viernes, 20 de julio de 2007

Fin de semana al abrigo de una historia

Hace unos cuantos años mis periodos vacacionales no podían pasar sin unos cuantos días en La Vall de Boí, en la Alta Ribagorça (Lleida). Es un lugar que conocía bastante bien, todo lo bien que puede conocerse un lugar en el que no se vive. La novela que estoy escribiendo se desarrolla en parte alrededor de esa zona, en un pueblecito imaginario. Sabía que todo aquello había cambiado, había podido comprobarlo a través de mi amiga Internet, pero soy de esas a las que les gusta constatar los hechos de un modo "menos virtual". Así que preparé un fin de semana de "inmersión" literaria a la búsqueda de una historia de ficción que ha ocurrido en mi cabeza y que espero poder compartir algún día.
Escogimos Taüll para dormir, un pueblecito de cuento, en el que es muy fácil imaginarse hombres a caballo golpeando el empedrado de sus calles.


Cuando vi esta tumba sin nombre pensé en Ermessenda. Es tal y como la había imaginado, solitaria y sin nombre, en medio de ninguna parte, pero con rosas frescas.


Cuando Emma se decida a volver no lo hará sola y su primer recorrido será el largo y tortuoso camino al Lago Negro, que se inicia en la presa de Cavallers.


El camino es lento, lleno de piedras que han caído de lo alto de sus majestuosas montañas. Es el lenguaje que utilizan para recordarnos que estamos ahí de visita y no debemos permanecer demasiado tiempo.

Finalmente lo descubres ahí abajo, impertérrito, indiferente y oscuro: El Lago Negro.















Después el regreso, cansada, con las piernas doloridas y los ojos llenos de paisaje.

Bajar, cuidando de donde pisas, sin dejar de mirar a tu alrededor.


El Valle está lleno de rincones y parajes dignos de ser vistos y contados pero, sobre todo, de ser vividos.
La Vall de Boí ha cambiado mucho en los años que no la visitaba, se ha convertido en un lugar mucho más visitado, más "turístico", gracias (o por culpa, según se mire) de las pistas de esquí. A pesar de todo sigue contando con algo que nadie ha podido cambiar aún: su paisaje, su verde y grandioso paisaje que te obliga a respirar hondo y que te demuestra que los viajes a través del tiempo sí son posibles. La única máquina que te hace falta es una que tenga ruedas y un buen motor para llevarte.

Tuve un gran impacto al ver la Iglesia de Boí. En mi memoria aún permanecía enterrada...


... como Guillem y Sibil·la.



domingo, 8 de julio de 2007

Cuando todos duermen

Me van a perdonar que me sincere pero es que me está haciendo falta.

Llevo dos meses sin escribir.
Madrugo, trabajo mucho (¿y quién no?), vuelvo a casa, los niños, la vida...

Mi novela, la que me han publicado quiero decir, me ha sorbido el seso, que si se venderá, que si gustará, ¿hago o no hago presentación?

Total que el abate Bertrand de Riell –antes de Erill- (cambio en honor de Theo, también conocido como Ignasi Trueba que sabe mucho del Pirineo catalán y me abrió los ojos), lo que decía, que el abate está muerto de aburrimiento, con el cálamo en la mano y los ojos haciéndole chiribitas de ver lo que tarda esa escritora de tres al cuarto en darle algo que escribir. Y no sé a los demás que escriben, pero a mí me pasa una cosa muy curiosa cuando estoy en época de sequía: no pienso en otra cosa. Si estoy viendo una peli pienso "si yo tuviese que contar esta historia...", antes de dormir leo e imagino cómo lo habría escrito yo. Y el otro día en el trabajo, cuando Conchi me enseñó su cámara en la que aparece claramente la imagen de un fantasma (sí, de esos que veía Allison Dubois) me encontré diciendo de la manera más repelente y ridícula: esto tengo que escribirlo. No volví a abrir la boca en toda la mañana y eso porque soy anti violencia que si no me habría dado un guantazo, por snob.

Así que lo he decidido, ya sé que es duro y no tengo claro que pueda salir adelante, pero no hay más remedio, se trata de una emergencia.
A partir de mañana me levanto a las seis.

¿O alguien tiene alguna otra sugerencia?

sábado, 23 de junio de 2007

Fiesta


Gloria a Dios en las alturas,
recogieron las basuras
de mi calle ayer a oscuras
y hoy sembrada de bombillas
Y colgaron de un cordel
de esquina a esquina un cartel
y banderas de papel
verdes rojas y amarillas

Y al darles el sol la espalda
revolotean las faldas
bajo un manto de guirnaldas
para que el cielo no vea
en la noche de San Juan
cómo comparten su pan
su tortilla y su gabán
gentes de cien miel raleas.

Apurad,
que allí os espero si queréis venir
pues cae la noche y ya se van
nuestras miserias a dormir:
vamos subiendo la cuesta,
que arriba mi calle
se vistió de fiesta

Hoy el noble y el villano
el prohombre y el gusano
bailan y se dan la mano
sin importarles la facha
juntos los encuentra el sol
a la sombra de un farol
empapados en alcohol
abrazando a una muchacha

Y con la resaca a cuestas
vuelve el pobre a su pobreza
vuelve el rico a su riqueza
y el señor cura a sus misas.
Se despertó el bien y el mal
la pobre vuelve al portal
la rica vuelve al rosal
y el avaro a las divisas.

Se acabó:
el sol nos dice que llegó el final
por una noche se olvidó
que cada uno es cada cual.

Vamos bajando la cuesta,
que arriba en mi calle
se acabó la fiesta.
(Joan Manuel Serrat)

¡Bona nit de Sant Joan a tothom!

Cuidado con la hoguera, la coca

y los petardos...

sobre todo los que no explotan.

domingo, 10 de junio de 2007

Nessun dorma - Que nadie duerma

La princesa Turandot no quiere casarse, pero sabe que no podrá retrasar ese hecho mucho tiempo, así que ingenia un plan en el que se cree segura. Decreta, por ley, que sólo aceptará al Príncipe Real que sea capaz de resolver sus tres adivinanzas.

Para disuadir a sus posibles pretendientes pone como condición que todo aquél que lo intente y fracase, morirá. Con ello el reinado de la princesa se ve alimentado por un río de sangre ya que su belleza conquista a todo aquél que la mira.

El príncipe desconocido, cae también en esa trampa y tocando tres veces el gong repite el nombre de Turandot comprometiéndose a vencer o morir.

La princesa le somete al reto y le propone las tres adivinanzas ante las que el príncipe dispone las respuestas correctas. El juramento obliga a Turandot a aceptar su derrota pero ella no quiere y le contesta con desprecio si será capaz de obligarla. El principe no la quiere por la fuerza así que le da la oportunidad de desprenderse de su compromiso: si descubre su nombre antes de que llegue el día, él morirá.

El príncipe está en el jardín y a lo lejos se oye a los heraldos proclamar una nueva orden de Turandot: "Nessun dorma" (Que nadie duerma) hasta que el nombre del príncipe haya sido descubierto, bajo pena de muerte.

El príncipe recoge esas palabras y canta:



Este es un fragmento de la Opera de Giacomo Puccini (1858 – 1924), "Turandot", en la voz de Pavarotti. No soy muy entendida en ópera, la verdad, conozco está y un par más, pero he de confesar que el aria "Nessun dorma" es capaz de entrarme hasta las entrañas, no puedo escucharla sin derramar alguna lágrima. Hay algunas piezas de música con las que me ocurre esto, no sé si será la vibración de los instrumentos, la voz del cantante, lo que yo imagino en mi cabeza o, simplemente, una reacción química en mis neuronas, pero algunas piezas musicales me tocan la fibra. Entre ellas, esta aria de Puccini.

No os cuento como termina la historia, os animo a descubrirlo por vosotros mismos con el libreto de Giuseppe Adami y Renato Simoni.

Giacomo Puccini, en un gesto artístico de primera magnitud, murió dejándola inacabada y Franco Alfano, valiéndose de los esbozos que dejó el maestro, fue el encargado de terminarla con su música.

sábado, 2 de junio de 2007

Último día de mayo


Llegaba del trabajo, iba deprisa porque no quería volver a llegar tarde. Al acercarme al portal me fijé en el camión aparcado en la puerta. Miré al lugar que ocupaba el conductor y vi a un hombre escribiendo, seguramente algún albarán de entrega. No pude evitar acelerar más el paso, no puedo asegurarlo, pero sería muy posible que aquello se considerase correr.

Cuando abrí con la llave le pregunté a Guillermo ¿ya lo han traído? No, me dijo, aún no.

El timbre suena, el corazón se acelera.

Media hora después, sentada en el sillón, lágrimas de alegría y como si de una película se tratase, imágenes encadenadas de su historia, su larga, lenta y agitada historia.

Ya tengo mi libro entre las manos.

domingo, 27 de mayo de 2007

Querida Jane

Jane Austen nació el 16 de diciembre de 1775, fue la séptima hija del Reverendo George Austen y de su esposa Cassandra. Su padre fue quien trasmitió a la escritora el amor hacia la literatura y el que la animó a seguir escribiendo a pesar de las dificultades que ello entrañaba para una mujer de su época.

