y responsable. A menudo tiene que tomar el papel de madre y vigilar el comportamiento de su hermana mediana y la ligereza con que su madre utiliza el dinero. No es tan romántica, pero sí más consciente de lo que supone amar. Es sensible, pero no solo para consigo misma, sino también para los demás. Prefiere sufrir en silencio, soportando que la tachen de insensible.

Marianne Dashwood: La mediana de las hermanas. Es emocional, romántica y sensible. Muy honesta en sus sentimientos, pero incapaz de controlar su medida. Excesivamente superficial, ama las apariencias, no lo que verdaderamente es. Como adolescente, está convencida de que nadie la entiende y, por supuesto, que tiene siempre razón. No quiere escuchar a su hermana mayor, porque la considera fría y calculadora.

John Dashwood: Primogénito de Henry Dashwood, fruto de su primer matrimonio. Dominado completamente por su perversa e insensible esposa Fanny, se deja manipular por ella, porque le conviene. No pierde la oportunidad, siempre que puede, de quejarse frente a sus hermanas de los muchos problemas que le acarrean sus enormes gastos. Es el típico "lechuguino".

Edward Ferrars: Hermano de Fanny. Su atractivo está en su personalidad, culta e interesante, su sensibilidad para con los demás y su firme honorabilidad. Para mi gusto carece un poco de la pasión que se detecta en otros protagonistas de Jane Austen. No me refiero a pasión romántica, sino apasionamiento por los propios ideales y por la vida.

Coronel Brandon: Es un hombre de treinta y cinco años, atractivo y distinguido. La tragedia que le acompaña desde su juventud, pone un tinte amargo en su limpia mirada. Aparentemente apático, guarda en su interior una llama que da calor a todo aquél que se acerca lo suficiente. Es mi personaje favorito en esta historia, su contención, su mirada siempre pendiente del ser amado, al que respeta por encima de todo, incluso de los propios sentimientos.

Willoughby: Atractivo, joven y elegante. Amante de la buena literatura, claro ejemplo del ideal romántico de la época, un galán de novela en toda regla. Austen hace con él lo que suele en este tipo de personajes, no los envuelve en un halo de maldad absoluta, les deja su pequeño corazoncito. La belleza y vida fácil les ha convertido en lo que son, en el fondo parece compadecerse de ellos.
Como siempre, Jane Austen, aprovecha una trama romántica, para mostrarnos cómo era la vida de su época. La hipocresía de una sociedad más preocupada por las costumbres y las apariencias que por los valores auténticos. La debilidad de la mujer frente a unas tradiciones que la obligaban a conseguir un buen matrimonio si quería sobrevivir. Las promesas de los hombres de las que dependía absolutamente su bienestar. Las mujeres Austen son siempre un paradigma de fortaleza frente a una sociedad que les era hostil. Yo tengo la teoría de que todas las mujeres Austen son en realidad la misma y son el entorno y sus circunstancias las que las diferencian.

lunes, 14 de febrero de 2011

Alex de la Iglesia...

...o ¿por qué será que los interesados son siempre los últimos en enterarse?



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"Lo que necesitamos es un debate abierto, racional, sereno y sin prejuicios. Internet está aquí para quedarse, afortunadamente, pues es la mejor esperanza que tenemos de un mundo sin censuras, controles ni fronteras, donde cada ser humano tenga acceso a toda la cultura sin límites ni restricciones y decida libremente en cada momento qué hacer y cómo hacerlo y en qué lengua hacerlo y por qué ideas interesarse y con quién hablar y comerciar y ligar. "

Jesús Mosterín, profesor de Investigación en el CSIC



sábado, 29 de enero de 2011

¡Premio! ¿A mí?

Carmen, que es una lectora insaciable y escribe tanto en su blog que me tiene acomplejada perdida, tuvo la agradable idea de concederme un premio. He visitado algunos de los blogs a los que han concecido este galardón y me he encontrado con auténticas maravillas.

Carmen, me siento honrada de que me lo hayas concedido, sobre todo viniendo de ti.

Ahora me toca pasar el testigo a otros bloggeros.


little Emily por
reading at the moonlight

Isabel Barceló por


Magda Díaz por
Apostillas literarias

Luciana por
Buscando a Mr Darcy

Margarita Cabezas por
Pintando la vida


Ahí queda eso y yo voy a seguir recuperándome que estoy malita. Sírvame de excusa para justificar mis ausencias.

martes, 11 de enero de 2011

Abril en París, de Michael Wallner

París 1943. Michel Roth, un modélico soldado alemán, es destinado a las oficinas de la Gestapo en París, durante la ocupación. Roth no se cuestiona su papel, es el intérprete que traduce las palabras de los detenidos cuando son interrogados, presenciando por ello desagradables torturas.

Tras el trabajo, y en lugar de ir a los lugares de alterne que frecuentan sus compañeros, él decide vestirse de civil y mezclarse con la sociedad ocupada parisina, adoptando la personalidad ficticia de "Antoine". Cada vez más cómodo con este alter ego, conoce en una librería a una muchacha...

Michael Wallner es actor y guionista. Nació en Austria en 1958 y vive en Berlín. La base narrativa de la novela "Abril en París" me atrajo desde el principio. La idea de una relación romántica entre un soldado alemán y una joven francesa miembro de la resistencia resultaba de lo más interesante. Wallner tenía la mitad del trabajo hecho, la época, los personajes, solo le faltaba hilvanar la historia.

No hago nunca reseña de libros que no me hayan gustado, pero es que este tiene algo diferente a los demás. Me sigue pareciendo que la historia promete y no me ha dejado un gusto del todo amargo. La relación de amor entre Chantal y Antoine resulta muy poco convincente. El personaje de Roth, contradictorio e inestable, sin ideales, incapaz de tomar partido a pesar de ver lo que se hace con los detenidos, se transforma de repente en un superhéroe capaz de soportar lo indecible, las torturas más retorcidas, el más absoluto abandono con la única esperanza de volver a verla. A ella, a Chantal, un personaje prácticamente invisible durante toda la trama, sin contenido, sin chicha, que diría aquél.

Me da la impresión de que Wallner se olvidó de que había un personaje femenino en la historia .

Quizá me atrajo esta novela porque su sinopsis me hizo rememorar "Suite francesa", de Irène Némirovsky, una novela inacabada de la que ya hablé en su día y que me robó el corazón.

miércoles, 5 de enero de 2011

Queridos Reyes Magos...

Hace ya tiempo que nos conocemos y ya sé que esto no va de pedir y pedir sin poner nada en la balanza. De la crisis, no voy a deciros nada porque debéis tener las orejas rojas de tanto tapároslas. Mi carta y mis deseos van compartidos, tienen un poco de deseo y un mucho de esfuerzo.

Ya sé que en los colegios dicen que se debe pedir solo una cosa, hasta ahí ha llegado lo políticamente correcto. Yo les decía a mis niños que pidieran la Luna y que la carta podía ser tan gorda como permitiese el sobre. Ahí está la magia, en que un niño pida lo que quiera sabiendo que no todo lo que pide le va a ser concedido. Los Magos son reyes y ellos deciden, majo.

Empiezo que se hace tarde.

1.- Salud. Sobre todo a la hora de respirar que, mira, es una costumbre que he adquirido con los años y no me apetece dejar de ejercitarla. Hay que ver lo molesto que es estar con el agua al cuello.

2.- Necesito una recarga de voluntad. La que tenía se ha ido gastando y ya me va quedando poquita. Parece que no, pero que poca cosa somos sin voluntad.