No puede saberse a ciencia cierta el momento exacto en que una escritora comienza a escribir, podemos saber que en el caso de Jane fue a muy temprana edad, por la cantidad de cuadernos de notas que ya poseía a los 16 años.

Si tuviera que decir por qué Jane Austen es una de mis escritoras favoritas tendría que empezar diciendo que habla un idioma que comprendo bien: la ironía. Mi debilidad. Me cautiva la gente capaz de decir algo sin decirlo, o diciendo lo contrario. Jane es una maestra en ese lenguaje. Además retrata su época con una sensibilidad y una certeza que hace que mientras lees la curiosa historia de Anne y sus hermanas, en Persuasión, tengas la impresión de haber conocido a esos personajes en otra vida. Y no hablemos de la señorita Elizabeth Benett (sin duda mi personaje fetiche) a la que cogería del brazo y llevaría a pasear por la campiña, esperando que me hablase del señor Darcy con la espontaneidad característica de alguien salido de la pluma de la Austen.

Jane es ingeniosa en sus planteamientos y crea personajes femeninos de apariencia débil y fuerte personalidad que aprenden de los errores, adquiriendo la madurez que da la experiencia. Sus mujeres son descritas con tal minuciosidad que las convierte en el dibujo de su época. Nos muestra la vida cotidiana en las zonas rurales, cómo se desarrollaba un día cualquiera de una familia de clase media. Profundiza sobre la única meta que figuraba en el camino que debía recorrer una mujer: el matrimonio, utilizando para ello el lenguaje satírico. Un lenguaje que resulta a veces chocante ya que destila una ironía difícil de aceptar en una mujer de su época. Es una antirromántica empedernida, las relaciones basadas únicamente en el amor siempre son motivo de fracaso. Narra situaciones de pareja basadas en la inteligencia de sus personajes, en el aprendizaje del otro, además de en el afecto mutuo. Hace hincapié en los valores de la familia, muy importantes para ella, pero rompiendo las barreras sociales que generaba la inmovilidad de la época. Los enredos de sus historias concluyen con el matrimonio de los protagonistas, separados en origen por su escalafón social, consiguiendo con ello la fusión de clases. Tampoco duda en hacernos partícipes de la opinión que le merece la idea que consideraba a la mujer poco menos que un ser llamado a la perfección absoluta. En Orgullo y Prejuicio asistimos a una conversación entre Elizabeth, Mr. Bingley y Mr. Darcy en la que este último enumera las condiciones que debe tener la mujer ideal: Una mujer debe tener un amplio conocimiento de música, canto, dibujo, danza, y lenguas modernas para merecerse esa palabra (talentosa); y, aparte de todo esto, debe haber algo en su aire y en su manera de andar, en el tono de su voz, en su forma de relacionarse con la gente y en su expresión, de no ser así, no merecerá completamente la palabra. A lo que Elizabeth Bennet contesta "No dudo que conozca sólo a una docena, dudo que conozca a alguna".
Curiosamente, es casi imposible para el lector averiguar el final de la historia que nos cuenta y una y otra vez nos hace dudar de cual será el camino que tomará la protagonista.

Jane Austen no fue tenida en cuenta, dentro de la literatura seria, hasta que recibió un empujoncito de la pluma de Sir Walter Scott, que escribió una reseña sobre su novela Emma: "Esa joven dama tiene un talento para describir las relaciones de sentimientos y personajes de la vida ordinaria, lo cual es para mí lo más maravilloso con lo que alguna vez me haya encontrado".

En 1817 escribía Sandition cuando empezó a encontrarse mal. Murió el 18 de julio de 1817, a los 41 años, sin conocer la causa. En la actualidad se cree que sufrió la enfermedad de Addison que cursa con unos síntomas sospechosamente románticos: pérdida de apetito, debilidad, rostro apagado, pérdida de peso. Eso ha hecho divagar a algunos biógrafos sobre los motivos que la llevaron a enfermar.

Antes de morir confesó que hubiera deseado leer más y escribir menos.
Sus últimas palabras, según su hermano Henry:

"No quiero nada más que la muerte".


martes, 15 de mayo de 2007

...


El polen agotando como una carrera de fondo (y que me perdone Maritornes por los gerundios).

Chavales en los pasillos, preguntando, armando jaleo...

El libro sobre la mesilla reclamando atención, recuerda el capítulo diario del compromiso.

Sólo un café con leche por la mañana, ni bocata ni pastas que viene el verano.

Que le ayude con el examen, dice el grande.

Que quiere enseñarme el baile, la pequeña.

Necesito más café.

¿Escribir? ¡Pobre abate! Espera en el scriptorium para seguir contando su historia.

He vuelto al trabajo. Al otro trabajo.

viernes, 4 de mayo de 2007

To kill a mockingbird o Matar a un ruiseñor


"Maycomb era todavía una vieja y aburrida población en 1932 cuando yo la conocí..."



Me gustan las películas de argumento sencillo, de contenido profundo, que hablen de personas más que de personajes. Por eso he escogido este título.

La historia que nos narra la voz en off de una mujer adulta, es la historia de su padre, Atticus Finch...

"Atticus Finch no hacía nada que pudiera despertar la admiración de nadie: no cazaba, no jugaba al póker, no pescaba, no bebía, no fumaba... Se sentaba y leía.

...y el recuerdo de su propia infancia junto a la de su hermano Jem.

Cuando aparecen los créditos ya eres consciente de que estás ante una manera diferente de contar. Robert Mulligan, sabe comunicarse con el espectador desde el primer instante en que aparece la caja de tesoros de los hermanos Finch y se escucha la música de Elmer Bernstein. Es una película lenta porque, aunque lo que explica es fácil de entender, el mensaje que pretende dejar en nosotros ha de entrar lentamente, pues viene a quedarse.

La pequeña Scout (Mary Badham) nos muestra un verano de su vida en el pequeño pueblo de Maycomb, Alabama. Vestida como un chico y con la complicidad de su hermano Jem (Phillip Alford), soporta el calor del verano aderezándolo con travesuras y misterio.

Atticus Finch (Gregory Peck) es un abogado viudo cuya principal ocupación son sus dos hijos, a los que sirve de padre y madre, convirtiendo la enseñanza y el cariño en una amalgama imposible de separar.

“Hay un montón de cosas desagradables en este mundo, hijo. Desearía mantenerte alejado de ellas. Pero no siempre es posible.”

Jem se prepara para recibir una lección sobre la crueldad humana y su padre sabe que no puede evitarle esa enseñanza. Tanto Scout como Jem descubrirán que se necesita mucho valor para mantenerse sereno mientras te escupen en la cara. Y que para todo lo que sucede hay una única teoría:

"...nunca entenderás a una persona hasta que veas las cosas desde su punto de vista, hasta que estés en su piel."


No os contaré el argumento, sólo sus bases. En un pueblo sureño un joven negro es acusado de violar a una mujer blanca. Atticus será el encargado de defenderle. En la casa de al lado vive un retrasado mental al que su padre tiene atado a una cama como si de un loco peligroso se tratase. Los dos hermanos y su pequeño amigo, venido de la ciudad a pasar las vacaciones, se acercan de noche a la aterradora casa y viven una aventura que creen cargada de riesgos. Cuántas veces nos protegemos equivocadamente...

Mi escena favorita es cuando Atticus, coge una lámpara de pie de su casa y con un libro sobre las piernas, se sienta delante de la puerta de la cárcel. Trata de disuadir a algunos "ojoporojo" con su presencia, pero será su hija Scout con su inocencia infantil la que realmente esgrima sin darse cuenta un arma aterradora: la conciencia.

Decir que Gregory Peck está espléndido en este papel no le hace justicia. En su piel, Atticus, se convierte en un hombre firme y sensible, un hombre justo y sin prejuicios que nos muestra lo sencillo que es ser fiel a uno mismo.

Esta hermosa historia salió de la pluma de Nelle Harper Lee. Hija de un abogado, vivió en Monroeville, un pequeño pueblo de Alabama. Escribió una única obra, "To kill a mockingbird" (1960), por la que consiguió el premio Pulitzer de novela en 1961. Aunque su autora no lo reconoció nunca, parece evidente que se trata de una obra autobiográfica en la que Nelle sería Scout, la narradora de la historia. También se dice que el niño que pasa las vacaciones en su pueblo, compañero de juegos de Jem y Scout no es otro que Truman Capote.

"Atticus le dijo a Jem un día
-Prefiero que disparéis a las latas vacías en el patio trasero, aunque sé que iréis tras los pájaros. Dispara a todos los pájaros azules que quieras, suponiendo que puedas acertarles, pero recuerda que es un pecado matar un ruiseñor-.
Ese fue el único momento que escuché a Atticus decir que era un pecado hacer algo, y le pregunté a la señorita Maudie al respecto
-Tu padre tiene razón -me dijo ella-. Los ruiseñores no hacen otra cosa que crear música para que la disfrutemos. No se comen los jardines de la gente, no hacen nidos en los graneros, no hacen otra cosa que cantar su corazón para nosotros. Es por eso que es un pecado matar a un ruiseñor."





lunes, 23 de abril de 2007

Peso cero

El día que Cristóbal Aguilar (editorial Diálogo) se puso en contacto conmigo para decirme que les había gustado mi novela y querían publicarla, tracé una nueva muesca en mi árbol particular, aquél en el que están, de forma cronológica, los momentos más importantes de mi vida.

Aprovechando que está a punto de salir os la presento.

Este es el texto de la contraportada:

"La novela que presentamos es una magnífica y valiente historia sobre la anorexia, la familia y su entorno. La historia de Alicia, una niña de catorce años que sucumbe a la anorexia, le sirve a la autora para reflexionar sobre las carencias que llevan al ser humano a caminar con muletas invisibles. Un personaje oculto, narrado como una voz en off, muestra otra cara de la misma moneda. La segunda parte de la novela reúne a ambos personajes y para ello se sirve de un monasterio cisterciense, lo que significa un total cambio en su forma de vida y una esperanza de curación. Allí, un grupo de monjas atípicas nos mostrará que el fracaso, la debilidad y la renuncia forman parte de la condición humana y que, pese a ello, la dignidad también forma parte de la vida. Escrita con maestría (el lector se ve impelido a seguir leyendo hasta el final), con una gran riqueza en los personajes que se entrecruzan, esta novela "Peso Cero", nos lleva a comprender no sólo el drama de la anorexia, que es el hilo conductor y nervio de la historia, sino también las deficiencias de vivir poco atento con la propia vida y de la lucha, con frecuencia a ciegas, por lo auténticamente valioso."

"El espejo sigue hablándome en otro idioma diferente al que hablan la mayoría de los que me rodean y debo enfrentarme a él, no sin temor, como si un demonio lo habitara."


Os deseo un feliz día de Sant Jordi, y que os regalen el libro...


y la rosa.


domingo, 15 de abril de 2007

Sin rostro

En nuestra vida nos cruzamos con personas que dejan un poso, a veces amargo, a veces dulce y que nos construyen como lo que somos. La mayoría de esas personas quedan en el olvido o se mantienen en un recuerdo vago y anecdótico de nuestro cerebro.

Cuando la vi por primera vez no puedo ocultar que me cortó la respiración. Tenía un enorme desparpajo y la timidez, si es que la tenía, estaba oculta por un montón de capas de simpatía. Venía, empujando su silla de ruedas, a darme la bienvenida junto con otras cinco mujeres desconocidas que, en pocos minutos, me contaron lo más íntimo de sus vidas.

A los quince años aún no has aprendido las reglas del disimulo y mi rostro no debía dejar lugar a dudas. Ella empezó a hablar, me enseño una foto, al marido lo había visto en la rotonda de enfermeras, el niño debía tener unos dos años. Yo no podía apartar la mirada de aquel ser sin rostro, era una atracción estremecedora la que me producía. Su voz salía con dificultad de un orificio sin labios, pero ella no dejaba de hablar. Un trozo de carne, liso y alargado, estaba unido por ambos extremos a aquella cara sin facciones; por un lado cosido al lugar que debió ocupar su nariz, por el otro, donde estuvo el pómulo izquierdo. Con él iban a construirle una nariz. Llevaba unas gafas oscuras, un ojo ausente y otro sin párpado que debía proteger cuando no estaba vendado.

Lo primero que hizo fue contarme su historia. En el coche iban también su marido y su hijo de dos años, pero a ninguno de los dos les pasó nada. Todo el golpe lo recibió ella, sentada al lado del conductor, con el árbol empotrado en su asiento. Llevaba once operaciones y no sabía cuántas más le faltaban, pero no debían ser pocas. Desde el accidente no había vuelto a ver a su hijo, en realidad lo que no quería era que su hijo la viese a ella. Cuando hablaba de ese niño se le rompía la voz ¡le echaba tanto de menos! Me enseñó una foto en la que, sonriente y confiado, miraba a la cámara, detrás de la que estaba su mami, a la que hacía un año que no veía. Con quince años las lágrimas se controlan mal y fue curioso que ella tuviese que consolarme a mí.

Me dejó un poso profundo y no recuerdo ni su nombre. Hablamos mucho durante los dieciséis días que estuve allí y el cariño me salía por todos los poros cuando estaba con ella. En seguida dejé de verla sin rostro, reímos, lloramos y nos hicimos compañía. Me enseñó esas cosas que se aprenden respirando y no se olvidan hasta que exhalas el último suspiro.

Si es que se olvidan.

miércoles, 28 de marzo de 2007

De cine

El cine es una de mis debilidades, pero he de reconocer que mis películas fetiche se rodaron muchos años antes de que yo naciera. Me seduce todo lo antiguo, es cierto, soy de esas personas que se emociona al pensar que hace cinco mil años había gente caminando por donde camino. Y en el cine no soy diferente.

Mis películas favoritas fueron protagonizadas por actores y dirigidas por directores que hoy tienen ya una lápida con su nombre grabado: Orson Wells, Bette Davis, Cary Grant, Billy Wilder, Katherine Hepburn, Humphrey Bogart, Michael Curtiz, Ingrid Bergman, Alfred Hitchcock...

El blanco y negro es el color de mis sueños, la textura del gris matizado me transporta a un lugar mágico. Me gusta el cine en el que un vaso colocado en el sitio exacto marca el cuadro de una imagen. Me cautiva la manera de moverse de aquellos actores cuando desarrollan un diálogo digno de un gran escritor.

Creo que esa atmósfera me ha influido a la hora de escribir mis novelas, como los viajes que he realizado, los libros que he leído, la gente que he conocido o las experiencias que he vivido. Todo ello forma parte de mi equipaje, una gran maleta a la que no pusieron ruedas y que cargo con gusto, casi siempre.

Billy Wilder: inteligente y con un agudo sentido del humor, algo ácido, fue un guionista genial y un director excepcional.


Nació en Austria en 1906 y siendo muy joven se trasladó a Berlín donde vivió hasta la llegada del nacionalsocialismo. En los años cuarenta cumple su sueño e inicia su andadura por el cine americano dirigiendo "El mayor y la menor", un guión de Charles Brackett, con el que colaboró en muchas ocasiones.

Mi película favorita de Wilder es "El crepúsculo de los dioses" (1950).

Esta película es un retrato del mundo, aparentemente glamuroso, de la industria cinematográfica americana, que trataba de ocultar la grotesca imagen de antiguas glorias que vivían de los recuerdos y sufrían el olvido de todos. Esta fue la última colaboración que realizaron los dos guionistas: Charles Brackett y Billy Wilder que, además de dirigir la cinta, participó también en el guión.

La cámara sigue a una caravana de coches formada por policias y periodistas. Un narrador nos explica lo que estamos viendo:

"Sí, esto es Sunset Boulevard, Los Ángeles, California. Son alrededor de las cinco de la madrugada. Es la brigada de homicidios, completada con detectives y periodistas. Han informado de un asesinato en una de esas enormes casas de la manzana 10.000. Podrá leerse en las ediciones de la noche, lo dirán por la radio y se verá en la televisión porque una vieja estrella está implicada, una gran estrella..."

Atravesamos la verja de la mansión y nos dirigimos a la piscina donde un cuerpo, boca abajo, flota en el agua. La cámara cambia el enfoque y ahora le vemos desde dentro del agua.

Es el propio narrador.

Un comienzo que nos muestra el final de su protagonista de un modo crudo e inquietante, estilo que no hace más que aumentar a lo largo de la cinta.

Norma Desmond (Gloria Swanson), es una estrella del cine mudo que vive retirada en una mansión cuyo exterior aparece muy deteriorado y en cuyo interior ha creado un mundo de fantasía en el que ella continúa siendo la estrella rutilante que un día fue. Anclada a sus películas mudas que ve a todas horas, abusando del maquillaje y de un vestuario recargado, cree ser una de las protagonistas de sus películas, sólo que el guión es su propia vida.

Vive sola con su mayordomo Max (Erich von Stroheim), antiguo director de cine, que había sido su primer marido y que vive ahora pendiente de ella, protegiéndola de una realidad en la que ya nadie la recuerda.

Joe Gills (William Holden), un escritor de segunda categoría convencido de su valía y agobiado por las deudas, entrará en el universo de Norma Desmond de forma casual (huyendo de sus acreedores) y ese contacto con el exterior hará que la actriz desee de nuevo lo que tuvo, volver a las pantallas, la fama, la admiración... y el amor.

El final es soberbio. La trama, puro cine negro con toques de thriller y melodrama. Gloria Swanson, retirada por aquel entonces, realiza una interpretación magistral... de sí misma.

Citando a Emilio Calvo de Mora "El repertorio de matices gestuales de la Swanson es el inventario habitual de todas aquellas actrices del mudo, que decían con una mueca lo que luego necesitaba dos verbos y nueve adjetivos"


Os la recomiendo





lunes, 26 de marzo de 2007

Narrativas 5

Magda me informa de la salida del número 5 de "Narrativas", una lectura muy interesante que podéis descargar, en formato pdf, clicando en el título.
Aprovecho para agradecerle su amable invitación.