3.- Más capacidad de sorprenderme. Esto es más que nada por divertirme, que en la vida si todo te lo esperas es muy aburrida.

4.- Un discurso espontáneo y sin miramientos (en algunos momentos). En palabras de mi madre sería llamar a las cosas por su nombre, aunque su nombre sea el del cerdo, vaya.

Y,

5.- Divertirme escribiendo. Quitar de mi cabeza todo lo que nada tenga que ver con la historia que quiera contar y yo. Al final es lo único que de verdad importa.

Espero que cuando recibáis la presente estéis bien de salud, que vuestro viaje haya sido placentero y el regreso no os canse demasiado.

Aquí os esperaremos el año próximo, aunque no sea el último, con las mismas ganas de ilusionarnos.

Me despido con muchísimo cariño (a pesar de lo de la bici).

domingo, 2 de enero de 2011

... una amiga

-Riiiiiing, riiiiing, riiiiing...
-¡¿Es que nadie va a coger el teléfono?!
-Riiiiiing, riiiiing, riiiiing...
-Está claro que nadie va a cogerlo. ¿Diga?
-Hola, ¿estabas en el ala norte de tu palacio?
-Es que en esta casa nos pegamos por no coger el teléfono.
-Ya veo, ya. Bueno ¿qué tal se te presenta el nuevo año?
-Bueno, dos días antes de coger las vacaciones me puse enferma con unas anginas de caballo.
-No cambiarás nunca.
-Después se me complicó con el asma y ahora me duele el pecho y tengo fiebre. No, no cambiaré nunca.
-Hay que reconocer que tienes una manera muy rara de disfrutar de las vacaciones.
-Lo peor es que no tengo ganas de hacer nada.
-¿Ni de escribir?
-¿Escribir? ¿Y eso que es lo que es?
-Leerás al menos, leer siempre ha sido para ti como respirar...
-Ya, ya, ya.
-Chica, pues si que estás mala. ¿Has comido muchos turrones, al menos?
-Lo justito y ¿sabes qué he descubierto? Que comer adelgaza. Me paso el año tratando de quitarme los cuatro kilos que me sobran y no hay manera. Me olvido del tema y empiezo a adelgazar.
-Eso es el estrés de estar en casa, la familia, ya se sabe.
-Será eso.
-Como no habíamos hablado antes de las vacaciones no sé cómo quedaron las cosas en el trabajo.
-Bien.
-Huuuy, qué mal suena eso.
-Bueno, los últimos días fueron tranquilos, con eso ya me conformo.
-Deduzco que seguiréis con el mismo horario. Eso te pondrá difícil escribir.
-Es lo que hay. Si pudiese vivir sin dormir.
-Mira tú.
-Te voy a dejar que creo que me está subiendo la fiebre y tengo un batería en casa que voy a hacer callar ipso facto.
-Ya hablaremos, guapa.
-Un beso.

jueves, 30 de diciembre de 2010

¡¡¡Feliz Año 2011!!! (mírala, qué original ella...)

Os deseo a todos una muy feliz entrada en el nuevo año.

En cuanto al resto de los 365 días de este 2011 que se empeñan en presentarnos como funesto, espero que los tengáis de todos los colores del arcoiris. Que viváis emociones, consigáis logros personales, tengáis dulces momentos, os relajéis, os enganchéis, disfrutéis, riáis...


En fin, que viváis la vida intensamente, que es la única manera de poder hacer todo esto y más.

Mucha felicidad para todos.

viernes, 17 de diciembre de 2010

Premio literatura entretenida

Carmen (gracias por pensar en mí), me ha pasado el testigo de este premio, basado en un meme, en el que se busca encontrar los cinco libros más entretenidos, según el criterio de lectores blogueros.

El problema que me surgió para poder realizar la selección fue el motivo escogido: que sean entretenidos. No sé vosotros, pero si un libro no me resulta entretenido, no tengo ningún problema en cerrarlo y ponerlo en el montón de “libros para regalar” (que para gustos, los colores). Así que cualquier libro que forme parte de mi biblioteca particular ha de

entretener.
1. tr. Distraer a alguien impidiéndole hacer algo. U. t. c. prnl.
2. tr. Hacer menos molesto y más llevadero algo.
3. tr. Divertir, recrear el ánimo de alguien.

Sí, hay mucho donde elegir –pensé–, pero quizá en el problema radica la solución. Escojamos lo que escojamos: acertamos.

Ahí va mi lista, una de las mil.

Jane Eyre, Charlotte Brontë.
Pasé ante el espejo otra vez. Involuntariamente mis ojos fascinados dirigieron una mirada al cristal. Todo parecía en el espejo más frío y más sombrío de lo que era en realidad, y la extraña figurita que, en el rostro lívido y los ojos brillantes de miedo, aparecía en el cristal se me figuraba un espíritu, uno de aquellos seres, entre hadas y duendes, que en las historias de Bessie se aparecían a los viajeros solitarios.

Orgullo y Prejuicio, Jane Austen.
–El orgullo –observó Mary, que se preciaba mucho de la solidez de sus reflexiones–, es un defecto muy común. Por todo lo que he leído, estoy convencida de que en realidad es muy frecuente que la naturaleza humana sea especialmente propensa a él, hay muy pocos que no abriguen un sentimiento de autosuficiencia por una u otra razón, ya sea real o imaginaria. La vanidad y el orgullo son cosas distintas, aunque muchas veces se usen como sinónimos. El orgullo está relacionado con la opinión que tenemos de nosotros mismos; la vanidad, con lo que quisiéramos que los demás pensaran de nosotros.

La elegancia del erizo, Muriel Barbery.
Aparentemente, de vez en cuando los adultos se toman el tiempo de sentarse a contemplar el desastre de sus vidas. Entonces se lamentan sin comprender y, como moscas que chocan una y otra vez contra el mismo cristal, se inquietan, sufren, se consumen, se afligen y se interrogan sobre el engranaje que los ha conducido allí donde no querían ir.

El mercader de Venecia, William Shakespeare.
-La garantía que exijo –dijo el judío- es que Antonio me firme ante escribano un documento en el que conste que si antes de un trimestre no se me devuelve la suma prestada, tendré derecho a cobrarme cortando una libra de carne del cuerpo de él y de la parte que yo elija.

La casa de los espíritus, Isabel Allende.
La pequeña Clara leía mucho. Su interés por la lectura era indiscriminado y le daban lo mismo los libros mágicos de los baúles encantados de su tío Marcos, que los documentos del Partido Liberal que su padre guardaba en su estudio. Llenaba incontables cuadernos con sus anotaciones privadas, donde fueron quedando registrados los acontecimientos de ese tiempo, que gracias a eso no se perdieron borrados por la neblina del olvido, y ahora yo puedo usarlos para rescatar su memoria.

Paso el testigo

Alicia, del blog Alicia reloaded
Miguel, del blog Cierta distancia
Graciela, del blog Las palabras son mis ojos
Isabel, del blog Mujeres de Roma
Fer, del blog Yo no nací para ser culto

Y todos los que quieran hacer su lista, están invitados.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Madrid, 2 de diciembre de 2010

En primer lugar quiero dar las gracias a los que hacen posible el milagro de Imprimátur, una Fundación que actúa de mecenas para autores desconocidos, que nos esforzamos en encontrar el modo de atravesar esa jungla, que es la publicación de una obra literaria.

He de reconocer que tuve muchas dudas antes de presentar mi novela a concurso. Por un lado, el conocimiento que tenemos todos los que nos movemos en este mundillo de que los premios están, en muchos casos, preconcedidos o “apalabrados” –bonita palabra–. Por otro lado el miedo a la decepción, una emoción cotidiana si te dedicas a esto de escribir, pero de la que todos prescindiríamos si pudiésemos.