Núm. 5
Abril-Junio 2007
ISSN 1886-2519
Editores: Magda Díaz y Morales - Carlos Manzano

● Ensayos
Verse a través del Otro en la Lima decimonónica, por Martín Palma Melena
"El Túnel”, ejercicio deconstructivo, por Julio Salinas Lombard
La poesía luminosa y feroz de Sol Acín, por Mercè Ibarz
Vigilancia y Fuga en “Mano de obra” de Diamela Eltit, por Mónica Barrientos

● Relatos
Después de tantos años, por José Ovejero
Cuando yo era sordo, por Leopoldo de Trazegnies Granda
Roma, laberinto de espejos, por Carlos Montuenga
La última cobardía, por Jorge Carrasco
Sin remitente, por Gabriela Urrutibehety
El acompañante, por Andrés Fabián Valdés
Un ataque de lentitud, por Juan Carlos Chirinos
La viuda negra, por Rosa Silverio
Las pestañas de Guimard, por Juan Carlos Márquez
El olor de la ceguera, por Graciela Barrera
Descubriendo sueños, por Mónica Gutiérrez Sancho
Mientras siga escuchando la misma estación, por Iván Humanes Bespín
La lámpara de plata, por José Manuel García Marín
El remolino, por Miguel P. Soler
Azogue, por Luis Pita
La frontera es un buen lugar para vivir, por Agustín Cadena
La Caperucita y el abuelo feroz, por Pablo Lores Kanto
Una vieja historia, por Luisa Miñana
Las cien pesetas, por Fernando Sarriá
El juego de las estatuas, por Antonia Romero
La sonrisa de los hipócritas, por Eduardo Martínez Carnicer
Huidobro literal, por Jorge Etcheverry
Como un hombre que sobrevuela el mar, por Pepe Cervera
Pinche Lupita (o de cómo se me escapó), por Paul Medrano
La orilla, por Moisés Sandoval

● Reseñas
“La vida nueva” de Orhan Pamuk, por Blanca Vázquez
“Un sueño comentado” de Rubi Guerra, por Agustín Cadena
“Historia de la belleza” de Umberto Eco, por Antón Castro
“Gúia de Hoteles inventados” de Óscar Sipán y Óscar Sanmartín, por Sabas Martín

● Miradas
Irène Némirovsky y el abandono, por María Aixa Sanz
"La Historia de Joel" de Henning Mankell, por Sfer

● Tiras Insulsas
Emilio Jio - DaniFrame

● Novedades editoriales

● Noticias

martes, 20 de marzo de 2007

Fuckowski, memorias de un ingeniero

Cuando me presenté al Premio de Novela de YoEscribo.com portal de la Fundación Cabana, mi novela Peso cero quedó finalista detrás de "Fuckowski, memorias de un ingeniero", de Alfredo de Hoces. Aquella experiencia fue toda una novedad para mí que entraba en el mundo de los concursos literarios con toda la inocencia de una novata.

Alfredo se llevó el gato al agua con su Fuckowski, un ingeniero informático que intenta explicarnos cómo es el día a día en su mundo laboral de un modo ameno y divertido no carente de filosofía. Es una novela entretenida y emotiva al mismo tiempo, con un personaje, Fuckowski, que te lleva de la mano por su cotidianidad, mostrándonos lo que se cuece en las grandes multinacionales. El capítulo titulado "El proyecto bicicleta" es sublime:

"Dos meses después llegamos a la fase de pruebas. Obviamente el producto es una mierda. Pero las pruebas corren a cargo del mismo equipo, y los niños de uno nunca son feos. Así que con la cabeza bien alta, se prepara un zip, un manual de instalación, y entrega tú, Carlitos, que a mí me da la risa. ¿Estado del proyecto? Entregado. Viernes noche. Cena de proyecto. Aplausos, risas, más 69. El lunes llegarán las sorpresas."

Todos somos permeables y pocos pueden evitar que lo laboral entre en lo personal. Fuckowski no es una excepción y los avatares profesionales afectaran a su vida, alterándola y haciendo que el protagonista se pregunte qué espera del futuro.
Fuckowski, memorias de un ingeniero, presenta su segunda edición y desde aquí quiero felicitar a su autor.

viernes, 9 de marzo de 2007

¡Tú te crees!

El otro día vino a casa a verme una amiga de esas que uno tiene desde que puede recordar. Curiosamente desde que tenemos niños no nos vemos casi nunca. Que si ella vive en un pueblo y yo en otro, que si los horarios, que si los niños, que si los maridos.

Total, que no nos vemos nunca, pueden pasar incluso meses sin que hablemos siquiera por teléfono.

El otro día, como he dicho, se presentó en casa a desayunar, trajo unas pastas y yo hice un café. Cinco minutos después de sentarnos frente a frente era como si nos hubieramos visto el día de antes.

Hay relaciones que no precisan de ningún artificio, que se mantienen de pura esencia. Estoy segura de que aunque pasaramos años sin hablar y sin vernos, nuestros lazos seguirían tan bien atados como quedaron en aquellos lejanos días en que nos cambiabamos los zapatos y ella me dejaba jugar con su Nenuca porque a mí los Reyes Magos nunca quisieron traérmela.

Sé que no hace falta pero, un beso.

martes, 27 de febrero de 2007

Suite francesa

¡Dios mío! ¿Qué me hace este país? Ya que me rechaza, considerémoslo fríamente, observémoslo mientras pierde el honor y la vida. Y los otros, ¿qué son para mí? Los imperios mueren. Nada tiene importancia. Se mire desde el punto de vista místico o desde el punto de vista personal, es lo mismo. Conservemos la cabeza fría. Endurezcamos el corazón. Esperemos.

Irène Némirovsky soñaba con una obra de la magnitud de Guera y paz, con unas mil páginas y cinco partes: Tempestad en junio, Dolce, Cautividad, Batallas y La paz. De estas cinco sólo tuvo tiempo de escribir dos. En sus notas escribió "¿Considerar que todavía no he acabado la segunda parte, que veo la tercera?, pero que la cuarta y la quinta están en el limbo, ¡y qué limbo! Están realmente en las rodillas de los dioses, porque dependen de lo que pase". Y es que sus personajes estaban viviendo una historia en tiempo real, los sucesos que la autora pretendía narrar estaban ocurriendo en esos momentos. Mientras ella escribía, Francia era sometida, mientras daba vida a sus personajes, los alemanes entraban en París.

Irène describe una sociedad burguesa y acomodada que se ve súbitamente golpeada por una guerra incomprensible. En Tempestad en junio, con una narración de estilo periodístico, encontramos a unas gentes que huyen de sus casas, aterrorizadas, pensando que es la única posibilidad que tienen de salvarse. "Miraban alrededor y esperaban el milagro: un coche, un camión, cualquier cosa en la que poder irse. Pero no aparecía nada. De modo que se dirigían hacia las puertas de París, las cruzaban arrastrando las maletas por el polvo, seguían avanzando, se adentraban en el extrarradio y después en la campiña y pensaban: «¡Estoy soñando!»".

Seres humanos idénticos en grandeza y bajeza que nos muestran lo que es realmente una guerra, más allá de los crímenes y las atrocidades de uno u otro ejército. La individualidad frente a la masa. El temor, el instinto de supervivencia puede convertir a un grupo numeroso de gente normal en una muchedumbre despreciable. En esta obra la tranquilidad produce desasosiego, percibes la tragedia, la crueldad se esconde en un saco de dormir. He de reconocer que tuve que cerrar el libro en varias ocasiones para meditar sobre lo que narraba, preguntándome qué habría hecho yo en situación semejante, interrogándome sobre si era capaz de comprender a aquellos seres que describía la autora; si me veía entre ellos.

En la segunda parte, Dolce, los alemanes entran en Bussy, un pequeño pueblo que sirve a la autora de microcosmos para mostrarnos cómo los franceses han de compartir sus casas y sus vidas con los invasores. Lucile Angellier aparece en escena y resulta evidente, enseguida, que será un personaje central en la obra, que hasta ese momento era una novela coral. La Francia invadida es un país de mujeres que tienen a sus hijos, hermanos, padres o esposos, prisioneros, heridos o muertos, que conviven con soldados alemanes, hombres como los suyos a los que deben odiar como a enemigos que son. Pero en lo cotidiano ¿son tan distintos los alemanes de los franceses? ¿No tienen los mismos sueños e idénticos miedos? La lucha individual frente a la lucha común.

También están los antiguos combatientes de la Gran Guerra que miran a los suyos con desprecio por ponérselo fácil al enemigo, y a los alemanes con indiferencia. El odio de los que han vuelto de luchar con la herida aun abierta, se ve compensado por la tendencia natural de otros para cubrir con un manto de normalidad lo extraordinario. Dice Irène en sus notas: "Lo más importante aquí, y lo más interesante, es lo siguiente: los hechos históricos, revolucionarios, etc., sólo hay que rozarlos, mientras se profundiza en la vida cotidiana y afectiva y, sobre todo, en la comedia que eso ofrece."

Suite francesa es una obra serena, sin sentimentalismo gratuito, que nos muestra la pobreza en contraste con la riqueza. Nos enseña la mezquindad humana frente a la abnegación y la bondad. Dice Irène: "Si quiero hacer algo efectivo, lo que debo mostrar no es la miseria sino la prosperidad a su lado".