Después de la experiencia de estos meses, he aprendido que todavía hay personas altruistas que creen en nosotros, los escritores poco o nada conocidos, que tardamos dos años en escribir una novela. Que empleamos horas y horas en documentarnos. Que trabajamos en trabajos que nada tienen que ver con nuestra vocación, porque no solo de letras vive el escritor (ni la escritora). Que tenemos familias a las que atender y que cada hora que empleamos en escribir se la hemos quitado a la porción de vida que nos tocaría disfrutar.

Sí, estos señores de Imprimátur creen en nosotros y ese descubrimiento es una bocanada de aire fresco. Una palmada en la espalda de alguien que te dice: vale la pena seguir escribiendo
.

Deseo de todo corazón que algún día, alguno de los que salimos reforzados de estos premios lleguemos a la meta. Ese lugar, en el que escribir, sea nuestro único trabajo.

Ese día nos acordemos de Imprimátur
Gracias
.

Este es el discurso que leí al finalizar el acto. Me temblaban las piernas ( lo mío no es hablar), pero el atril tras el que me ocultaba lo disimuló muy bien.

Después fue hora de firmar libros y conocer a gente estupenda. Os dejo unas fotos para que os hagáis una idea y desde aquí mando un beso a todos con los que compartí aquel día, en un Madrid que, a pesar del frío, nos hizo sentir como en casa.

Mª Victoria, Accésit de Novela con "Desde mi olvido"

Lorea, Ganadora en la modalidad de Poesía por "El Grito ahorcado"

Pilar, Ganadora en la modalidad de Relato por "El Tesoro"

Pedro, finalista en la modalidad de Relato por "Memorias de un guerrero"

Con Ignasi Riera, un intelectual como la copa de un pino.

Luisa, ilustradora de las portadas.

Salvador, Ganador en la modalidad de Novela de la Edición anterior

Y llegó el momento de Firmar...






La música de estas dos virtuosas y encantadoras mujeres, nos acompañó durante toda la velada, haciendo la tarea de firmar libros mucho más agradable. Una de ellas, Elena Aker (la que toca el arpa), me sorprendió con unos injustificados elogios que desde aquí le agradezco. Os dejo su página web por si queréis echarle un ojo.

En fin..., esto es todo. Espero que si tenéis a bien leer mi novela os haga disfrutar, cómo mínimo, lo que yo disfruté ese día.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Mírala, mírala...


Hace años estuve ya en la capital de España, pero entonces fue una experiencia amarga, que muchos ya conocéis, por culpa de una mal llamada editorial. Recuerdo que apenas pude ver la Rendición de Breda a través de las lágrimas.

Pienso resarcirme y verme el Prado de punta a punta.

Y la ciudad, si el frío me da un poco de tregua, que soy de las que se acobarda.

A la vuelta os cuento.

viernes, 26 de noviembre de 2010

... ahora que somos tan felices

"–¡Vamos! –murmuró–. No voy a morirme ¿verdad? Él no va a separarnos ahora que somos tan felices".

La parcela de vida que uno dedica a escribir, es siempre una andadura solitaria. En cierta manera es la constatación de una realidad más amplia que nos hace experimentar la auténtica esencia del ser humano. O sea, que estamos siempre solos con más o menos compañía.

Charlotte Brontë, sin embargo, compartió con Emily y Anne el oficio de escribir. No puedo imaginar cómo de maravillosas debían ser aquellas noches, a la luz de las velas, compartiendo las tres hermanas lo que cada una había escrito. Casi puedo imaginarlas con unas cuantas cuartillas en la mano, deambulando por la sala y emulando en voz alta a Rochester, Heathcliff o Gilbert.

Quizá por este motivo, por esta genuina forma de escribir que tenían las Brontë, la tragedia de perder a sus hermanas fuese para Charlotte mucho más terrible aún.

"El mayor tormento es cuando acaba la tarde y llega la noche. A esa hora solíamos reunirnos en el comedor, solíamos hablar. Ahora me siento aquí sola: y guardo un silencio forzoso. No puedo dejar de pensar en sus últimos días, recuerdo sus sufrimientos, y lo que hicieron y dijeron y la expresión de aflicción mortal".

"No sabe cuánto deseo conocer alguna opinión aparte de la mía, y lo desalentada, desesperada a veces, que me he sentido porque no había nadie a quien pudiera leerle una línea o pedirle consejo".


Esa angustia se respira en Villette, de principio a fin, y la atmósfera que logra, llega a ser agobiante en algunos momentos. Lo cual me hace pensar ¿cuánto hay de las tres hermanas en cada una de las obras que escribieron durante la época en que compartían ideas y lecturas nocturnas?

La respuesta es obvia, las tres estaban pululando por entre las líneas de sus textos, las tres observaban y narraban, las tres dejaban avanzar, o cortaban el paso, al personaje creado.

Jane Eyre es Charlotte Brontë, no tengo la menor duda, pero oculta en su pecho a la apasionada Emily y a la rebelde Anne.

Las palabras con las que he iniciado esta entrada son las última que pronunció Charlotte antes de morir. Hacía menos de nueve meses que se había casado con Arthur Bell Nicholls (dear boy), dejando atrás la terrible soledad que la acompañó desde la muerte de sus hermanas. Estaba embarazada y para una constitución tan débil como la suya, delicada de salud y escuálida, fue demasiado. La muerte le sobrevino justo en el momento en el que volvía a ser feliz. ¿Cuántas historias se fueron con ella? ¿Cómo serían sus personajes de haber podido compartirlos con el que se convirtió en su viudo?
Patrick Brontë, vio morir a su mujer y a todos sus hijos.

El sábado 23 de marzo por la mañana, temprano, el solemne toque de la campana de la iglesia de Haworth anunció la muerte de Charlotte Brontë a los vecinos que la conocían desde niña y que se estremecieron al pensar en los dos hombres solos y desolados sentados en la vieja casa gris.


Extractos de "La vida de Charlotte Brontë, de Elizabeth Gaskell"

sábado, 20 de noviembre de 2010

Señoras y señores con ustedes: Mike Tompkins

Mike Tompkins es un jovencisimo ingeniero de producción que domina la posproducción como si hubiese comido con ella desde los doce años(tiene veintipico). Me ha dejado boquiabierta y pensando que si todavía queda gente así por el mundo, es que aún hay esperanza. Por cierto, es de Ontario.





domingo, 14 de noviembre de 2010

No me envíes hoaxes, por favor

Supongo que no soy yo sola, pero mira que me da rabia que mis amigos me aten a sus cadenas de mensajes. No me gustan los pps, ni los mensajes de autoayuda aderezados con música relajante e imágenes preciosistas. Pero sobre todo, no me gustan las cadenas de mensajes que te anuncian supuestas catástrofes personales, mundiales, apocalípticas o terroríficas, apoyadas en una sarta de mentiras, que nadie se molesta en comprobar antes de darle al botón de reenviar. Son los llamados hoax (engaño) que instan a enviar a todos tus contactos para “avisarles” de terribles desgracias que les amenazan.

Hay personas más adictivas que otras a este tipo de correos que lo único que buscan es conseguir mails a los que bombardear con spam. Todos tenemos algún amigo, conocido o familiar de esos que te cuentan como le echaron mal de ojo a un amigo de un vecino de su primo del pueblo. ¿Quién no ha discutido alguna vez con alguien que piensa que vio el arcoiris en un día despejado porque alguien del más allá trataba de comunicarse con él?

¿A qué se debe la propagación de estos mensajes, muchas veces absurdos, sin la menor retención y sospecha por parte de quien lo envía?

No hace mucho recibí uno en el que se me avisaba de un terrible virus que me llegaría a través de hotmail a modo de actualización de Windows live o no sé qué. Según el correo que me envió una amiga Mcafee había dado la voz de alarma. Entonces yo me pregunté ¿y los de Microsoft se han ido de vacaciones a Marte? ¿Por qué nadie les ha avisado a ellos? Lo primero que hice fue buscar información sobre ese virus y me costó menos de tres minutos salir de dudas y comprobar que era un hoax más.

De entrada, si recibo un correo en el que se me indica que debo avisar a todos mis amigos y conocidos de cualquier cosa, me resulta sospechoso (lo de la boda de tu hermano no cuenta). No hablemos ya de los que te dicen que te van a regalar un euro por cada persona a la que se lo envíes. Hace ya unos cuantos años que sé quién es el ratoncito Pérez.

¿Y nadie se ha fijado en las faltas de ortografía de estos mensajes? ¿O la traducción chapucera del inglés? ¡Pero si hacen daño a la vista!

Según el Ministerio de Sanidad patatín, patatán… ¿y dónde está el enlace a la página del susodicho Ministerio donde se avisa del peligro?

Seguro que habéis recibido mensajes como estos:

–El primer avión que se estrelló contra las torres gemelas en New York era un Q33. Si escribes Q33 NY en Word con la fuente Wingdings no vas a dormir esta noche. Hacer la prueba.

Lo que ocurre es que ninguno de los aviones que fueron tomados por terroristas aquel aciago día era un Q33, de hecho no existe ningún avión con esas siglas. Esta macabra cadena se la debemos a algún bromista con demasiado tiempo libre (¿te has planteado aprender a tocar el ukelele?).

–Si estás siendo obligada por un ladrón para retirar tu dinero de un cajero automático, lo puedes notificar a la policía marcando tú PIN al revés. Esto rara vez se utiliza porque la gente no lo sabe.
Claro, los bancos se guardan esta información porque les encanta tener que cubrir las cantidades sustraídas a sus clientes.

Ya no hablemos de las cadenas solidarias, de los avisos sobre productos alimentarios que contienen venenos o provocan enfermedades graves.

En fin, antes de darle a reenviar piénsatelo dos veces. Sobre todo si tienes mi correo.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Selección de Relatos Breves

I Certamen Literario Ciudad Galdós
Ciudad Alta - Las Palmas de Gran Canaria

El pasado día 4 de noviembre, se celebró la entrega de premios del I Certamen Literario Ciudad Galdós a la que, sintiéndolo mucho, no pude asistir.

En el Acto se presentó el libro publicado por edicones Bilenio "Selección de Relatos Breves" que contiene los relatos ganadores.

Desde aquí mi felicitación para los demás autores. Estoy deseando leer sus relatos.


Pena, de Víctor Manuel Martínez López, de Madrid.
Para una voz azul, de Paloma Díez Temprano, de Madrid.
Cuentos chinos, de Lía Carmen Fiol Don, de Agüimes (Gran Canaria).
Bilbao. Rumbo 225, de Ramón Zarragoitia Mezo, de Vizcaya.
Nada de poesía, de Antonia Romero, de Barcelona.
El misterio del amor, de Salvador Robles Miras, de Bilbao.
Invisible, de Pako Santos Chillón, de Barcelona.
Tan frágil como una hormiga, de Eva María Medina Moreno, de Madrid.
Amor imposible, de Carlos Villanueva Villaverde, de Madrid.
El puente, de Juan José Lomas Sáez, de Barcelona.
Los sueños y los miedos, de Kydia Mateos, de Montevideo (Uruguay).
Llamar a la puerta, de Salvador Robles Miras, de Bilbao.
Matilda, de Lucía Torrent Navarro, de Las Palmas de Gran Canaria.
La armónica de Cristina, de Nery Aragonés Sánchez, de Madrid.

Las Palmas de Gran Canaria a 10 de mayo de 2010, en el 167 Aniversario del Nacimiento de Benito Pérez Galdós



lunes, 1 de noviembre de 2010

No me envíes hoaxes, por favor

Supongo que no soy yo sola, pero mira que me da rabia que mis amigos me aten a sus cadenas de mensajes. No me gustan los pps, ni los mensajes de autoayuda aderezados con música relajante e imágenes preciosistas. Pero sobre todo, no me gustan las cadenas de mensajes que te explican supuestas catástrofes personales, mundiales, apocalípticas o terroríficas apoyadas en una sarta de mentiras que nadie se molesta en comprobar antes de darle al botón de reenviar. Son los llamados hoax (engaño) que tienes que enviar a todos tus contactos para “avisarles” de terribles desgracias que les amenazan.

Hay personas más adictivas que otras a este tipo de correos que lo único que buscan es conseguir mails a los que bombardear con spam. Todos tenemos algún amigo, conocido o familiar de esos que te cuentan como le echaron mal de ojo a un amigo de un vecino de su primo del pueblo. ¿Quién no ha discutido alguna vez con alguien que piensa que vio el arcoiris en un día despejado porque alguien del más allá trataba de comunicarse con él?

¿A qué se debe la propagación de estos mensajes, muchas veces absurdos, sin la menor cuarentena por parte de quien lo envía?

No hace mucho recibí uno en el que se me avisaba de un terrible virus que me llegaría a través de hotmail a modo de actualización de Windows live o no sé qué. Según el correo que me envió una amiga, Mcafee había dado la voz de alarma. Entonces yo me pregunté ¿y los de Microsoft se han ido de vacaciones a Marte? ¿Por qué nadie les ha avisado a ellos? Lo primero que hice fue buscar información sobre ese virus y me costó menos de tres minutos salir de dudas y comprobar que era un hoax más.

De entrada, si recibo un correo en el que se me indica que debo avisar a todos mis amigos y conocidos de cualquier cosa, me resulta sospechoso (lo de la boda de tu hermano no cuenta). No hablemos ya de los que te dicen que te van a regalar un euro por cada persona a la que se lo envíes. Hace ya unos cuantos años que sé quién es el ratoncito Pérez.

¿Y nadie se ha fijado en las faltas de ortografía de estos mensajes? ¡Pero si hacen daño a la vista!

Según el Ministerio de Sanidad patatín, patatán… ¿y dónde está el enlace a la página del susodicho Ministerio donde se avisa del peligro?

Seguro que habéis recibido mensajes como estos:

–El primer avión que se estrelló contra las torres gemelas en New York era un Q33. Si escribes Q33 NY en Word con la fuente Wingdings no vas a dormir esta noche. Hacer la prueba.
Lo que ocurre es que ninguno de los aviones que fueron tomados por terroristas aquel aciago día era un Q33, de hecho no existe ningún avión con esas siglas esta macabra cadena se la debemos a algún caradura con mucho tiempo libre.


–Si estás siendo obligada por un ladrón para retirar tu dinero de un cajero automático, lo puedes notificar a la policía marcando tú PIN al revés. Esto rara vez se utiliza porque la gente no lo sabe.
Claro, los bancos se guardan esta información porque les encanta tener que cubrir las cantidades sustraídas a sus clientes.

Ya no hablemos de las cadenas solidarias, de los avisos sobre productos alimentarios que contienen venenos o provocan enfermedades graves.