La autora no muestra interés en tomar revancha. Cuenta lo que ve. La traición y el miedo toman forma protagonista incidiendo en el colaboracionismo de una población que, prescindiendo de la categoría moral del hecho, viven el día a día como supervivientes que son. El miedo, por encima de todo: "El francés de esa casta no siente odio hacia nadie; no siente ni celos ni ambición frustrada, ni auténtico deseo de revancha. Está muerto de miedo. ¿Quién le hará menos daño? ¿Los alemanes? ¿Los ingleses? ¿Los rusos? Los alemanes le han pegado, pero el correctivo está olvidado, y los alemanes pueden defenderlo. En el colegio, el alumno más débil prefiere la opresión de uno solo a la libertad; el tirano lo humilla, pero prohíbe a los otros que le birlen las canicas y le peguen. Si se libra del tirano, está solo, abandonado en medio de todos."

La impactante biografía de su autora y saber que ésta fue una novela escrita en un momento dramático da a Suite francesa un carácter especial. Su lectura no decepciona en absoluto a pesar de que la acometes con la certeza de no conocer su final. Escrita a caballo de la propia historia, sin certeza de futuro pero con planes muy bien trazados. Leyendo las notas de Irène es evidente que pretendía hacer una gran obra, una obra que trascendiese: "No olvidar nunca que la guerra acabará y que toda la parte histórica palidecerá. Tratar de introducir el máximo de cosas, de debates... que puedan interesar a la gente en 1953 o 2052". Y lo consiguió.

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Julio de 1942, campo de concentración de Pithiviers. Irène escribe unas palabras a lápiz y le pide a un viajero que conoce en la estación, que se la entregue a su esposo.
Mi querido amor, mis adoradas pequeñas, creo que nos vamos hoy. Valor y esperanza. Estáis en mi corazón, amados míos. Que Dios nos ayude a todos.


martes, 20 de febrero de 2007

El tiempo pasará...

Cuando nació no ocurrió nada especial, el quinto en una familia de cinco es, simplemente, el último en llegar. Su hermana mayor podría haber sido su madre; teniendo en cuenta que diecisiete años es una edad considerable, eso no pareció hacerle mucha gracia pero disimuló como pudo. Los demás la acogieron como lo que era una cosita muy fea y muy delgaducha que hacía ruiditos y dormía casi todo el tiempo.
Desués fue la que vigilaba cuando la mayor estaba con el novio en la salita, la que peinaba a la siguiente, porque lo hacía muy bien (no era lista ni nada), la que escuchaba a la de en medio cuando le daba por leer poesía o la que aguantaba las bromas del único varón, a parte de su padre, que no la dejaba jugar cuando venían sus amigos a casa.

Nació un veinte de febrero a las seis de la tarde; una vez le hicieron la carta astral (no sabe qué hizo con ella) y le dijeron que era piscis por los pelos. Ella cree que se le nota, todo el mundo cuando la conoce le dice "oye, por un momento he creído que eras piscis, pero no ¿verdad?".

Hoy cumple años y no puede decir que en estos años no haya cambiado. Es más mayor, menos ingenua, más tolerante, menos espontánea, más comprensiva, menos absurda... pero, sobre todo, es más feliz.

jueves, 15 de febrero de 2007

Irène Némirovsky

Irène Némirovsky nació el 11 de febrero de 1903 en Kiev en el seno de una familia judía. Su padre, Léon Némirovsky, era uno de los banqueros más ricos de Rusia. Irène, que recibió una esmerada educación a cargo de una institutriz, era una niña triste y solitaria a la que sus padres no hacían ningún caso. Su padre era un hombre demasiado ocupado en sus negocios para perder el tiempo con un niña y su madre sentía aversión por la pequeña, a la que tuvo por complacer a su esposo. Fanny, que así se hacía llamar la madre, vivía obsesionada ante la idea de envejecer y su hija, al crecer, la ponía en evidencia ante sus numerosas conquistas masculinas. Irène se hacía mayor y durante la adolescencia su madre la obligó a vestirse como una niña por no aceptar lo inevitable. La joven buscó compañía en la lectura y empezó a escribir. En sus letras no disimuló el odio que crecía contra su madre. En "Le vin de solitude" escribió: "En su corazón alimentaba un extraño odio hacia su madre que parecía crecer con ella..." Y así, utilizó la única arma de que disponía para vengarse de su progenitora: la escritura. Publicó: El baile, Jézabel y Le vin de solitude, con cariño para mamá. Curiosamente, a la muerte de Fanny con ciento dos años, lo único que encontraron en su caja fuerte fueron dos libros de su hija: Jèzabel y David Golder.

Siendo de origen judío, en sus escritos aparecían pinceladas de cierto antisemitismo, sin embargo, en alguna ocasión admitió sentirse orgullosa de ser judía, aclarando que sus críticas iban dirigidas hacia los judíos cuyo amor al dinero pasaba por delante de cualquier otra cosa. Ideó su propia técnica creativa, escribía a diario en un cuaderno y copiaba tanto el relato como las reflexiones que éste le inspiraba. Era metódica y detallista, creaba a sus personajes con todo tipo de matices, tanto físicos como espirituales.

En diciembre de 1918 los bolcheviques pusieron precio a la cabeza de Léon Némirovsky, lo que obligó a la familia a huir a Finlandia. En 1919 se instalan en París.

En una de sus muchas "juergas nocturnas" conoce a Michel Epstein, ingeniero en física y electricidad, con el que se casará en 1926.

En 1929, Bernard Grasset se encuentra con un manuscrito, escrito en francés, titulado David Golder que le han hecho llegar de manera anónima, con la única identificación de un apartado de correos. El editor, deseoso de contactar con el misterioso escritor, publica un anuncio en un periódico reclamando que el autor se presentase en la editorial. Es comprensible que se llevara una gran sorpresa al ver ante él a una joven alegre y sencilla, de tan sólo 26 años, que acababa de parir a su primera hija, Denise, y que se presentaba como la autora de la epopeya de Golder, un magnate judío de las finanzas internacionales. En 1937 nacería su segunda hija, Elisabeth.

A pesar de ser una escritora muy famosa, Irène no consigue la nacionalidad francesa. Es consciente de que ser judía en una época tan manifiestamente antisemita no le pondrá las cosas demasiado fáciles, ni a ella ni a su familia. Así que la madrugada del 2 de febrero de 1939, se hace bautizar, según el rito católico. Ese mismo año, la víspera del inicio de la Segunda Guerra Mundial, deciden trasladar a las niñas al pueblo de la niñera, Cécile Michaud, situado en Saônet-Loire. Ella y su marido regresan a París.

En 1940 el estatuto de los judíos los convierte en parias, Michel ya no tiene derecho a trabajar e Irène no puede publicar, así que deciden marcharse de París y se reúnen con sus hijas. La situación es cada vez más difícil, el segundo estatuto de los judíos es aún más duro que el primero y supone el preludio al internamiento en campos de concentración y exterminio nazis.

Irène no se engaña, sabe que su final será trágico. Escribe y lee mucho y consigue que le publiquen sus novelas cortas con seudónimo. Lleva la estrella amarilla, al igual que sus hijas; escribe La vida de Chéjov y Las moscas del otoño, que se publicarían en 1957, e inicia su obra póstuma Suite francesa. Sueña con un libro de mil páginas, elabora la lista de personajes, sus características y personalidades, hasta el último detalle. Está en 1942 y no tiene claro que vaya a poder acabarla, le invade la sensación de que su vida se acaba. A pesar de ello sigue escribiendo, es lo único que puede hacer, redacta notas sobre la situación en Francia, es dura y sincera en sus opiniones respecto a la actitud de la "masa" que considera "aborrecible". Está sola dentro del mundo literario, casi todos han optado por el colaboracionismo y se ve relegada y olvidada por los que fueron sus amigos. El 3 de junio de ese año redacta un testamento en favor de la tutora de sus hijas, para que ésta pueda ocuparse de ellas cuando Michel y ella hayan desaparecido. Es detallada y rigurosa en sus indicaciones. No hay quejas, sólo una resignación desesperada.

El 11 de julio escribe a su director literario: "Querido amigo... piense en mí. He escrito mucho. Supongo que serán obras póstumas, pero ayuda a pasar el tiempo". El 13 de julio los gendarmes franceses la detienen en su casa y tres días después es internada en el campo de concentración de Pithiviers, en el Loiret. El 17 de julio la introducen en el convoy número 6 y es deportada. Destino: Auschwitz.

El 17 de agosto de 1942 es asesinada.

Michel Epstein no acepta la situación, cada día exige que el cubierto de su esposa se ponga en la mesa. No sabe que Irène ha muerto. Desesperado, escribe al mariscal Pétain para rogarle que le dejen ocupar el lugar de su esposa, aduciendo que tiene una salud delicada y no les será útil en un campo de trabajo. El gobierno de Vichy le responde en octubre con una orden de arresto.

El 6 de noviembre de 1942 es deportado a Auschwitz y ejecutado inmediatamente.

Los gendarmes franceses querían completar su trabajo y acudieron al colegio de las niñas para llevárselas también, cosa que la maestra impidió ocultándolas. La tutora descosió la estrella judía de sus ropas y escapó con ellas. Acudieron a su abuela materna que había estado viviendo en Niza, ajena a cualquier peligro.
Se negó a abrirles la puerta.

Las niñas llevaban una maleta, en ella los pocos recuerdos que salvaron de sus padres. Y un manuscrito.

Huyeron de un refugio a otro ocultando que eran judías. Los gendarmes las seguían, como si de terribles criminales se tratase, no se olvidaban de ellas. Las niñas no sabían que sus padres habían muerto y seguían esperándoles. Algunas veces corrían al reconocer a su madre en la silueta de una mujer que caminaba por la calle.
Pasó el tiempo. Muchas veces abrieron el cuaderno de Irène pero les causaba demasiado sufrimiento el leerlo y volvían a cerrarlo esperando que el tiempo calmara el dolor.

Elisabeth se convirtió en directora literaria. Decidió mecanografiar el manuscrito de su madre con la intención de preservarlo. Necesitó la ayuda de una gruesa lupa para descifrar la pequeña letra con la que había sido escrito. Las hermanas creían que se trataba de simples notas, un diario personal, pero Elisabeht descubrió emocionada que se trataba de una novela inacabada, un retrato crudo y violento de los momentos que les tocó vivir. Una novela escrita por alguien que vivía en esos mismos instantes lo que narraban sus personajes. Suite francesa, fue concebida como una obra en cinco partes de las que Irène sólo pudo acabar dos: Tempestad en junio y Dolce.

Elisabeth y Denise, decidieron entregar el manuscrito al Institut Mèmoire de l'Édition Contemporaine, una institución que se encarga de preservar documentos de todo tipo (cartas, diarios, libros...), a fin de garantizar el conocimiento exacto de la historia de un país.

En una próxima entrada os hablaré de Suite francesa.

miércoles, 31 de enero de 2007

Cumbres borrascosas, de Emily Brontë

Cumbres borrascosas, de Emily Brontë, vio la luz en 1847, pocos meses después de la publicación de Jane Eyre, obra de su hermana Charlotte. Se trata de una novela dura, con personajes de carácter, en algunos casos, extremo y cruel. Emily creó a sus protagonistas directos y sin ambages y eso no gustó ni al público ni a la crítica de la época que los calificó de brutales e inhumanos.

Emily Brontë se retrata a sí misma como un ser de múltiples facetas y crea dos personajes, Heathcliff y Catherine, que componen la propia esencia de la escritora. Cuando Catherine afirma "Heathcliff soy yo" es la propia Emily la que grita.

¿Es Cumbres borrascosas una historia de amor? Esa es, quizá, la emoción que se halla más ausente durante la narración, a pesar de ser la constante en la historia. Durante el desarrollo de la novela el corazón se va cubriendo de una capa de escarcha que apenas se disipa por las esquinas.

¿Amaba Heathcliff a Catherine?: "Aunque él la amase con toda la fuerza de su mezquino ser, no la amaría tanto en ochenta años como yo en un día."
¿Era Catherine un ser capaz de sentir amor? "... nunca sabrá cuánto le amo, y eso no es porque sea guapo, Nelly, sino porque es más que yo misma. De lo que sea que nuestras almas estén hechas, la suya y la mía son lo mismo...".
El uno sin el otro no tiene razón de existir, pero juntos son incapaces de desarrollarse. Se aman y se odian por igual, se buscan y se rechazan, no pueden mantenerse indiferentes ante el dolor del otro, dolor que ellos mismos provocan: "No me importa que sufras, no me preocupan tus sufrimientos, ¿por qué no habrías de sufrir? Yo sufro."

La novela se inicia con la llegada del señor Lockwood, nuevo inquilino de la Granja de los Tordos. De la mano de este imprudente personaje nos adentraremos en la hostil atmósfera de Cumbres borrascosas y sus habitantes. De boca de Nelly Dean, una especie de ama de llaves, escucharemos la historia de Heathcliff, Catherine y su hermano Hindley, que se inicia con la llegada del señor Earnshaw, padre de Catherine y Hindley, con un huérfano gitano de la mano: "Nos agrupamos a su alrededor y, por encima de la cabeza de la niña, pude atisbar un niño sucio, andrajoso y de pelo negro, lo suficientemente crecido como para saber andar y hablar." "(...) le habían bautizado con el nombre de Heathcliff, que era el de un hijo que murió de niño, y le ha servido desde entonces de nombre de pila y apellido."

Heathcliff es un resentido, un ser capaz de soportar todo tipo de agresiones y guardarse su odio en un pozo oculto que alimenta durante años sabiendo que le hará fuerte: "Estoy pensando en cómo me las voy a arreglar para que Hindley me las pague. No me importa el tiempo que tenga que esperar si al fin lo consigo. Confío en que no se muera antes que yo". El niño huérfano que llega a una casa cuyos habitantes, en su mayoría, le serán hostiles, conoce también el cariño y la comprensión de su impuesta "hermana", Cathy, que se siente irremisiblemente atraída por él; pero ese amor lejos de hacerle bien será el arma que utilizará el destino para destruir su alma: "¡Oh, Dios, esto es impronunciable! ¡No puedo vivir sin mi vida, no puedo vivir sin mi alma! –golpeó su cabeza contra el nudoso tronco y, levantando los ojos, bramó, no como un hombre, sino como una fiera salvaje acosada a muerte con cuchillos y dardos".

Cathy y Heathcliff son dos caras de una misma moneda, todo lo que el otro no puede mostrar pero siente en su interior. Pero Catherine también es voluble y vanidosa y siente una irresistible atracción por la familia Linton, sus fiestas, sus vestidos, sus lujos, son cosas a las que no está dispuesta a renunciar. Cree, en un delirio de niña mimada, que puede conservar a Heathcliff como si de un perrito faldero se tratase, y conseguir entrar en la familia Linton de la mano de Edgar, su primogénito: "Mi amor por Linton es como el follaje de los bosques: el tiempo lo cambiará, yo ya sé que el invierno muda los árboles. Mi amor por Heathcliff se parece a las eternas rocas profundas, es fuente de escaso placer visible, pero necesario. Nelly, yo soy Heathcliff, él está siempre, siempre en mi mente; no como un placer, como yo no soy un placer para mí misma, sino como mi propio ser."

Heathcliff se aleja de los protagonistas masculinos al uso. Es un ser orgulloso sin que ese orgullo tenga origen en ningún hecho remarcable, no es un héroe salvador, no es un caballero bondadoso, no es un ser maltratado que busca redimirse. Heathcliff es un perfecto villano, un ser sin escrúpulos, no hay ni un ápice de compasión en sus actos, no da un paso atrás en su actitud en ningún momento de la historia. Te agarra las entrañas y las retuerce sin dudarlo un instante, te mantiene en una constante congoja por todo aquél que le rodea. Hasta de las piedras que pisa, oyes el gemido. Su sed de venganza, su amor no culminado le llevará a una lucha contra todo y contra todos, especialmente hacia aquellos que podrían haberle dado algo de amor. La permanente tortura que le supone estar vivo, la presencia constante e intangible del ser que ama, le condena a un suplicio insuperable.

La atmósfera de Cumbres borrascosas atraviesa el papel, sientes en la cara la brisa fresca de los páramos y escuchas el sonido del viento que furioso trae mensajes de muerte y desolación. La naturaleza humana en su faceta más descarnada se muestra en unos seres que van siendo martirizados emocional y físicamente por el destino que ellos mismos se buscan, en algunos casos, y que les viene dado sin consultarles, en otros. Así la saga de los personajes principales se abre como un paraguas dejando en manos de su verdugo a la descendencia de todas las comparsas de la obra. Heathcliff, en su delirio, ingeniará un plan para cobrarse la deuda, de la que cree ser acreedor, en la figura de Catherine, hija de su amada, y Linton, su propio hijo, sin tener en cuenta a Hareton, descendiente de su odiado Hindley, en el que, curiosamente, no puede dejar de ver el rostro de aquella a quien ama y que será el eslabón por donde se rompa la cadena.

El lector se verá golpeado metafóricamente y obligado a entender el mundo desde la perspectiva de una sociedad oscura, supersticiosa, cruel, inculta y rígida. Algo semejante a lo que en nuestro país se ha dado en llamar "la España profunda". La naturaleza se convierte en un personaje más de la obra, tiene sentimientos y padece, aquí encontramos uno de los muchos puntos que convierten a esta obra en un paradigma del romanticismo. Otros serían, la no separación entre lo real e irreal, razón y sentimiento, amor y muerte (os remito a: El romanticismo).

Los protagonistas cuentan con una gran fuerza psicológica, les ves en origen y en su evolución, te sorprenden. Cuando empiezas la novela no hay ningún dato que te ayude a entender el porqué de su final, ya que es la lenta narración, la vida diaria de sus personajes la que oculta el mensaje que Emily Brontë intentó trasmitir.

Heathcliff, apasionado, irracional, cruel, fiel hasta la muerte, será víctima y verdugo, un ser atormentado y dañino, que está presente desde el principio hasta el final de la historia, tronco en el que la escritora inglesa sostendrá su casa. La desgracia y el drama surgen de un amor y será otro amor el que consiga romper el sino.