En fin, antes de darle a reenviar piénsatelo dos veces. Sobre todo si tienes mi correo

domingo, 31 de octubre de 2010

Certámenes Literarios Imprimátur



CERTÁMENES LITERARIOS IMPRIMÁTUR

Fallo del Jurado II Edición

Categorías de novela, ensayo y teatro

PRIMER PREMIO
:

NEFERTARI (Antonia Romero) POR "LA TUMBA COMPARTIDA".

SEGUNDO PREMIO:
VIRIATO POR "DESDE MI OLVIDO".

TERCER PREMIO:
BLANCO EN APRIETOS POR "SEIS HOBRES INCOMPLETOS".

Categorías de relato corto y cuento.
PRIMER PREMIO:
Mª DEL PILAR FLORES CAMPELO POR "EL TESORO".

SEGUNDO PREMIO:
RAQUEL VILLANUEVA LORCA POR "TODO PUEDE SER AHORA".

TERCER PREMIO:
PEDRO POR "MEMORIAS DE UN GUERRERO".

Categorías poesía
PRIMER PREMIO:
LOREA OTSOA HONORATO POR "EL GRITO AHORCADO".

SEGUNDO PREMIO:
ZARA PATRICIA MORA VÁZQUEZ POR "LA SOMBRA".

TERCER PREMIO:
IRIAMAKASHA POR "CON EL CORAZÓN EN LA MANO".

lunes, 25 de octubre de 2010

Aprendiendo a respirar

Una de las personas a las que di a leer mi primera novela, me escribió tres folios después de leerla. Guardo aquellas líneas en mi caja de tesoros, junto a las cartas que me escribieron aquellos que me importaron, recuerdos de mi niñez y la pipa que le regalé a mi padre para que dejase de fumar porque me dijeron que fumar en pipa no era tan malo.

En aquel escrito hay mucho de ella y algo de mí, todo lo que creyó reconocer como mío y lo que yo dejé escrito como algo suyo. No me conocía mucho, pero me emocionó igual.

Cuando nos leen los nuestros, los de toda la vida, nos miran con sorpresa y tratan de encontrarse entre las página del libro, escondidos en un personaje misterioso que será como ellos creen ser. Siempre se equivocan. Nunca se reconocen. Y es que nadie es como cree ser. O nadie es como los demás creen que son. Cualquiera de las dos afirmaciones me sirve.

Soy de las que piensa que el autor está siempre presente y que una novela en la que el autor no se retrate es imposible de escribir. No escucho nunca a aquellos que me dicen que el autor no debe nunca dirigirse al lector, que el lector no debe reconocer al autor en su obra. No escucho nunca a nadie que me diga cómo debo escribir. Como tampoco escuché nunca a quien me dijo qué debía leer.

En estos momentos estoy leyendo la biografía de mi adorada Charlotte Brontë, escrita por Elizabeth Gaskell, y la otra noche mientras leía una de sus cartas a Sr. W.S. Williams no pude evitar una sonrisa de satisfacción. Cito:

Muy señor mío: Acabo de leer “Rosa, Blanca y Violeta” (G.H. Lewes) y le diré lo que me parece como mejor pueda. No sé si es superior que Ranthorpe porque Ranthorpe me gustó mucho. Pero en todo caso tiene más de una virtud. Creo que posee la misma fuerza pero más plenamente desarrollada.
El carácter del autor se ve en todas las páginas, y eso da interés al libro, mucho más que cualquier historia. Pero es lo que dice el escritor lo que atrae, mucho más que lo que pone en labios de sus personajes. G.H. Lewes es el personaje más interesante del libro sin la menor duda.

Sonreí y recordé aquellas tres páginas en las que me conminaban a no dirigirme nunca al lector. Como buena Filóloga me daba una serie de pautas a las que debía atenerme y barreras que nunca debía traspasar. Aquella fue la primera lección auténtica que recibí como escritora, luego vendrían otras, en la que aprendí que el escritor ha de ser, sobre todo y por encima de todo, fiel a sí mismo.

Gracias, Esperanza. Gracias Charlotte.

jueves, 21 de octubre de 2010

Otoño

Me gusta como el cielo recorta la silueta de Montserrat cuando camino hacia el trabajo. Me gusta el sonido que hacen las hojas de los árboles movidas por el viento.

Me gusta la sensación de los primeros fríos, cuando tu piel aún guarda el calor del verano y la caricia del aire es fresca y dulce.

Me gusta despertarme cuando aún es de noche y salir de casa con el día recién estrenado.

Me gusta el alivio del Sol cuando me encojo dentro de una fina chaqueta.

Me gusta el otoño.


domingo, 17 de octubre de 2010

¿Me das tu teléfono?

El otro día Miriam me pidió mi número de móvil; sonriendo, empecé a recitar como un mantra: seis, ocho, seis y de pronto me di cuenta de que no me acordaba de cómo seguía. Volví a empezar y me ocurrió lo mismo. Tuve una sensación extraña, me dio por reír, pero era esa risa nerviosa de cuando uno nota que algo no va bien. En mi caso iba muy mal, soy reconocida por mi excelente memoria, si me preguntan si un alumno está matriculado en el centro no necesito mirar ninguna lista para responder y tenemos 955 alumnos.

Hay cosas que nunca olvidas. La barandilla de la escalera en casa de mis padres por la que me deslizaba a pesar de las regañinas de los vecinos. El tacto de las columnas del porche en el que jugábamos a las estatuas. El sonido que hacían los cristales al caer, después de acertarles con una piedra, en aquella casa en ruinas de la calle Mediodía. El silencio ensordecedor en los pasillos de la planta dieciséis del Hospital de Bellvitge. El olor del ajoatao que tanto le gustaba a mi hermana y que a mí me daba ganas de vomitar.

Es sorprendente como puedes recordar cosas aparentemente tan insignificantes y olvidar otras que se suponen importantes.

Miriam me dijo que la llamase a su móvil para que de ese modo pudiese ver mi número y así lo hice. Al cabo de dos minutos volvió para decirme que me había equivocado, que mi número no empezaba por 686, sino por 676. Entonces comprendí por qué no podía continuar: mi cerebro había memorizado la serie en su orden correcto y no podía saltarse ese error. No se trataba de ningún mensaje subliminal para que comprendiese lo que es importante en la vida.

¿O sí?

jueves, 14 de octubre de 2010

Qué hago cuando no escribo

Escribir no es como tomarse el café de la tarde, no sucede de manera automática por mucho que uno se empeñe. Sí, ya sé eso de que “cuando me llegue la inspiración me pille trabajando” y que Isabel Allende se sienta frente a su escritorio a las ocho de la mañana, cada día. A mí nunca me han servido las fórmulas magistrales, yo soy más de hacer lo que me da la gana, la verdad, y tengo épocas en las que no escribo.

Normalmente sucede cuando hay algún cambio en mi vida: he acabado una novela, cambiamos de estación (me refiero a las cuatro estaciones, no al metro), me cambian el horario en el trabajo…

Ahí quería yo llegar. Llevar una familia, escribir y trabajar, son tres cosas que no se complementan muy bien. Debe ser porque las tres exigen alta dedicación y ninguna da un respiro. Ya sé que hay familias en las que los hijos, ya adolescentes, se desligan de sus madres y dejan de compartir con ellas cada pequeño suceso, gran problema o duda existencial. De momento, ese no es mi caso. También me han dicho que hay maridos que solo se relacionan con su esposa en la cama y cenando con los amigos, que nunca quieren hablar de sus cosas y que, bajo ninguna circunstancia (ya sea pistola en la sien o amenaza de visita de la suegra) preguntan qué tal tu día. Ese tampoco es mi caso.

Mi trabajo es absorbente, no me deja un respiro y hace funcionar mis neuronas a pleno rendimiento, así que cuando llego a casa estoy cansada y lo que más me apetece después de comer es repantigarme en el sofá con una taza de café. Ahí soy muy vulnerable y los míos, que lo saben, atacan. Una charla puede durar entre media y dos horas. Un paseo, toda la tarde. Con la cabeza llena de alumnos, planes individuales, cambios de matrícula y que quiero ir a dos conciertos este otoño, es difícil sentarse frente al ordenador y trasladarse a la trama de una novela.

A pesar de todo, la mayor parte del tiempo ocurre. Milagrosamente, ocurre. Pero hay épocas en las que la vida nos dice: ¡eh! que me voy, que me voy, que me estoy yendo. Y en esas épocas buscas la conversación en el sillón, las tardes de paseo cogidos de la mano (sí, aún nos cogemos de la mano ¿qué pasa?), una tarde de chicas, solas mi pequeña y yo de compras por el pueblo, ver videos de Linkin Park con el mayor y escucharle con su guitarra.

Durante esas épocas más intensas (que distracciones siempre las hay), no escribo nada. Me dedico a contemplar lo que me rodea y tomo conciencia de mí misma. Mi paso se ralentiza, veo las hojas de los árboles mecerse al viento y las nubes viajar sin detenerse. El mar huele diferente y la noche es más intensa. Los que me rodean tienen cosas que contarme y estoy ahí para escuchar. Observo. Vigilo.

Y entonces ocurre. Las ideas vienen de camino y se meten en mi cabeza. En forma de personajes, como en Peso cero cuando Mario se sentó en la cama de una habitación vacía y, hundido y sin esperanza, vomitó entre mis manos su profunda sensación de soledad. Entonces me doblego y vuelvo a mi rincón y, a ratos, solo somos yo y mis historias.

martes, 12 de octubre de 2010

Regreso

He preparado comida para el camino. Llevo en la mochila mis letras, algún paquete de pañuelos, una bufanda para cuando haga frío y muchas ganas de verte.

He estado ocupada, ya sabes, pero en todo este tiempo no me he olvidado de ti. Supongo que habrás descansado de mis cosas, mis neuras, mis opiniones y mi tendencia natural al desánimo.

Te echaba de menos. Ya estoy de vuelta.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Mis pecados literarios (con permiso de Verónica)

No he sido nunca de copiar, la verdad, ni cuando iba al cole porque siempre he tenido la impresión de que un ente invisible me vigilaba y sabía todo lo que hacía. Sin embargo, una va creciendo y descubre que los únicos entes invisibles son los virus y que a esos les importa un pepino si copias o haces calceta. Leyendo el blog de Verónica Sukaczer me han dado ganas de copiarle un post y escribir sobre

MIS PECADOS LITERARIOS

Intento no escribir. Lo evito siempre que me es posible y cualquier excusa es buena: tengo sueño porque he madrugado, con dos horas no es suficiente, la cocina necesita un repaso, ¡qué bonito es mi salvapantallas!

Nunca acepto encargos, hago como que sí, pero nunca escribo lo que me piden y acabamos “dejándolo para más adelante”.

Estoy siempre presente en todo lo que escribo, ya sé que eso no se hace, pero me da igual.

Hablo con el lector, también sé que no se hace, pero es que si no me aburro.

Podría escribir sin ordenador, sin máquina, creo que podría escribir, incluso, sin papel, pero no puedo escribir sin una taza al lado. De café, por supuesto.

Adoro mi primer libro, incluso he llegado a creer que La casa grande existe y quiero ir a visitarla.

He leído a los clásicos y algunos, incluso, me han gustado. No diré cuales.

Leo muy, muy, muy despacio. Tardo mucho en acabar los libros que escojo. Suelo cerrarlos y quedarme pensando en lo que acabo de leer y eso ralentiza mucho la faena. Si no lo cierro, es que no llega allí a donde debe llegar lo que leo.

Tengo una gran debilidad por el siglo XIX. Lo he idealizado.

No me gusta Chejov.

Me encanta Wilde.

¿Verónica es una pésima vendedora de sí misma? ¿Después de pésimo que viene? Y, sí, eso es muy malo para esto de la literatura. Y es que hay por ahí un montón de escritores con una capacidad comercial admirable.

Otra cosa en la que soy mala es en las revisiones. Cada vez que reviso una novela, me sale otra. La que estoy escribiendo ahora es la quinta versión de una idea original que ya apenas nada tiene que ver con sus orígenes.

Yo también me siento frente al PC y juego al Spider o a Los Sims para no empezar a escribir.

Tengo dieciocho principios de novela en una carpeta llamada “trabajando”.

Siempre digo que voy a presentarme a concursos a los que luego llego tarde.

Compro libros, los leo y si no me gustan los regalo. He regalado cajas llenas de ellos, algunos con muy buenas críticas.

Me siento obligada a enviar mis novelas a editoriales, pero siento un profundo regocijo cuando me rechazan. En el fondo siempre he sabido que no sirvo para esto.

Me aburren mortalmente las presentaciones de libros. A veces, he sentido vergüenza ajena.

Lucho por no ser de esos “escritores” que solo saben hablar de lo que escriben. ¡Qué pelmazos! Prefiero la conversación de un albañil explicándome cómo alicatar un baño.

Canibalizo a mis semejantes. Escucho mucho a los demás. Interiorizo sus cotidianidades y las guardo ocultas en mi cerebro. Y un día se convierten en una historia que no deja de aguijonearme hasta que la escribo.

En catalán hago castellanismos y, en castellano, catalanismos. Me resulta inevitable.

Yo también uso el diccionario de sinónimos del Word. Y el diccionario de la Real academia. Y el panhispánico de dudas. Y Google. Y Google street view. Y la Wikipedia.

Por cierto, ¿sabíais que tenemos tres preposiciones nuevas? Durante, mediante y via...

viernes, 2 de octubre de 2009

Una larga conversación

Hace ya 23 años y le sigue pareciendo gracioso que ocurriese en una librería. A punto de pagar uno de Julio Cortazar porque quería recuperar la afición a la lectura que sus profesores habían matado a fuerza de insistencia y libros mal escogidos. Se giró y la besó. La cajera les miraba con cara de vergüenza ajena, era evidente que era el primer beso y Abacus no era París, precisamente. A ella le temblaban las piernas y, quizá, a él también. De hecho, aún le tiemblan a veces. Habían superado dos noches en Rupit dentro de una tienda de campaña y una en Rubí, en habitaciones separadas, pasándose notitas por debajo de la puerta. Pero lo que más costaba arriesgar eran los dos años de amigos. Esos que se lo cuentan todo sabiendo que al otro lado hay alguien que escucha y no sólo oye lo que decimos. Era mucho lo que se jugaban apostando al 2.

-Supongo que tenemos que hablar –le susurró al oído mientras esperaba el cambio.

Ella asintió.

Y ha resultado ser una larga conversación.

Imágenes: Rafal Olbinski


miércoles, 23 de septiembre de 2009

En ninguna parte

Anoche tuve un sueño. Soñé que estaba viva.

En un momento me salí del cuadro y caminé hacia aquel paisaje conocido donde una vez fui. La hierba me hacía cosquillas en la planta de los pies y el olor a tierra mojada me estremecía de placer. Seguí caminando, no debía temer al cansancio, ni tampoco a no llegar a ninguna parte. Ya estaba en ninguna parte.