"¿Te das cuenta de que estas palabras quedarán marcadas con hierro candente en mi memoria, y que me van a corroer eternamente, cada vez más hondo, cuando tú me hayas dejado? Tú sabes que mientes cuando dices que te he causado la muerte, y, sabes, Catherine, que antes olvidaría mi propia existencia que a ti. ¿No basta para tu diabólico egoísmo que mientras tú descansas en paz, yo me retuerza en las penas del infierno?".

miércoles, 24 de enero de 2007

Jane Eyre, de Charlotte Brontë


Charlotte Brontë publicó su primera novela, Jane Eyre, en 1847. Esta novela trajo consigo un estremecimiento general de la crítica de la época, por supuesto, masculina y, al mismo tiempo, un gran éxito comercial.

¿Por qué esta contradicción?

En primer lugar, Charlotte Brontë, era mujer y escritora, algo nada aceptable en el siglo XIX y que colocó a los críticos en posición defensiva. Una escritora que se sumergió en el mundo de la literatura con un personaje poco ortodoxo: una joven independiente, que no considera el matrimonio como su único proyecto de futuro, con personalidad, anhelos y deseos reservados exclusivamente a los hombres. Un cierto mensaje feminista oculto entre las líneas de una historia aparentemente repetida, en un momento en que la mujer empezaba a preguntarse los muchos porqués con que "otros" manejaban sus vidas.
Jane piensa: "Se supone, generalmente, que las mujeres son más tranquilas; pero la realidad es que las mujeres sienten igual que los hombres, que necesitan ejercitar sus facultades y un espacio en el que poder desarrollarse y esforzarse como sus hermanos masculinos. Sufren al verse tan rígidamente reprimidas, condenadas a la inactividad, exactamente de la misma forma que sufrirían los hombres si se viesen sometidos a esa situación. Y ellos, nuestro privilegiado prójimo, demuestran una gran estrechez de miras al pensar que las mujeres deben vivir reducidas a preparar budines, hacer calceta, tocar el piano y bordar". Puedo imaginarme lo incómodos que se sintieron en sus sillas algunos de aquellos críticos literarios.

Jane Eyre es una ventana a través de la cual su autora, Charlotte Brontë, nos enseña sin tapujos su visión del mundo. La autora habla por boca de sus personajes haciéndonos saber quién es ella y lo que piensa.

Jane actúa a la vez como protagonista y narradora y se dirige a nosotros en numerosas ocasiones: "No creas, lector, que mi aspecto tranquilo refleja la serenidad de mi ánimo. (...)Mientras él está ocupado examinando mis trabajos, explicaré al lector su contenido, no sin antes advertirle que no son ninguna maravilla". Esto hace que tengamos la impresión de estar leyendo una autobiografía y, aunque no es así, es evidente que las vivencias de la escritora aparecen reflejadas en las de sus personajes. Charlotte Brontë, tenía material de primera mano para narrarnos las vicisitudes de su protagonista, una institutriz huérfana, que pasa su infancia y adolescencia en un internado de beneficencia.

Jane, a pesar de ser una mujer conformista en apariencia, destila rebeldía incluso cuando calla. Opina sobre la arbitraria diferencia entre clases, marcando la relación entre cantidad de recursos y supervivencia y hace especial hincapié en el papel de la mujer en un mundo eminentemente masculino. En sus relaciones no olvida nunca, y no deja que los demás olviden, que no es un ser inferior: "Pues bien, señor; yo creo que usted no tiene derecho a mandarme sólo porque sea más viejo que yo o porque haya visto más mundo. Esa superioridad que usted se atribuye dependerá del uso que haya hecho de su tiempo y de su experiencia". Y que merece respeto: "Estoy segura, señor, de que nunca confundiré lo informal con la insolencia. Lo primero me parece bien; a lo segundo, ningún ser humano nacido libre debe someterse, ni siquiera por un sueldo".

Jane se debate constantemente entre su deseo de resignarse y la imposibilidad de hacerlo. Obligarse a aceptar unas normas de conducta que le resultan del todo intolerables e injustas, será motivo de sufrimiento durante gran parte de su vida.

Entremos de puntillas en la trama, no quiero estropearos la lectura. Tras la muerte de sus padres, Jane es enviada a vivir con la viuda de su tío, la señora Reed. Lejos de ser una criatura dulce, hermosa y lisonjera, como cabría esperar de una novela romántica y escrita, además, por una mujer, nos encontramos ante un espíritu rebelde que no se doblega ante la injusticia por muy débil que se sienta frente a ella: "¡Qué confusión en mi cerebro y qué violenta rebeldía en mi corazón! ¡En qué impenetrable oscuridad e ignorancia se debatían mis pensamientos!". Pero es al llegar a Lowood, el internado de beneficencia dirigido por el señor Brocklehurst, dónde la personalidad de la pequeña Jane empezará a dibujarse nítidamente. Tras ver cómo su única amiga, Helen Burns, es golpeada injustamente y escuchar la resignación con que la niña asume ser merecedora del castigo, Jane se rebela: "Pues en tu lugar yo no la perdonaría a ella, me defendería; si me pegara a mí con aquella vara, se la arrancaría de la mano y se la rompería en las narices". Y más adelante mostrará cual es su propósito ante la injusticia: "Si todos obedeciéramos y fuéramos amables con los que son crueles e injustos, ellos no nos temerían nunca y serían más malos cada vez. Cuando nos pegan sin razón debemos devolver el golpe, estoy segura, y bien fuerte, para dejar bien claro a los que lo hacen que no deben repetirlo".

Durante toda la novela Charlotte nos envía mensajes subliminales avisándonos del peligro, mensajes que no captamos con nitidez hasta una segunda lectura. Parece temer que la acusemos de tramposa y nos advierte de manera disimulada que debemos estar alerta. Algunas de las metáforas que utiliza son sublimes: "Las dos mitades no estaban separadas por completo, pues su firme base y sus fuertes raíces las mantenían unidas en la parte inferior; pero la vitalidad del conjunto estaba destruida, la savia ya no fluiría en su interior, las grandes ramas a ambos lados habían muerto, y seguramente las tormentas del siguiente invierno las abatirían. Sin embargo, todavía se podía decir que aquello era un árbol: una ruina, pero una ruina entera."

Jane analiza con extraordinaria lucidez el complejo mundo de los sentimientos propios y ajenos y hace añicos la imagen que se nos ha trasmitido en muchas ocasiones sobre la mujer victoriana, un ser asexuado, sin deseos ni anhelos, un ser etéreo que se mantenía de pura artificialidad.

Sosegada y de firmes convicciones, noble y estricta en su trabajo, no puede ocultar el río de lava que corre bajo la superficie. Una mujer dispuesta a caminar hacia el futuro bajo la tormenta, a pesar de los gruesos ropajes que arrastra como un lastre, convencida de que puede hacerlo sola, segura de que sólo siendo fiel a sí misma podrá soportarse.

"Escucha, Jane Eyre, tu sentencia: colócate mañana ante un espejo y, tan fielmente como puedas, haz tu autorretrato al carbón, sin paliar un defecto, sin suavizar ninguna fealdad, sin omitir ninguna irregularidad y escribe al pie: "Retrato de una institutriz pobre, vulgar y huérfana".

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¿Es Jane Eyre una novela romántica? Os remito a esta web:
El Romanticismo, Universitat Jaume I
Y cito:
"El romanticismo es una revolución artística, política, social e ideológica tan importante que todavía hoy viven muchos de sus principios: libertad, individualismo, democracia, nacionalismo, etc.
(...)La nueva novela se convierte en un medio de describir sensaciones y pasiones. (...)El protagonista frecuentemente es el doble del autor, el cual penetra en su interior y describe sus sentimientos, al igual que recrea lo maravilloso, lo exótico o la aventura. Werther, de Goethe, fue para los románticos el modelo bajo la forma una novela-diario que penetra en la interioridad del personaje, comunica sus sentimientos, y los hace universales.
(...)Esta libertad ha presidido el proceso libertador del mundo actual hasta hoy mismo: liberación del individuo frente a la sociedad, de la mujer frente al hombre, de la región frente a la nación, de la colonia frente a la metrópoli y del obrero frente al burgués.
Pero toda esta liberación tiene un precio, que suele ser un hondo sentimiento de soledad y vacío. Romper con un orden, con una seguridad, con una obediencia lleva consigo ese doloroso desgarramiento en que el individuo se encuentra de pronto consigo mismo, sin nadie más. Aquí radica sin duda el pesimismo, la angustia, la melancolía, el "mal del siglo" con su insatisfacción imposible de colmar, que tan admirablemente expresaron los románticos y tras ellos sigue expresando la cultura occidental moderna."

lunes, 15 de enero de 2007

Charlotte Brontë y sus hermanas

Brocklehurst: ¿Sabes a dónde van los que se portan mal cuando se mueren?
Jane: Al infierno
Brocklehurst: ¿Y sabes lo que es el infierno?
Jane: Un abismo lleno de fuego
Brocklehurst: ¿Y te gustaría caer en ese abismo y abrasarte para siempre?
Jane: No, señor
Brocklehurst: ¿Qué debes hacer entonces para evitarlo?
Jane: Procurar no estar enferma para no morirme."