El camino era estrecho, los árboles que lo flanqueaban eran altos y movían sus brazos, repletos de hojas, al compás del viento. Me miré y vi que estaba desnuda, pero no sentía frío. Yo era el frío.

Quería seguirte. Seguir caminando y llegar a alguna parte, cansada de que el camino siempre acabase con el sueño, quería seguir soñando y vivir por ello de nuevo.

Era inútil. El sueño terminó y me encontré de nuevo en esta triste habitación llena de antiguos recuerdos de otra vida. Recuerdos y objetos que sólo puedo contemplar.

Morí aquel día. Y es un justo castigo por mis actos estar viva para contemplar mi lenta e inexorable muerte. Sin que nadie pueda rescatarme. Sin que nadie se compadezca de mí. Morir cada día al abrir los ojos…

sábado, 29 de agosto de 2009

... el psicólogo

-Buenos días.
-Buenos días. ¿Qué tal tus vacaciones?
-Bien.
-¿Te han servido para desconectar?
-¿Desconectar de qué?
-Del trabajo.
-Ya me fui desconectada de casa.
-Bueno, pues para desconectar de la rutina.
-Para eso sí.
-¿Te ha gustado?
-Psse.

Silencio

-¿Y cómo vas de lo tuyo?
-¿A que te refieres?
-A tu obsesión por el tiempo.
-Bien, se cría sana y fuerte. La obsesión, digo.
-¿Has escrito algo estas vacaciones?
-Más bien me he dedicado a desescribir.
-Explícame eso.
-Llevo un par de años con una novela, ya lo sabes. Tengo clara la historia, dibujados los personajes, desarrollada la trama, pensado el final, decidido el principio…
-¿Y entonces?
-Me falta la novela.
-No te entiendo.
-¿Sabes lo de Pandora?

Fruncido de ceño

-Sí, hombre, que se pasaba el día tejiendo y la noche deshaciendo
-Esa era Penélope.
-¿La del bolso de piel marrón, zapatitos de tacón y vestido de domingo?
-Esa es de Serrat.
-Me gusta mucho Serrat. Bueno me gustaba más antes, cuando cantaba a su pueblo blanco y al Mediterráneo.
-Centrémonos.
-Lo que quería decir es que soy incapaz de hilvanar todo lo que tengo escrito y no hago más que cambiarlo. Verás, es una historia que se desarrolla en la actualidad, pero está relacionada con otra que ocurrió hace mil años.

Asiente como si comprendiera

-Los personajes del pasado no se conforman con aparecer en la sombra y me exigen más protagonismo, así que decidí darles capítulos alternos: pasado, presente, ya me entiendes.
-Sí, sí, claro.

Demasiada vehemencia

-¿Ves?
-¿Qué?
-Que eso va a ser un lío. Así que he decidido hacerlo de otro modo y dejar que el presente adquiera todo el protagonismo y que el pasado se descubra gracias a la trama.
-Muy bien.
-Pues no, porque a mis personajes medievales no les gusta la idea y no me dejan continuar.
-Cuando dices que no te dejan continuar hablas metafóricamente ¿no?
-No oigo voces si es lo que te preocupa.
-Supongo que esto es lo que les pasa a los escritores.
-¿Y por qué lo supones?
-Las suposiciones suelen basarse en conocimientos previos.
-¿Tú siempre hablas así?
-¿A qué te refieres?
-Déjalo.
-Quizá en tu comportamiento con esta novela se esconde el deseo oculto de dejar de escribir. Quizá no quieres acabarla para no tener que empezar otra. Quizá tu subconsciente te esté diciendo algo…
-Mi subconsciente tiene línea directa con mi conciencia.
-Eso no es posible.
-Mira ahora mismo se está comunicando conmigo.
-¿Ah, sí? ¿Y qué dice?
-Que vaya sacando el monedero porque está a punto de acabarse la hora de visita.

miércoles, 15 de julio de 2009

En el espejo

Tengo la extraña sensación de haberme visto en algún sitio.

Cada mañana cuando me levanto y miró al espejo que ocupa el frontal de mi lavabo busco en él a la persona que creo que soy y me sorprendo con esa que me mira descarada y con expresión de estar riéndose de mí.

Cuando era pequeña mi madre me decía que hacerse mayor era una putada porque, cuando no tienes pruebas delante de los ojos de lo contrario, tú sigues teniendo diez años a veces, catorce otras y diecinueve la mayoría.

Durante un tiempo huí de los espejos, los escaparates de las tiendas y las bandejas de los bares. Intentaba no encontrarme a traición y en un despiste, con la cara de esa que no soy yo.

Pero es inevitable, llega un momento que tienes que reconocer que ya no te ves distinta.

Has desaparecido.

En tu lugar está ella, que sonríe y te dice que hacerse mayor es una putada.

domingo, 28 de junio de 2009

El cine, ese gran lector...

Acabo de llegar del cine de ver Millenium: Los hombres que no amaban a las mujeres.

En primer lugar, para todos aquellos que han pensado alguna vez leer la novela: no vayáis a ver la peli. Al menos no antes de leer el libro. El primero y el segundo.

La película me ha decepcionado enooooormemente. Elimina de la trama personajes que considero muy importantes, como la casi inexistencia de Erica Berger y la revista Millenium. Sí, la revista es uno de los personajes más importantes de la novela y en la película se la cargan de un plumazo.

He salido del cine con un regusto amargo, como siempre que veo una película basada en un libro. Bueno, casi siempre.

Los actores son lo único que quiero salvar, los dos protagonistas, tanto Mikael como Lisbeth están bien, no como yo los he imaginado, pero bien.

El director no se leyó el libro, se lo contaron mientras se tomaba unas cañas con unos amigos. De algo se enteró, que había una investigación y eso, pero de la esencia de Los hombres, res de res -que decimos aquí.

Pero si hay algo que no le perdono, algo que no puedo aguantar, es a los aguafiestas. Vale que el título es Millenium 1: Los hombres... y que la revista solo sale de refilón. Vale que hay que suprimir personajes porque la gente no tiene todo el día para pasarlo en el cine. Vale. Pero que el muy (piiii) se atreva a ir dando pistas sobre el segundo me parece de lo peor. Yo he leído los dos primeros, pero la persona que está leyendo el segundo y ha decidido creer en el séptimo arte y se ha pagado la entrada (que no es precisamente barata) para ver qué han hecho con el primer libro se ha encontrado con que le han desvelado cosas que no quería saber. Eso es imperdonable. Sobre todo en una novela negra.

Lo siento, pero si lo llego a saber no voy.

Leer, leer.

miércoles, 24 de junio de 2009

Querido Stieg Larsson

Estoy a punto de terminar la segunda parte de Millenium y llegado a este punto he decidido que quiero dedicarle una entrada.

En primer lugar diré que me río de los prejuicios de aquellos que huyen del éxito como si temieran que se les pudiera notar la mucha envidia que les produce. En segundo me río de las opiniones de "los que saben escribir" y creen que el mejor libro es aquél que aún no se ha escrito (y que, por supuesto, escribirán ellos). Y en tercer lugar me río de todos aquellos que se creen "diferentes" por no hacer algo que los demás hacen (para eso no hace falta esforzarse, ni es necesario hacer de ello un estandarte). Para ser diferente solo hace falta ser uno mismo, que dijo aquél.

Y ahora dejo de reírme.

Para decidirme a leer la novela tuve dos llamadas de atención: la ilustración de la portada de Gino Rubert (soberbia, permítanme decirlo) y la trama que nos presenta la solapa. Vaya, lo que siempre me hace escoger un libro en lugar del que está colocado a su lado en el estante o la mesa. El que mucha gente hable de un libro no afecta nunca a mi decisión de leerlo. Sí, leí El Quijote y encima hasta me gustó, lo combinaba con novelas románticas de Jazmín y Tebeos de Zipi y Zape.

Los hombres que no amaban a las mujeres es una novela fresca y resuelta. Los personajes son sorprendentes y están muy bien definidos. Te engancha desde la primera página y Larsson te acompaña todo el tiempo susurrándote ideas en el oído. Yo soy de esas que tienen la mala costumbre, cuando leo novela negra, de tratar de descubrir al asesino y, aunque esté mal decirlo, tengo buen ojo. Larsson no me dejó. Fuera tópicos, fuera consabidos hechos resultones, fuera personajes antipáticos o demasiado simpáticos. Fuera el bueno, malo. Gracias.

Lisbeth Salander es adorable, una perturbada Pippi Calzaslargas que en lugar de medias a rayas y trenzas que desafiaban a la gravedad, lleva pircings y tatuajes. Tiene una moral muy personal a la que se ciñe siempre y en cualquier situación.

Mikael Blomkvist es un periodista preocupado por hacer bien su trabajo, adicto al café (cómo le entiendo) y a su jefa Erica Berger.

La confluencia de estos dos personajes tan distintos conforma, para mí, uno de los factores más atrayentes de la novela. A parte, claro está, de la magnífica trama que Larsson se inventó (¡cómo le envidio!).

Hacerse una idea de cómo era Larsson no es nada difícil, si indagas un poco en su biografía te das cuenta de que no se diferenciaba mucho de Mikael Blomkvist. Una auténtica faena que le diera un infarto. Una gran pérdida.

¿Qué puedo decir sin desvelar nada de las novelas? Tengo un problema y es un problema serio, no soporto que los autores de los libros que leo me traten de tonta. Me gusta que me obligue a pensar, que me crea lo suficientemente inteligente como para ir dejándome pistas sutiles, no zafias. Que me hable de tú, como si realmente me respetara.

Larsson es así, te cuenta una historia que se sale de lo normal, te presenta a sus personajes y los ves dormir y comer, casi puedes oler el aroma del café recién hecho. Te estremece y te angustia y después, cuando has terminado de leer recuerdas toda la trama como si hubieses visto una película en blanco y negro.

Esta trilogía sólo tiene un defecto.

Que no la he escrito yo.

Lo recomiendo.



domingo, 7 de junio de 2009

El "Anónimos" de Miguel Sanfeliu

Soy tan poco dada a las presentaciones de libros que no fui ni a la mía. No soy muy de “religare” soy más de salsear, pero con Miguel hice una excepción y me alegro.
Fui en transporte público y aterricé en la Ciudad Condal en pleno bullicio de un viernes tarde a pleno rendimiento. Como llegué con tiempo de sobra y no quería molestar (ya me veía vagando por la librería cargada de libros, que no se me puede dejar sola en medio de tanta bacanal, que me conozco) me colé en el H&M para empaparme de verano. Solo de visita que el probeteo cansa mucho.

Llevaba veinte minutos en la ropería y ya estaba cansada cuando recibí la llamada de mi acompañante. Quedamos a la altura de Aragó y nos dirigimos a la Librería Bertrand. Por la mañana la había buscado en el Street View porque no la conocía y me llevé una gran sorpresa. Resulta que la librería era una tienda de ropa, Musgo, para más detalles. Bueno, pensé, o el Street View no lo actualizan o Miguel va a ser muy original.

La Librería Bertrand existe, además es una magnífica librería en la que sería un gusto perderse una noche cuando hubiesen cerrado. Que me dejen tan sólo la cafetera conectada, con eso me apaño.

Reconocí a Miguel en cuanto le vi, y me parece que a él le ocurrió lo mismo. Lo primero que hice después de saludarle es irme a buscar su “Anónimos” y más después de comentarme, preocupado, que los libros no habían llegado y que tan solo habían unos poquitos que había traído el editor. Lo ojeé por encima y leí las cuatro primeras líneas. Miguel, sin duda.

Charlamos, se notaban sus nervios por un nuevo estreno. Llegó una mujer con un mechón muy sospechoso y nos acercamos la una a la otra, frunciendo el ceño y sonriendo, al mismo tiempo: ¿Rosa? ¿Antonia? Nos dimos un abrazo. Habíamos hablado por teléfono en alguna ocasión, ella me hizo una entrevista para Anika (gracias Anika, no lo he olvidado) e hizo una reseña en la revista Anika entre libros. Conocerla fue un placer. Hablamos de su próxima publicación y de la Comisaria Cornelia Weber-Tejedor. Después Miguel me presentó a Francisco Machuca que publica el blog “El tiempo ganado” y al que no conocía.

Nos sentamos, cada uno como su intención le dio a entender. Yo en la segunda fila, que la primera me da mucho respeto. Yo era la de “rizos castaños sobre el cuello de una blusa de cuadritos vichy azul marino y blanco”. Hola Lludia.

Con los nervios de Miguel y la sonrisa de Hilario J. Rodríguez, el editor, que me perdone, pero no recuerdo el nombre, inició la presentación.
Care Santos fue la encargada de hablar de Anónimos y, de paso, nos explicó cómo veía ella a Miguel, el escritor. Su charla fue amena y entretenida y me entraron ganas de abrir el librito allí mismo y ponerme a leer. Me contuve. Tiene tablas, la Santos.

Miguel habló de sus motivos para escribir y nos contó una anécdota personal con un tío suyo, muy interesante. Fue dejando los nervios, poco a poco y nos hizo disfrutar de escucharlo. A Hilario J. Rodríguez, no le conocía y me pareció un autor muy interesante.

Y ahora lo que me ha traído hasta aquí.

Anónimos es un librito con una presentación muy atractiva. Cada relato está ilustrado por el propio Miguel y los dibujos son muy interesantes. Consta de cuatro cuentos que, por supuesto, no os voy a explicar. La manera de narrar de Miguel, ya la conocía, es claro y brillante como el sonido de una guitarra acústica. En sus cuentos prima la sencillez y riqueza del lenguaje, puedes visualizar la escena como si estuviese sucediendo delante de tus ojos. Oyes el sonido de las bombas, sientes el miedo al abrir el sobre, el lento movimiento del rey al caer, o el dolor del golpe en el estómago. Todo con un realismo natural.
Tiene el sello de Miguel Sanfeliu y estoy segura de que éste es sólo el principio.

lunes, 18 de mayo de 2009

Certificado de existencia


CERTIFICADO DE EXISTENCIA

Ah ¿quién me salvara de existir)
Fernando Pessoa

Dijo el fulano presuntuoso /
hoy en el consulado
obtuve el habitual
certificado de existencia

consta aquí que estoy vivo
de manera que basta de calumnias

este papel soberbio / irrefutable
atestigua que existo

si me enfrento al espejo
y mi rostro no está
aguantaré sereno
despejado

¿no llevo acaso en la cartera
mi recién adquirido
mi flamante
certificado de existencia?

vivir / después de todo
no es tan fundamental
lo importante es que alguien
debidamente autorizado
certifique que uno
probadamente existe

cuando abro el diario y leo
mi propia necrológica
me apena que no sepan
que estoy en condiciones
de mostrar dondequiera
y a quien sea
un vigente prolijo y minucioso
certificado de existencia

existo
luego pienso

¿cuántos zutanos andan por la calle
creyendo que están vivos
cuando en rigor carecen del genuino
irremplazable
soberano
certificado de existencia?

Mario Benedetti