Inicio este post con un fragmento de la novela más emblemática de Charlotte Brontë: Jane Eyre, 1847.

Nacida el 21 de abril de 1816 en Yorkshire (Gran Bretaña), era hija de un clérigo irlandés y tuvo cinco hermanos: Maria, Elizabeth, Branwell (1817), Emily (1818) y Anne (1820). En 1820 la familia Brontë se traslada a Haworth, un pueblo de los páramos de Yorkshire, dónde la madre moriría un año después. En 1824 el padre decidió enviar a sus cuatro hijas mayores al colegio interno para hijas de clérigos, en Cowan Bridge (Lancashire), un lugar que serviría a la escritora como inspiración para el siniestro colegio Lowood, en su novela más famosa, Jane Eyre. El poco cuidado que recibían las alumnas, la dura disciplina y las malas condiciones las llevaron a enfermar de tuberculosis. Regresaron a casa donde las dos hermanas mayores, María y Elizabeth, murieron.

A partir de la muerte de sus hermanas, Charlotte se convirtió en la mayor y quizá por ello, la más responsable. En un mundo lúgubre y triste, la fantasía de los cuatro hermanos les llevó a crear dos reinos imaginarios: Angria, propiedad de Charlotte y Branwell y Gondal, de Emily y Anne. Con soldaditos de madera inventaron personajes a los que hacían vivir en esos reinos y que les sirvieron para escribir numerosos relatos. Aún hoy se conservan unos cien cuadernos sobre el reino de Angria. De Gondal, sólo perduran algunos poemas de Emily. El pastor Patrick Brontë, veía con buenos ojos la afición de sus hijas a inventar historias y escribirlas. Seguramente creyendo que era un mero entretenimiento ya que en esa época las mujeres tenían el mundo de la literatura completamente vedado. La única implicación intelectual que se le permitía a la mujer del siglo XIX era la enseñanza. Las hermanas Brontë sabían que estaban destinadas a ser institutrices o esposas y para ello se prepararon acudiendo a diferentes escuelas y academias. Branwell, como hombre, era el único al que su padre alentaba en su vocación artística, deseando que se convirtiese en un gran pintor.

La primera bofetada literaria que recibiría Charlotte le vino dada por el afamado poeta Robert Southey. Se le ocurrió enviarle algunos de sus versos y él respondió con una carta en la que le decía: "la literatura no es asunto de mujeres y no debería serlo nunca". Esto enseñó una lección a la futura novelista que le serviría para afrontar su ingreso en un mundo de hombres.

Charlotte y Emily intentaron abrir una escuela privada y al no conseguirlo decidieron marchar a Bruselas, al Pensionat Heger, para ampliar sus conocimientos de francés y alemán. Allí, la mayor de las hermanas se enamoró del director del pensionado, Constantin Heger. Por primera vez alguien ajeno a su entorno familiar se interesaba por sus escritos e sus inquietudes intelectuales. Eso despertó en Charlotte sentimientos ocultos que al hacerse evidentes distanciaron al profesor, un hombre casado que no albergaba más intención que la puramente académica. De este episodio nacería la primera novela de la escritora "The Professor", que saldría a la luz de manera póstuma a pesar de los muchos intentos que ella hizo por verla publicada.

Charlotte descubrió de manera accidental que sus hermanas escribían poemas en secreto, igual que ella misma y les propuso unirlos en un solo volumen y enviarlo a un editor de Londres bajo seudónimo. Y así, en 1846, nacieron los hermanos Currer, Ellis y Acton Bell, que compartían con sus auténticas personalidades la inicial de sus nombres, Charlotte, Emily y Anne. De ese libro se vendieron dos ejemplares a pesar de las críticas favorables.

Anne entró a trabajar como institutriz de Bessy y Mary, en casa del reverendo Edmund Robinson y se llevó a su hermano como profesor del pequeño Edmund. Branwell Brontë se enamoró de la madre de su alumno, Lydia Robinson, con la que vivió una pasión que duraría dos años y que terminaría de modo repentino por voluntad de la mujer. Esto sumió en una profunda depresión al joven que marcado por una personalidad débil, mimado por todos e inclinado a los abusos de alcohol y opio, ocasionó un nuevo drama familiar. Emily, era la que estaba más unida a él, solía ir a rescatarlo al bar del pueblo y lo traía de vuelta a casa noche tras noche, ebrio y amargado. Él, mientras tanto, se convertía en un ser violento, egoísta y manipulador, utilizando un supuesto sufrimiento frente al amor de su hermana, que acabaría por impregnarse de su tristeza.

En 1847 aparece publicada la primera novela de las Brontë, Jane Eyre, con una dedicatoria a William Makepeace Thackeray a quien Charlotte admiraba profundamente. Contaba entonces 31 años y fue publicada bajo el seudónimo de su alter ego Currer Bell. Obtuvo un éxito inmediato a pesar de la turbación que provocó en amplios sectores el lenguaje directo de la autora, la libertad con que expone los anhelos y pasiones de su personaje y su alusión directa sobre lo injusto de la diferencia intelectual que se imponía, entre hombres y mujeres. La obra fue considerada por algunos como inmoral. Ese mismo año, Anne, con 27 años, publicaría Agnes Grey, basada en sus propias experiencias como institutriz. Y, unos meses después, sería Emily, con 29 años, la que publicaría Cumbres borrascosas, despreciada por la crítica durante años y hoy considerada un clásico de la literatura inglesa.
(Tanto Cumbres borrascosas como Jane Eyre, contarán con una próxima entrada).

Basándose en las terribles experiencias de su hermano con el alcohol y las drogas, Anne escribió su segunda novela El inquilino de Wildfell Hall, que narra las dificultades de aquellos que padecen ese problema y de los que conviven con ellos. Esta vez las dos hermanas Charlotte y Anne, se desplazaron a Londres y se presentaron ante su editor que se llevó la sorpresa de su vida al descubrir que Currer, Ellis y Acton Bell, eran tres mujeres. Al regresar a Haworth encontraron a Branwell agonizando y, finalmente, moriría en septiembre de 1848. Esta muerte supuso un durísimo golpe para Emily que estaba muy unida a él. La joven escritora, emulando a su apasionada y consentida Cati (Cumbres borrascosas), tras enfermar a causa del frío se negó a comer y a tomar las medicinas que le recetaba el doctor, lo que la llevó a la muerte el 19 de diciembre de 1848, tres meses después del fallecimiento de su hermano. A esta muerte siguió la de la pequeña Anne que pudo disfrutar muy poco del éxito de ventas de su nueva novela. Murió el 28 de mayo de 1849, cinco meses después de Emily, también de tuberculosis.

Es fácil imaginarse lo que estos hechos debieron suponer para Charlotte y lo sola que debió sentirse al perder a sus hermanas en tan poco tiempo. Como única compañía, su padre, cómo único anhelo, escribir. Shirley, fue su siguiente novela, en la que trata el tema de la revolución industrial en Yorkshire, reflejando la lucha entre patronos y obreros. Después vendría Villete, que nació de sus recuerdos como alumna y profesora en el internado de Bruselas.

A partir de ese momento hizo una serie de viajes a Londres, Manchester y Escocia. Conoció personalmente a su admirado William Makepeace Thackeray, a quién dedicara su primera novela, visitó la Gran Exhibición de 1851 en Londres, al igual que Dickens y se hizo amiga de la escritora Elizabeth Gaskell que, dos años después de su muerte, escribiría su primera biografía.
El 29 de junio de 1854 se casó con el reverendo Arthur Bell Nichols, viejo amigo de la familia. De luna de miel, viajaron a Irlanda y visitaron Gawthorpe Hall, donde Charlotte enfermó. Murió de tuberculosis el 31 de marzo de 1855, estando embarazada.

Arthur Bell Nichols escribió un prólogo para la primera edición de The Professor, que consiguió que se publicase dos años después de la muerte de su esposa. El reverendo Patrick Brontë, que sobrevivió a todos sus hijos, solicitó a la amiga de Charlotte, Elizabeth Gaskell, que escribiese la biografía de su hija.

Todos los personajes de Charlotte parecen sacados de un mismo patrón y sospecho que es el suyo propio. Mujeres solas ante un mundo hostil, de apariencia conformista y resignada que, sin embargo, se revelan de un modo involuntario, en lo cotidiano. Mujeres que saben lo que no son, que comprenden lo que les rodea y no pueden aceptar el ostracismo al que se las quiere relegar.

"Su mirada es la de un pájaro enjaulado; y en esa jaula está cautivo un ser vivaz, inquieto, resuelto. Si estuviera libre, se encumbraría por encima de las nubes."

Jane Eyre, Charlotte Brontë.

sábado, 13 de enero de 2007

Cuando los elefantes luchan, quien sufre es la hierba (Provervio africano)

Preguntas convincentes

-He observado -dijo el señor K- que mucha gente se aleja, intimidada, de nuestra doctrina por la sencilla razón de que tenemos respuesta para todo. ¿No sería conveniente que, en interés de la propaganda, elaborásemos una lista de los problemas para los que aún no hemos encontrado solución?

Historias de Almanaque, Bertolt Brecht